PONTIFICIO CONSEJO PARA LAS COMUNICACIONES SOCIALES
ETICA EN LA PUBLICIDAD
I
INTRODUCCIÓN
1. La importancia de la publicidad « en la sociedad de nuestro tiempo
crece de día en día ».1 Dicha observación hecha por
este Pontificio Consejo hace un cuarto de siglo, como parte de una información
general sobre el estado de las comunicaciones, es incluso hoy en día, más
real.
Del mismo modo que los medios de comunicación social ejercen una
enorme influencia en todas partes, así la publicidad, que usa estos
medios como vehículo, posee una poderosa fuerza de persuasión,
modeladora de actitudes y comportamientos en el mundo de hoy.
Especialmente desde el Concilio Vaticano II, la Iglesia ha tratado con
frecuencia el tema de los medios, su papel y responsabilidades.2 La Iglesia ha
procurado hacer esto de forma fundamentalmente positiva, considerando los medios
como « dones de Dios » los cuales, de acuerdo con su
providencial designio, unen fraternalmente a los hombres « para que
colaboren así con su voluntad salvadora ».3
De este modo la Iglesia enfatiza la responsabilidad de los medios para
contribuir al auténtico e íntegro desarrollo de las personas y
alentar el bienestar de la sociedad. « La información
suministrada por los medios está al servicio del bien común. La
sociedad tiene el derecho a la información basada en la verdad, la
libertad, la justicia y la solidaridad ».4
Con este espíritu la Iglesia entra en diálogo con los
comunicadores. Al mismo tiempo, también llama la atención sobre
los principios morales y normas relativas a las comunicaciones sociales, así
como respecto a otras formas de esfuerzo humano mientras critica actitudes y prácticas
que van en contra de estos modelos.
En la creciente literatura, fruto del cada vez mayor interés de la
Iglesia sobre los medios, aparece el tema de la publicidad.5 Ahora, impulsados
por el importante aumento de la publicidad y por las solicitudes para un más
amplio examen, volvemos de nuevo a ocuparnos de este tema.
Deseamos llamar la atención sobre las contribuciones positivas que la
publicidad puede y consigue ofrecer; así como señalar los
problemas éticos y morales que la publicidad plantea, indicar los
principios deontológicos a aplicar en este campo y, finalmente, sugerir
algunos puntos para ser considerados por aquellos profesionales involucrados en
la publicidad, así como por otros del sector privado, incluyendo además
las iglesias y los funcionarios públicos.
El motivo para ocuparnos de estos asuntos es simple. En la sociedad de hoy,
la publicidad tiene un profundo impacto en cómo las personas entienden la
vida, el mundo y a sí mismas, especialmente en relación a sus
valores y sus modos de elección y comportamiento. Estos son temas en los
que la Iglesia está y tiene que estar profunda y sinceramente interesada.
2. El campo de la publicidad es extremadamente vasto y diverso. Por regla
general, un anuncio es una simple noticia pública que busca suministrar
información, invitar al mecenazgo o suscitar determinada reacción.
La publicidad posee dos objetivos básicos: informar y persuadir, y si
bien estos dos propósitos son distintos ambos se encuentran con
frecuencia presentes simultáneamente.
La publicidad no es lo mismo que « marketing » (el
conjunto de funciones comerciales que conlleva la transferencia de mercancías
del productor al consumidor) o relaciones públicas (el esfuerzo sistemático
para crear una pública impresión favorable o « imagen »
de alguna persona, grupo, o entidad). En muchos casos, sin embargo, es una técnica
o instrumento empleado por uno o ambos.
La publicidad puede ser muy simple un fenómeno local e incluso
de « barrio » o puede ser muy compleja, al agrupar sofisticadas
investigaciones y campañas multimediales que abarquen todo el planeta.
Puede ser diversa según el público al que va dirigida. De hecho,
por ejemplo, la publicidad destinada a los niños plantea algunas
cuestiones de carácter técnico y moral significativamente
diferentes de las planteadas por la publicidad dirigida a adultos con madurez.
No sólo existen muchos medios y técnicas diferentes empleados
en la publicidad; la publicidad misma se da en modos variados y diversos:
publicidad comercial de productos y servicios; publicidad de servicios públicos
en nombre de varias instituciones, programas y causas comunes; y un fenómeno
de creciente importancia hoy en día la publicidad política
en interés de partidos y candidatos. Teniendo en cuenta las diferencias
entre las diversas clases y métodos de publicidad, consideramos que lo
que sigue podría ser aplicable a todas ellas.
3. Diferimos con la afirmación de que la publicidad refleja
simplemente las actitudes y valores de la cultura que nos rodea. Sin duda, la
publicidad, como los medios de comunicación social en general, actúa
como un espejo. Pero también, como los medios en general, es un espejo
que ayuda a dar forma a la realidad que refleja y, algunas veces, ofrece una
imagen de la misma deformada.
