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PALABRAS DE SALUDO DEL CARDENAL ANGELO SODANO A
LOS PARTICIPANTES EN LA REUNIÓN INTERDISCASTERIAL CON LOS CARDENALES DE
ESTADOS UNIDOS
Eminencias; queridos hermanos en el episcopado:
Deseo iniciar esta reunión con las palabras del salmo 133, que cantamos con
frecuencia: "Ecce quam bonum et quam iucundum habitare fratres in
unum", "Ved: qué dulzura, qué delicia, convivir los
hermanos unidos" (Sal 133, 1).
Este es un tiempo de sufrimiento para la Iglesia y para todos nosotros. Sin
embargo, la alegría de la Pascua ha de ser la disposición de nuestro corazón
y la fuente de nuestra confianza al afrontar las dificultades actuales.
Es verdad que el motivo inmediato de esta reunión fraternal de los pastores de
diversas Iglesias particulares de Estados Unidos con el Santo Padre y algunos de
sus colaboradores es nuestra preocupación común sobre lo que ha emergido con
tanta fuerza en los últimos tres meses. Es un signo de caridad "alegrarse
con los que se alegran y llorar con los que lloran", "gaudere cum
gaudentibus et flere cum flentibus", como escribió san Pablo a los Romanos
(Rm 12, 15).
Al iniciar este encuentro, el Santo Padre me ha pedido que os transmita su
saludo a vosotros, cardenales y obispos de Estados Unidos. Me ha insistido en
que os asegure la importancia que atribuye a esta reunión, durante la cual
examinaremos las diversas cuestiones implicadas y compartiremos nuestra
experiencia pastoral.
Como sabéis muy bien, este encuentro tiene dos objetivos. Por una parte,
algunos obispos estadounidenses han expresado el deseo de informar a la Santa
Sede acerca de las dificultades que han atravesado durante estos últimos meses.
Por otra, también los diversos dicasterios romanos desean escuchar directamente
de los cardenales estadounidenses y de los principales responsables de la
Conferencia episcopal de Estados Unidos una valoración general de la situación.
Nos hemos reunido hoy, conscientes de la gran responsabilidad que Cristo nos ha
encomendado para el bien del pueblo de Dios. No nos debemos desalentar ante las
dificultades; busquemos el modo de proceder con fidelidad a la gran tradición
de la Iglesia, Madre y Maestra, instrumento de justicia, misericordia y redención.
Tenemos la tarea de reflexionar en los problemas actuales con gran apertura de
espíritu, convencidos de que la Iglesia debe ser transparente. La Iglesia ama
la verdad y siempre debe ponerla en práctica con caridad, siguiendo lo que san
Pablo enseñó hace casi dos mil años: "Veritatem facientes in
caritate" (Ef 4, 15).
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