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La presencia de una
comunidad monástica se remonta al papa Gregorio I,
Magno (590-604).
Pero es el papa
Gregorio II quien constituye de manera estable la
comunidad benedictina, aún existente.
En el 936 Odón de
Cluny emprende la reforma monástica y desde entonces
el abad toma el nombre de “abbas et rector Sancti
Pauli”.
El abad más
célebre es el monje Hildebrando de Soana, quien,
tras haber trabajado en la renovación de la Basílica
y de la vida de su monasterio, fue elegido Papa con
el nombre de Gregorio VII (1073-1085) y emprende la
reforma de la Iglesia, llamada reforma gregoriana.
La abadía
controlaba entonces un amplio patrimonio feudal.
Conocerá periodos
de gran esplendor espiritual, pero también periodos
oscuros, hasta la confiscación de sus bienes en
1870; los monjes, sin embargo, jamás abandonaron el
oficio junto a la tumba del Apóstol.
La actividad
monástica reanudó con vigor antes de los comienzos
del siglo XX , dedicándose de manera especial al
ministerio de la Penitencia y a la obra de la unidad
de los cristianos.
Aquí el papa Juan
XXIII anunció el 25 de enero de 1959 la convocación
del Concilio Vaticano II.
La Biblioteca
antigua posee más de 10.000 volúmenes del siglo XV
al siglo XVII (con ediciones de los maurinos y
bolandistas) mientras que la moderna posee más de
100.000.
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