Los publicitarios seleccionan los valores y actitudes a ser fomentados y
alentados; mientras promocionan unos ignoran otros. Esta selectividad contradice
la idea de que la publicidad no hace más que reflejar el entorno
cultural. Por ejemplo, la ausencia de publicidad de ciertos grupos raciales y étnicos
en algunas sociedad multirraciales o multiétnicas puede contribuir a
crear problemas de imagen e identidad, especialmente entre los grupos marginados
y se dará, de forma casi inevitable la impresión, en la publicidad
comercial, de que poseer muchas cosas lleva a la felicidad y satisfacción,
lo cual es erróneo y frustrante.
La publicidad también tiene un indirecto pero fuerte impacto en la
sociedad a través de su influencia sobre los medios. Muchas publicaciones
y operaciones radio-televisivas dependen para su supervivencia de los beneficios
de la publicidad. Esto es cierto con frecuencia, tanto para los medios
confesionales como para los comerciales. Por su parte los publicitarios buscan,
naturalmente, conseguir audiencia; y los medios esforzándose en
proporcionársela, deben determinar su contenido para conseguir atraer el
tipo de público de la medida y composición demográfica
deseadas. Esta dependencia económica de los medios y el poder que
confiere sobre los publicitarios comporta serias responsabilidades para ambos.
II
LOS BENEFICIOS DE LA PUBLICIDAD
4. A la publicidad se dedican enormes recursos humanos y materiales. La
publicidad se encuentra por doquier en el mundo de hoy, por eso, el Papa Pablo
VI remarcaba: « Nadie puede escapar a la influencia de la publicidad
».6 Incluso las personas que no están expuestas a las diversas
formas de publicidad se enfrentan con una sociedad, una cultura y con
otras personas afectadas para para bien o para mal por los mensajes y técnicas
publicitarios de todo tipo.
Algunos observadores críticos manifiestan su opinión sobre
estos asuntos con constantes expresiones negativas. Condenan la publicidad como
una pérdida de tiempo, talento y dinero una actividad esencialmente
parasitaria. Bajo este punto de vista, la publicidad no sólo no tendría
valor en sí misma, sino que su influencia sería totalmente
perjudicial y corruptora para los individuos y la sociedad.
Aún existiendo fundamento en las críticas nosotros no estamos
completamente acuerdo. En una actitud crítica tenemos puntos de vista
propios. La publicidad tiene también un significativo potencial para el
bien, que algunas veces adquiere formas concretas. Señalamos aquí
algunos ejemplos que lo confirman.
a) Beneficios económicos de la publicidad
5. La publicidad puede jugar un importante papel en el proceso por el cual
un sistema económico, guiado por normas morales y una sensibilidad hacia
el bien común, contribuye al desarrollo humano. Esta es un parte esencial
del funcionamiento de la moderna economía de mercado, que hoy se da o
emerge en muchas partes del mundo y que si están de acuerdo con las
normas morales basadas en el desarrollo integral del hombre y del bien común
parece actualmente ser « el instrumento más eficaz para colocar
los recursos y responder eficazmente a las necesidades » de naturaleza
socioeconómica.7
En cuanto sistema, la publicidad puede ser un instrumento útil para
apoyar honesta y éticamente una responsable competitividad que contribuya
al crecimiento económico y al servicio del auténtico desarrollo
humano. « La Iglesia ve con simpatía el crecimiento de la
capacidad productiva del hombre, y también la continua expansión
de una red de relaciones e intercambios entre personas y grupos sociales...
Desde este punto de vista la Iglesia anima a la publicidad a que pueda llegar a
ser un sano y eficaz instrumento de recíproca ayuda entre los hombres
».8
La publicidad realiza esto, entre otros modos, informando a las personas
sobre la disponibilidad de nuevos productos y servicios razonablemente
deseables, y a mejorar la calidad de los ya existentes, ayudando a estas mismas
personas a mantenerse informadas, a tomar decisiones prudentes en cuanto
consumidoras, contribuyendo al rendimiento y descenso de los precios, y
estimulando el progreso económico a través de la expansión
de los negocios y del comercio. Todo esto puede contribuir a la creación
de nuevo trabajo, mayores ingresos y unas formas de vida humana más
adecuadas para todos. También puede contribuir a sufragar las
publicaciones, programas y producciones incluso los de la Iglesia
que proporcionan información, entretenimiento e inspiración a las
personas de todo el mundo.
b) Aspectos positivos de la publicidad política
6. « La Iglesia aprecia el sistema de la democracia, en la medida
en que asegura la participación de los ciudadanos en las opciones políticas
y garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir y controlar a sus propios
gobernantes, o bien la de sustituirlos oportunamente de manera pacífica
».9
La publicidad política puede hacer una contribución a la
democracia análoga a su contribución al bienestar económico
en un sistema de mercado guiado por normas morales. Así como los medios,
libre y responsablemente, en un sistema democrático, ayudan a contener
las tendencias hacia la monopolización del poder por parte de oligarquías
e intereses privados, la publicidad política puede dar su contribución
informando a las personas sobre las ideas y propuestas políticas de
partidos y candidatos, incluyendo nuevos candidatos desconocidos para el público.
c) Beneficios culturales de la publicidad
7. A causa del impacto que la publicidad ejerce sobre los medios que
dependen de ella para obtener ingresos, a los publicitarios se les ofrece la
oportunidad de ejercer una influencia positiva sobre las decisiones referentes
al contenido de los medios. Esto pueden hacerlo sosteniendo las producciones de
excelente calidad intelectual, estética y moral de interés público
en general. En especial pueden animar y hacer posible la presentación de
programas orientados a minorías demasiado a menudo olvidadas.
