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MENSAJE DEL CARD. ANGELO SODANO,
ENVIADO EN NOMBRE DEL SANTO PADRE,
AL PRESIDENTE DEL CONSEJO
DE LAS CONFERENCIAS EPISCOPALES DE EUROPA
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A su excelencia reverendísima
Monseñor AMÉDÉE GRAB, o.s.b.
Presidente del Consejo
de las Conferencias episcopales
de Europa
Excelencia reverendísima:
Con ocasión de la plenaria anual del Consejo de las Conferencias episcopales de
Europa, me complace transmitirle el cordial saludo del Santo Padre Benedicto XVI
a usted, a los venerados hermanos en el episcopado y a los colaboradores,
juntamente con el deseo de un sereno y provechoso trabajo. Dado que,
lamentablemente, no le es posible recibiros en audiencia, el Sumo Pontífice
desea hacerse presente en vuestro encuentro con algunas reflexiones acerca de
los tres temas principales en los que se centra vuestra atención.
Ante todo, el 40° aniversario de la conclusión del concilio ecuménico
Vaticano II invita a reflexionar sobre la actualidad de la lección conciliar
en el presente de la Iglesia y de la sociedad en Europa. Releyendo la admirable
homilía que el siervo de Dios Pablo VI pronunció el 7 de diciembre de 1965,
durante la novena y última sesión, nos conmueve su vibrante espíritu profético,
capaz de captar a fondo el mensaje que el Concilio dirigió al mundo sobre Dios,
sobre el hombre y sobre la Iglesia. Cuando hace referencia al contexto cultural
en el que se celebró el Vaticano II, un contexto marcado por el secularismo, el
laicismo y el irracionalismo (cf. Homilía citada, en Enchiridion Vaticanum,
1, n. 452), no podemos menos de pensar en la Europa de hoy. Y, sin embargo, aun
reconociendo que estas tendencias negativas se han ido difundiendo en el viejo
continente, es preciso constatar al mismo tiempo cómo precisamente el benéfico
influjo del Concilio, secundado por los Sumos Pontífices durante estos años, ha
preservado a la humanidad y a la misma Iglesia de una crisis que, al final del
segundo milenio, podría haber sido mucho peor. Nos corresponde ahora a nosotros
recoger y llevar adelante la herencia conciliar, para no perder la orientación
que el Señor ha indicado a su Iglesia.
En segundo lugar, reflexionaréis sobre la evangelización y la fe en Europa.
En realidad, en los últimos decenios ha aumentado la conciencia de que la tarea
de evangelización es cada vez más indispensable para Europa. La caída del telón
de acero ha impulsado la toma de responsabilidades con respecto a las
poblaciones del este, fuertemente marcadas por el largo régimen ateo, y ha
reavivado el compromiso ecuménico, necesario para que el anuncio evangélico
resuene con más fuerza que nunca. Además, en Europa ha ido aumentando el
pluralismo religioso, con un fuerte crecimiento de la presencia de musulmanes.
En este contexto, es aún más importante y urgente que los cristianos tomen
conciencia de que no pueden guardar para sí mismos el Evangelio. También Europa
tiene la responsabilidad de evangelizar el mundo. En particular, con respecto a
África se han abierto nuevos caminos de colaboración entre los episcopados;
otros se abrirán en el futuro con respecto a Asia. Pero todo esto supone una
profunda renovación espiritual, para que todo programa pastoral se arraigue bien
en Cristo conocido, amado e imitado (cf. Novo millennio ineunte, 29).
En tercer lugar, Su Santidad ha sabido con agrado que examinaréis el tema de
la evangelización y el diálogo. Es un binomio que viene a la memoria
teniendo en cuenta los diversos ámbitos pastorales analizados por vuestro
organismo eclesial. Entre otros, consideraréis los espacios ofrecidos por la
catequesis, la escuela y la universidad, así como por los medios de comunicación
social. Al respecto, ¿cómo no acoger con íntima gratitud a Dios la herencia
legada por los Papas Pablo VI y Juan Pablo II, que supieron unir de modo
extraordinario el impulso misionero y la incansable apertura al diálogo? A la
luz de los ejemplos de tan grandes testigos del siglo XX, el Santo Padre
Benedicto XVI exhorta ahora a no temer afrontar los actuales desafíos
pastorales, poniéndose a la escucha del hombre en sus condiciones concretas de
vida personal y social, dispuestos a anunciar a todos el Evangelio de la
esperanza. El Evangelio es la lámpara confiada también a los cristianos del
tercer milenio para que, mediante un anuncio valiente y un testimonio creíble,
ilumine toda la casa (cf. Mt 5, 15).
Por último, el Sumo Pontífice asegura su recuerdo en la oración por los trabajos
de la reunión plenaria y, a la vez que renueva su saludo a los miembros del
Consejo de las Conferencias episcopales de Europa, invocando la abundancia de
los favores celestiales, con afecto imparte a todos una especial bendición
apostólica.
Por mi parte, me uno a los deseos de Su Santidad, y me complace confirmarme
afectísimo en el Señor.
25 de septiembre de 2005
Cardenal Angelo SODANO
Secretario de Estado
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