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Durante el período
de las grandes invasiones, los Papas siguieron
realizando obras: León el Grande (440-461) mandó
cubrir con mosaicos el Arco de Triunfo[1],
reconstruir el tejado que un incendio había
destruido y comenzó la serie de retratos de los
Papas, representados en los grandes medallones
realizados en mosaico[2]
que forman un friso que recorre toda la nave central
y el crucero.
El papa Símaco
(498-514) reestructura el ábside y construye algunos
habitacula para los peregrinos más pobres.
A la época de
Gregorio II (715-731) se remonta la presencia
estable de los monjes benedictinos junto a la tumba
del Apóstol.
León III (795-816)
mandó poner la primera losa de mármol tras el
terremoto del 801.
1)
Este mosaico pertenece a la misma escuela de los
mosaicistas venecianos de San Marcos. En el centro,
el Cristo bizantino en actitud de bendecir está
rodeado por dos ángeles y por los 24 Ancianos del
Apocalipsis. En el registro inferior están los
apóstoles Pedro y Pablo, este último parece señalar
su tumba 15 metros más abajo. El mosaico fue
reformado y retocado varias veces y colocado de
nuevo en su lugar en 1853, después del incendio.
2) Esta serie papal reafirma de manera
extraordinaria la “supremacía reconocida por los
fieles de cualquier lugar a la Iglesia fundada y
constituida en Roma por los dos gloriosísimos
Apóstoles Pedro y Pablo”, como escribía san Ireneo
en el siglo II. Tras el incendio de 1823, Gregorio
IX mandó hacer copias de esta serie papal única al
mundo que caracteriza a esta basílica. Los
medallones antiguos que se salvaron se conservan en
el monasterio.
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