Por otra parte, la misma publicidad puede contribuir al mejoramiento de la
sociedad a través de una acción edificante o inspiradora que anime
a actuar de modo beneficioso para ella y los demás. La publicidad puede
alegrar la vida simplemente siendo ingeniosa, divertida y teniendo buen gusto.
Algunos anuncios son obras maestras de arte popular, con vivacidad e impulso únicos.
d) Beneficios morales y religiosos de la publicidad
8. En muchos casos, las instituciones de bienestar social, incluyendo
aquellas de naturaleza religiosa, usan la publicidad para comunicar sus mensajes
mensajes de fe, de patriotismo, de tolerancia, de compasión y
servicio al prójimo, de caridad hacia el necesitado, mensajes
relacionados con la salud y la educación, mensajes constructivos y útiles
que educan y motivan a la gente en muchos modos beneficiosos.
Para la Iglesia la participación en actividades relacionadas con los
medios, incluyendo la publicidad, es hoy parte necesaria de la pastoral de
conjunto.10 Esto incluye tanto los propios medios de la Iglesia prensa y
ediciones católicas, televisión y radiodifusión, películas
y producciones audiovisuales, y otros y también su participación
en los medios no confesiones. Los medios « pueden y deben ser los
instrumentos al servicio del programa de re-evangelización y de nueva
evangelización de la Iglesia en el mundo contemporáneo ».11
Si bien queda mucho por hacer, muchos esfuerzos positivos de este tipo ya están
en camino. Con referencia a la misma publicidad el Papa Pablo VI una vez dijo
que es deseable que las instituciones católicas « sigan con
constante atención el desarrollo de las técnicas modernas de la
publicidad y... sepan cómo hacer uso oportuno de ellas para extender el
mensaje evangélico de modo que responda a las expectativas y necesidades
del hombre contemporáneo ».12
III
PERJUICIOS CAUSADOS POR LA PUBLICIDAD
9. No hay nada intrínsecamente bueno o intrínsecamente malo en
la publicidad. Es un utensilio, un instrumento: puede ser usado bien, y puede
ser usado mal. Si puede tener, y algunas veces tiene, resultados benéficos
como los descritos, también puede, y con frecuencia lo consigue, tener un
impacto perjudicial, negativo, sobre individuos y sociedades.
La « Communio et Progressio » contiene esta breve
declaración del problema: « Pero si la publicidad presenta al público
unos artículos perjudiciales o totalmente inútiles, si hacen
promesas falsas en los productos que se venden, si se fomentan las inclinaciones
inferiores del hombre, los difusores de tal publicidad causan un daño a
la sociedad humana y terminan por perder la confianza y autoridad. Se daña
a la familia y a la sociedad cuando se crean falsas necesidades, cuando
continuamente se les incita a adquirir bienes de lujo, cuya adquisición
puede impedir que atiendan a las necesidades realmente fundamentales. Por lo
cual, los anunciantes deben establecer sus propios límites de manera que
la publicidad no hiera la dignidad humana ni dañe a la comunidad. Ante
todo debe evitarse la publicidad que sin recato explota los instintos sexuales
buscando el lucro, o que de tal manera afecta al subconscienteque se pone en
peligro la libertad misma de los compradores ».13
a) Perjuicios económicos de la publicidad
10. La publicidad puede traicionar su papel como fuente de información
por mala representación y ocultando hechos importantes. Algunas veces
también, la función de la información de los medios puede
ser desnaturalizada por las presiones de los publicitarios en referencia a
publicaciones o programas a fin de evitar cuestiones que podrían provocar
embarazo o incomodidad.
Frecuentemente, sin embargo, la publicidad se usa no simplemente para
informar sino para persuadir y motivar para convencer a que la gente actúe
en cierto modo: mediante la adquisición de ciertos productos o servicios,
el patrocinio de ciertas instituciones, etc. Aquí es donde,
especialmente, pueden darse abusos.
La costumbre, en publicidad, de valorizar desmesuradamente una « marca
», puede plantear serios problemas. Con frecuencia existen sólo
insignificantes diferencias entre productos similares de distintas marcas, y la
publicidad puede intentar conducir a las personas a actuar en base a
motivaciones irracionales (« fidelidad a una marca », reputación,
moda, « sex appeal », etc.) en vez de presentar las
diferencias en la calidad del producto y en el precio en base a una selección
racional.
