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Inocencio III
(1198-1216) manda remozar el gran mosaico[1]
del ábside (24 m. de largo por 12 m. de altura) tal
como se presenta en nuestros días, y el papa Honorio
III[2]
completa el equipo de mosaicistas con artistas
venecianos que habían trabajado en la Basílica de
San Marcos de Venecia.
Las aportaciones
artísticas son muchas, como el baldaquín gótico de
Arnolfo di Cambio[3],
sobre el altar papal y sobre la tumba, la decoración
de la fachada de Pietro Cavallini, el claustro de
los Vassalletto[4]
y el candelabro monumental de Nicola D’Angelo y
Pietro Vassalletto[5].
La Basílica ya no
es sólo un lugar importante de peregrinación, sino
uno joyero del arte paleocristiano, bizantino y
gótico, universalmente reconocido.
1)
Este grandioso mosaico fue restaurado en los siglos
XVI - XVIII y, tras el incendio del siglo XIX, fu
reconstruido utilizando parte del viejo. Fragmentos
del mosaico original, que representan las cabezas de
los Apóstoles se hallan expuestos en los Salones de
la Exposición Permanente.
2) Vemos al papa Honorio III,
prosternado a los pies de Cristo. Pablo VI se
refiere a esta imagen en su primera alocución a los
obispos del Concilio Vaticano II, el 29 de
septiembre de 1963: “La majestad radiosa de Jesús
resalta en el Pantocrátor, así como en vuestras
Basílicas, venerables hermanos de las Iglesias de
Oriente y de Occidente. Y Nos mismo nos reconocemos
en la persona de nuestro predecesor, Honorio III, en
el espléndido mosaico de San Pablo extramuros,
representado en adoración ante Cristo, pequeño de
estatura y postrado en el suelo para besar los pies
de Cristo el cual, grandioso, preside la asamblea
reunida en la Basílica, esto es, la Iglesia”.
3)
El rico y delicado ciborio gótico (1285), de arcos
ojivales trilobulados, en cuyos nichos angulares
están las figuras de Pablo, Pedro, Timoteo y Benito,
representó el punto de partida para un nuevo arte
figurativo. Se apoya sobre cuatro columnas de
pórfido.
4)
El claustro adyacente al transepto sur representa el
ápice del arte de los Cosmati (taller de los
Vassaletto, comienzos del siglo XIII). La arquería,
formada por pequeños arcos de medio punto y sobre
ellos una estupenda cornisa adornada con mosaicos,
descansa en una serie de cuatro pequeñas columnas
dobles, todas distintas, lisas, estriadas y
entorchadas.
5)
Desde el siglo X el candelabro está cerca del altar
vacío durante la liturgia del Sábado Santo. El
candelabro de San Pablo es un ejemplo excepcional de
la obra de los marmolistas romanos de finales del
siglo XII y comienzos del siglo XIII: representa
escenas de la Pasión y de la Resurrección con
decoraciones animalistas y floreales. Se leen los
nombres de Nicola d’Angelo y Pietro Vassaletto.
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