La publicidad también puede ser, y con frecuencia lo es, un
instrumento al servicio del « fenómeno del consumismo »
al que el Papa Juan Pablo II hacía referencia cuando decía: «
No es malo el deseo de vivir mejor; pero es equivocado el estilo de vida que
se presume como mejor, cuando está orientado a "tener" y no a "ser",
y que se quiere tener más no para ser más, sino para consumir la
existencia en un goce que se presupone como fin en sí mismo ».14
Algunas veces los publicitarios hablan de ello como parte de sus tareas para «
crear » necesidades de productos y servicios o sea, para
provocar a la gente a sentir y a actuar impulsada por antojos hacia cosas y
servicios que no necesita. « Al dirigirse directamente a sus instintos,
prescindiendo de uno u otro modo de su realidad personal, consciente y libre, se
pueden crear hábitos de consumo y estilos de vida objetivamente ilícitos
y con frecuencia incluso perjudiciales para su salud física y espiritual
».15
Es un serio abuso, una ofensa a la dignidad humana y al bien común
cuando esto sucede en sociedades opulentas. Pero el abuso es todavía más
grave cuando las actitudes consumísticas y los valores son transmitidos
por los medios de comunicación y la publicidad en países en
desarrollo, donde exacerban los problemas socioeconómicos y dañan
a los pobres. « Por el contrario, un uso prudente de la publicidad
puede estimular a un mayor progreso, de manera que el público se esfuerce
en elevar el nivel de las condiciones de su vida. Pero se sigue un grave daño
si de tal manera se alaban y aconsejan unos bienes que unos grupos,
principalmente los que se esfuerzan en salir de la pobreza buscando un digno
nivel de vida, ponen su progreso en satisfacer unas necesidades ficticias, les
dedican una gran parte de sus bienes y así posponen a ello el cubrir
necesidades verdaderas y conseguir un auténtico progreso ».16
De igual modo, el esfuerzo de los países que intentan desarrollar
tipos de economía de mercado que sirvan a las necesidades e intereses
humanos, después de décadas bajo sistemas centralizados y estados
controlados, se hace más difícil, debido a que la publicidad
propone actitudes consumísticas y valores que ofenden la dignidad humana
y el bien común. El problema es particularmente agudo cuando, como con
frecuencia ocurre, la dignidad y el bienestar de las sociedades más
pobres y los miembros más débiles están en juego. Es
necesario tener siempre en cuenta que existen « bienes que, por su
naturaleza, no se pueden ni se deben vender o comprar » y evitar que «
una "idolatría" del mercado » ayudada e incitada
por la publicidad, ignore esta realidad crucial.17
b) Perjuicios de la publicidad política
11. La publicidad política puede apoyar y ayudar el funcionamiento
del proceso democrático, pero también puede obstaculizarlo. Esto
sucede cuando, por ejemplo, los costos de la publicidad limitan la participación
política a los candidatos o grupos ricos o exigen que los candidatos al
poder comprometan su integridad e independencia por una excesiva dependencia de
intereses especiales hacia quienes aportan los fondos.
Semejante obstáculo al proceso democrático también se
da cuando, en lugar de ser vehículo para exposiciones honestas de
opiniones y programas de los candidatos, la publicidad política busca
distorsionar las opiniones y los programas de los contrarios e injustamente
ataca su reputación. Ello sucede cuando la publicidad reclama más
las emociones y bajos instintos de las personas egoísmos, pasiones
y hostilidades hacia los demás, prejuicios raciales y étnicos y
otros en lugar de un razonado sentido de justicia y bien para todos.
c) Perjuicios culturales de la publicidad
12. La publicidad también puede tener una influencia perniciosa sobre
la cultura y los valores culturales. Hemos hablado de los perjuicios económicos
que la publicidad puede ocasionar a naciones en desarrollo, cuando ésta
fomenta el consumismo y destruye modelos de consumo. Consideremos también
el daño cultural hecho a estas naciones y sus pueblos por anuncios cuyo
contenido y métodos, que reflejan aquello que predomina en el « primer
mundo », están en contraposición con los sanos valores
tradicionales y culturas indígenas. Hoy este tipo de « dominación
y manipulación » por estos medios es « una preocupación
de las naciones en desarrollo en relación a las ya desarrolladas »
así como « una preocupación de minorías dentro de
determinadas naciones ».18
La indirecta, pero poderosa, influencia ejercida por la publicidad sobre los
medios de comunicación social que dependen de ingresos que proceden de
esta fuente, hace nacer otra clase de preocupación cultural. En la lucha
por atraer la mejor y más grande audiencia y ponerla a disposición
de los publicitarios, los comunicadores se pueden encontrar tentados de
hecho presionados, sutilmente o no tan sutilmente a dejar de lado las
normas artísticas y morales y a caer en la superficialidad, mal gusto y
miseria moral.
Los comunicadores también pueden encontrarse a sí mismos
tentados a ignorar las necesidades educacionales y sociales de ciertos segmentos
de la audiencia los más jóvenes, los más ancianos,
los pobres que no representan al modelo demográfico (edad, educación,
ingresos, hábitos de compra y consumo, etc.) de los tipos de audiencias
que los publicitarios desean conseguir. Cuando esto se da, el tono y de hecho el
nivel de la responsabilidad moral de los medios de comunicación, en
general, disminuyen.
Con demasiada frecuencia, la publicidad contribuye a un estereotipo de
individuos de grupos particulares que les sitúa en desventaja en relación
a otros. A menudo esto es verdad en el modo en que la publicidad trata a las
mujeres; y la explotación de las mujeres, a menudo de moda en la
publicidad, es un abuso frecuente y deplorable. « Son muchas las veces
en que se la trata no como persona, con una dignidad inviolable, sino como
objeto cuya finalidad es la satisfacción de los apetitos de placer o de
poder de otros ¡Cuántas veces se minimiza e incluso se ridiculiza,
el papel de la mujer como esposa y madre! ¡Cuántas veces el papel de
la mujer en el mundo de los negocios o de la vida profesional se presenta como
una caricatura masculina, una negación de los dones específicos de
la perspectiva femenina, compasión y comprensión, que tanto
contribuye a la « civilización del amor »! ».19
d) Perjuicios morales y religiosos de la publicidad
13. La publicidad puede ser de buen gusto y estar en conformidad con las
normas morales y, ocasionalmente incluso, moralmente elevada, pero también
puede ser vulgar y moralmente degradante. Con frecuencia apela deliberadamente a
motivos como la envidia, status social y codicia. Hoy, también algunos
publicitarios buscan conscientemente conmocionar y turbar mediante contenidos de
una suave, perversa, naturaleza pornográfica.
Lo que este Consejo Pontificio dijo hace varios años sobre la
pornografía y la violencia en los medios, no es menos verdad aplicado a
ciertas formas de la publicidad.
« La pornografía y la exaltación de la violencia son
viejas realidades de la condición humana que evidencia la componente más
turbia de la naturaleza humana, dañada por el pecado. Durante el último
cuarto de siglo han adquirido una amplitud nueva y han pasado a constituir un
serio problema social. Mientras crece la confusión respecto de las normas
morales, las comunicaciones han hecho la pornografía y la violencia
accesibles al gran público, incluidos niños y jóvenes. Este
problema, que quedaba confinado antes en el ámbito de los países
ricos, ha comenzado, con la comunicación moderna, a corromper los valores
morales de las naciones en vías de desarrollo ».20
Percibimos, también, ciertos problemas especiales relacionados con la
publicidad que tratan de la religión o relacionados con cuestiones específicas
vinculadas a una dimensión moral.
En el primero de los casos, los publicitarios comerciales incluyen temas
religiosos o usan imágenes o personajes religiosos para vender productos.
Es posible hacer esto con buen gusto, de modo aceptable, sin embargo, la práctica
corriente es detestable y ofensiva cuando implica aprovecharse de la religión
o se la trata con poca seriedad.
En el segundo de los casos, la publicidad, algunas veces, se usa para
promocionar productos e inculcar actitudes y formas de comportamiento contrarias
a las normas morales. Esto sucede, por ejemplo, con la publicidad de los
contraceptivos, los abortivos y productos que dañan a la salud, y con los
gobiernos patrocinadores de campañas publicitarias en favor del control
de la natalidad, también llamada « sexo seguro », y
otras prácticas parecidas.
IV
ALGUNOS PRINCIPIOS ÉTICOS Y MORALES
14. El Concilio Vaticano II declaró: « Para el recto empleo
de estos medios es totalmente necesario que todos los que los usan conozcan y
lleven a la práctica fielmente en este campo las normas del orden moral
».21 El orden moral al cual se hace referencia es la ley natural que obliga
a todos los hombres, sobre todo, porque está « escrita en sus
corazones » (Rom 2,15) y expresa los imperativos de la auténtica
realización humana.
Para los cristianos, además, la ley natural posee una profunda
dimensión, un significado más rico. « Cristo es el ?Principio'
que, habiendo asumido la naturaleza humana, la ilumina definitivamente en sus
elementos constitutivos y en su dinamismo de caridad hacia Dios y el prójimo
».22 Incluimos aquí, el más profundo significado de la
libertad humana: que posibilita una auténtica respuesta moral, a la luz
de Jesucristo, a la llamada « a formar la conciencia, a hacerla objeto
de continua conversión a la verdad y al bien ».23
En este contexto, los medios de comunicación social tienen tan sólo
dos opciones. O ayudan a la persona humana a crecer en su conocimiento y práctica
de lo que es verdad y bueno o son fuerzas destructivas en conflicto con el
bienestar humano. Lo que es especialmente cierto en el caso de la publicidad.
Vistos estos antecedentes, pues, nosotros señalamos el principio
fundamental para las personas dedicadas a la publicidad: los publicitarios o
sea, aquellos que encargan, preparan o difunden publicidad son moralmente
responsables de las estrategias que incitan a la gente a un comportamiento
determinado; y se trata de una responsabilidad compartida por editores,
ejecutivos de la radio y televisión, y otros en el mundo de las
comunicaciones, así como por quienes aprueban políticas
comerciales, y todos aquellos que están metidos en el proceso de la
publicidad.
Si una iniciativa publicitaria pretende animar a que la gente elija o actúe
razonablemente y de modo moralmente correcto, beneficioso para ellos y otros,
las personas comprometidas en esto actúan moralmente con corrección;
si con publicidad buscan impulsar a la gente hacia su autodestrucción y
destruyen la auténtica comunidad, hacen mal.
Esto se aplica también a los recursos y las técnicas de
publicidad: es moralmente erróneo el uso manipulado, explotar, corromper
y usar métodos de persuasión y motivación corruptos. A este
propósito, advertimos problemas especiales asociados con la llamada
publicidad indirecta, que busca que la gente actúe de un cierto modo por
ejemplo, comprar determinados productos sin ser totalmente consciente de
que está siendo influenciada. Las técnicas aquí implicadas
muestran ciertos productos o formas de comportamiento de forma superficial y
seductora, asociándolos superficialmente con personajes atractivos; en
casos extremos, puede incluso implicar el uso subliminal de mensajes.
Dentro de este marco muy general, podemos identificar varios principios
morales de especial importancia en referencia a la publicidad. Mencionamos tres:
veracidad, dignidad de la persona humana y responsabilidad social.
a) Veracidad en la publicidad
15. Incluso hoy, se dan tipos de publicidad simple y deliberadamente
inexactos. Generalmente hablando, sin embargo, el problema de la verdad en la
publicidad es algo más sutil: no es que la publicidad señale lo
que es abiertamente falso, sino que puede distorsionar la verdad
sobreentendiendo cosas ilusorias o silenciando datos o hechos pertinentes. Como
el papa Juan Pablo II señaló, a nivel individual y a nivel
social, la verdad y la libertad son inseparables; sin la verdad en la base, como
punto de partida y criterio de discernimiento, juicio, elección y acción,
puede no existir un ejercicio auténtico de la libertad.24 El « Catecismo
de la Iglesia Católica », citando al Concilio Vaticano II,
insiste en que el contenido de la comunicación sea « verdadero y
dentro de los límites fijados por la justicia y la caridad
completo »; que el contenido tendría, además, que ser
comunicado « honesta y apropiadamente ».25
La publicidad, como otras formas de expresión, tiene su propio estilo
y sus propias convenciones que hay que tener en consideración cuando se
habla de la verdad. Se da por sentado lo inevitable de ciertas formas retóricas
y exageraciones simbólicas de la publicidad; lo cual se puede permitir
dentro de los límites de una práctica reconocida y aceptada.
Pero un principio fundamental consiste en que la publicidad no puede engañar
deliberadamente, ni implícita o explícitamente ni por misión.
« El justo ejercicio del derecho a la información reclama que el
contenido de lo que se comunica sea verdad y, dentro de los límites
fijados por la justicia y la caridad, completo... Aquí se incluye la
obligación de evitar cualquier manipulación de la verdad por
cualquier razón ».26
b) La dignidad de la persona humana
16. Un « requisito imperativo » de la publicidad es que «
respete la persona humana y su derechodeber a hacer una elección
responsable, su libertad interior; se vulneran todos estos bienes cuando se
explotan las bajas inclinaciones del hombre, o se disminuye su capacidad a
reflexionar y decidir ».27
Estos abusos no son simplemente posibilidades hipotéticas, sino
realidades, hoy en día, en mucha publicidad. La publicidad puede violar
la dignidad de la persona humana tanto a través de su contenido lo
que se publica, la forma en que se publica como a través del
impacto que ella pretende para aumentar su audiencia. Hemos hablado ya de cosas
tales como el reclamo a la lujuria, la vanidad, la envidia y la avaricia, y de
las técnicas que manipulan y explotan la debilidad humana. En tales
circunstancias, los anuncios se convierten rápidamente en « transmisores
de una visión deformada de la vida de la familia, de la religión y
de la moralidad según una interpretación que no respeta la
auténtica dignidad ni el destino de la persona humana ».28
Este problema se hace especialmente agudo cuando están comprometidos
grupos o clases de personas particularmente vulnerables: niños y jóvenes,
los más ancianos, los pobres, los desaventajados culturalmente.
Mucha publicidad dirigida a los niños aparentemente trata de explotar
su credulidad y sugestibilidad, en la esperanza de que ellos presionarán
a sus padres para comprar productos que no les aportan un beneficio real. Este
tipo de publicidad ofende y va en contra de la dignidad y los derechos tanto de
los niños como de los padres; se entromete en la relación entre
padre e hijo y busca manipularla hacia sus propios fines. También, parte
de la, relativamente irrelevante, publicidad dirigida a los mas ancianos o
culturalmente desaventajados parece diseñada para instrumentalizar sus
temores y persuadirles a dedicar parte de sus limitados recursos a la adquisición
de artículos o servicios de dudoso valor.
c) Publicidad y responsabilidad social
17. La responsabilidad social es un concepto tan amplio que podemos señalar
aquí sólo algunos de sus muchos problemas y preocupaciones
relacionados con el tema de la publicidad.
La cuestión ecológica nos indica una de ellas. La publicidad
que fomenta un estilo opulento de vida, que derrocha recursos y daña el
medio ambiente infringiendo importantes preocupaciones ecológicas. «
El hombre, impulsado por el deseo detener y gozar, más que de ser y
de creer, consume de manera excesiva y desordenada los recursos de la tierra y
su misma vida...Cree que puede disponer arbitrariamente de la tierra, sometiéndola
sin reservas a su voluntad como si ella no tuviese una fisonomía propia y
un destino anterior dados por Dios, y que el hombre puede desarrollar
ciertamente, pero que no debe traicionar ».29
Se trata ciertamente de una cuestión esencial: el auténtico e íntegro
desarrollo humano. La publicidad que reduce el progreso humano a la adquisición
de bienes materiales y cultiva un opulento estilo de vida expresa una visión
falsa, destructiva, de la persona humana, igualmente perjudicial, tanto para
individuos como para sociedades.
Cuando las personas dejan de practicar « un riguroso respeto hacia
la moral, la cultura y las necesidades espirituales, basado en la dignidad de la
persona y en la propia identidad de cada comunidad, comenzando por la familia y
las sociedades religiosas, » a pesar de la abundancia material y las
comodidades que la tecnología proporciona « probaremos insatisfacción
y al final desprecio ».30 Los publicitarios, así como las personas
que se ocupan de otras formas de comunicación social, tienen la seria
obligación de expresar y fomentar una auténtica visión del
desarrollo humano en sus dimensiones material, cultural y espiritual.31 Estas
normas referentes a la comunicación significan, entre otras cosas, una
real expresión de solidaridad. De hecho, las dos cosas comunicación
y solidaridad son inseparables, ya que, como el « Catecismo de la
Iglesia Católica » manifiesta, la solidaridad es « una
consecuencia de la auténtica y recta comunicación y de la libre
circulación de ideas que promueven el conocimiento y respeto por los demás
».32
V
CONCLUSIÓN: ALGUNOS PASOS A SEGUIR
18. Las conciencias responsables y bien formadas de los mismos profesionales
de la publicidad son los indispensables garantes de una conducta éticamente
correcta en la industria publicitaria: conciencias sensibles a sus obligaciones,
que no se limitan a servir los intereses de aquellos que comisionan y financian
su trabajo, sino que también respetan y apoyan los derechos e intereses
de su público con objeto de servir al bien común.
Quienes se ocupan de publicidad, mujeres y hombres, han de poseer una
conciencia sensible, altas normas éticas y un robusto sentido de
responsabilidad. Pero incluso para ellos, las presiones externas desde los
clientes que contratan su trabajo hasta la dinámica competencia interna
de su profesión pueden crear una fuerza que les induzca a un
comportamiento carente de ética. Lo que subraya la necesidad de
estructuras y sistemas externos que soporten y animen practicas responsables en
publicidad y desalienten las irresponsables.
19. Los códigos éticos surgidos por iniciativa propia en
varios lugares son una de las fuentes de ayuda. Bienvenidos donde quiera que se
encuentren; sin embargo su eficacia es en función de la buena voluntad de
respetarlos por parte de los publicitarios. « Pertenece a las Agencias, a
los que trabajan en el sector, a los directores y dirigentes de los medios que
se ocupan de publicidad hacer conocer al público, suscribir y aplicar los
códigos de ética profesional que ya han sido oportunamente
establecidos de modo que puedan obtener la cooperación del público
para hacer estos códigos todavía mejores y contribuir a su
observancia ».33
Enfatizamos la importancia del compromiso del público. Representantes
del público tendrían que participar en la formulación,
aplicación y actualización periódica de códigos
deontológicos. Los representantes del público tendrían que
incluir moralistas y personas de la Iglesia, así como representantes de
organizaciones de consumidores. Los individuos hacen bien en organizarse en
tales grupos para proteger sus intereses en relación con los intereses
comerciales.
20. Las autoridades públicas también tienen un papel que
desempeñar. De una parte, el gobierno no tendría que buscar el
control y dictado de políticas a la industria publicitaria, más
que a otros sectores de los medios de comunicación. Por otro lado, la
regulación del contenido y práctica de la publicidad, ya existente
en muchos sitios, pueden y deberían extenderse más allá de
la simple prohibición de una publicidad, mentirosa en su mera formulación.
« Promulgando leyes y vigilando su aplicación, las autoridades públicas
tendrían que impedir que "la moral pública y el progreso
social se pongan gravemente en peligro" a través de abusos de estos
medios ».34
Por ejemplo, las reglamentaciones gubernamentales debieran atender
cuestiones tales como la cantidad de publicidad, especialmente en los medios de
difusión, así como el contenido de la misma dirigido a grupos
particularmente vulnerables a la explotación, tales como los niños
y los ancianos.Lapublicidad política también parece un área
apropiada para la reglamentación: cuánto puede gastarse, cómo
y de quién puede proceder el dinero de la publicidad, etc.
21. Los medios informativos deberían comprometerse en mantener al público
informado acerca del mundo de la publicidad. Considerando el impacto social de
la publicidad, es apropiado que, regularmente, los medios revisen y critiquen la
actuación de los publicitarios, tal como ellos hacen respecto a otros
grupos cuyas actividades tienen una significativa influencia en la sociedad.
22. Además de utilizar los medios para evangelizar, la Iglesia, por
su parte, ha de asumir todas las implicaciones de la observación del Papa
Juan Pablo II: que los medios comprenden una parte central de aquel gran moderno
« areópago » donde las ideas se comparten y las
actitudes y los valores se forman. Lo que pone en evidencia una « más
profunda realidad » que el simple uso de los medios para difundir el
mensaje evangélico, por importante que esto sea. « Es también
necesario integrar ese mensaje dentro de la "nueva cultura" creada por
las comunicaciones modernas » con sus « nuevas vías de
comunicación... nuevos lenguajes, nuevas técnicas y una nueva
psicología ».35
A la luz de esta intuición, es importante que la educación de
los medios forme parte de la planificación pastoral y de una variedad de
programas pastorales y educacionales seguidos por la Iglesia, incluyendo las
escuelas católicas. Esto incluye la educación relativa al papel de
la publicidad en el mundo de hoy y su importancia en el trabajo de la Iglesia.
Esta educación tratará que las personas estén informadas y
vigilantes en su aproximación al fenómeno publicitario, como a las
otras formas de comunicación. Como el « Catecismo de la Iglesia
Católica » subraya, « las comunicaciones sociales...
pueden dar lugar a cierta pasividad entre los usuarios, convirtiéndoles
en consumidores menos vigilantes ante informaciones y espectáculos. Los
usuarios tendrían que practicar moderación y disciplina en su
aproximación a los mass media ».36
23. En último análisis, sin embargo, allí donde existe
libertad de palabra y comunicación corresponde, en gran parte, a los
mismos publicitarios asegurar la práctica de una ética responsable
en su profesión. Además de evitar abusos, los publicitarios tendrían
también que comprometerse en remediar los daños algunas veces
causados, por la publicidad, en la medida de lo posible: por ejemplo, publicando
correcciones, compensando las partes ofendidas, aumentando la cantidad de
publicidad en los servicios públicos, y otros. Esta cuestión de
las « reparaciones » da la medida del legítimo compromiso, no sólo
de los organismos de autorregulación y grupos públicos
interesados, sino también de las autoridades públicas.
Allí donde las prácticas carentes de ética se hayan
extendido y atrincherado, hay que solicitar a los publicitarios responsables su
sacrificio y generosidad personal a fin de corregir la situación. Las
personas que desean actuar de modo moralmente recto, tienen que estar dispuestas
a sufrir pérdidas y perjuicios personales antes que permitirse una
actuación incorrecta. Esto es una obligación para los cristianos,
pero no únicamente para ellos. « En el dar testimonio del bien moral
absoluto los cristianos no están solos. Encuentran una confirmación
en el sentido moral de los pueblos y en las grandes tradiciones religiosas y
sapienciales ».37
No deseamos y, ciertamente, no esperamos, que la publicidad desaparezca del
mundo contemporáneo. La publicidad es un elemento importante en la
sociedad de hoy, especialmente en el funcionamiento de una economía de
mercado, la cual se está haciendo más y más general.
Además, por las razones y en el modo aquí esbozado, pensamos
que la publicidad puede y, con frecuencia, consigue, jugar un papel constructivo
en el desarrollo de la economía, en el intercambio de información
e ideas y en el fomento de la solidaridad entre individuos y grupos. Todavía,
ella también puede hacer y, con frecuencia, lo hace, un grave daño
a individuos y al bien común.
A la luz de estas reflexiones, por lo tanto, pedimos a los profesionales de
la publicidad y a todos aquellos implicados en el proceso de encargarla y
difundirla, que eliminen sus aspectos socialmente perjudiciales y observen un
alto estándar ético en relación a la veracidad, la dignidad
humana y la responsabilidad social. De este modo, ofrecerán una especial
y significativa contribución al progreso humano y al bien común.
Ciudad del Vaticano, 22 de febrero de 1997, Fiesta de la Cátedra
de San Pedro Apóstol.
+ John P. Foley Presidente
+ Pierfranco Pastore Secretario
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