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CONFERENCIA DEL CARDENAL JAVIER LOZANO BARRAGÁN PRONUNCIADA EN AQUISGRÁN
(ALEMANIA)
El dolor,
¿enigma o misterio?
El
sentido del dolor en la carta apostólica Salvifici doloris del Papa Juan
Pablo II
Expongo el pensamiento sublime de
Juan Pablo II acerca del dolor humano. Como introducción, rápidamente esbozaré
algunos datos científicos sobre la fisiología del dolor humano y, dada la
apertura del Papa a todos los valores de la humanidad, me referiré
sintéticamente a la esencia del pensamiento de las cuatro soluciones aportadas
por las grandes religiones que subsisten con el cristianismo, para esbozar un
diálogo con ellas. Se trataría del hinduismo, del budismo, del islamismo y de
las religiones tradicionales africanas, que tienen muchos elementos en común
con el pensamiento religioso tradicional de otras partes del mundo.
Introducción
Referencias médicas sobre el dolor
"El dolor es una experiencia desagradable, sensorial y emotiva, asociada con
un daño que sufre el organismo" (definición de la Asociación internacional para
el estudio del dolor).
El dolor puede ser síntoma de enfermedades o una enfermedad en sí mismo. En el
primer caso constituye una señal de alarma fisiológica útil; en el segundo, no
tiene finalidad y puede constituir punto de partida para otra patología orgánica
o psicológica. Del lugar del organismo donde se origina se transmite al cerebro
por las fibras nerviosas y, una vez llegado a la médula espinal, sube a la
corteza cerebral, donde se percibe tanto el estímulo nociceptivo cuanto la
elaboración del síntoma del dolor.
El dolor se puede presentar en forma aguda o crónica. El dolor agudo aparece de
improviso y tiene una duración limitada; cesa en poco tiempo, en el contexto de
la curación de la enfermedad que lo causa. El dolor crónico (enfermedad) es de
duración prolongada (más de tres meses) y entraña un impacto psico-orgánico
elevado en el paciente. Continúa a veces aun después de sanar
de la enfermedad que lo ha causado (dolor neuropático, herpes zoster), o bien
acompaña a una enfermedad incurable.
La intensidad del dolor es subjetiva (umbral del dolor): hay personas que
soportan el dolor más que otras; se observa frecuentemente una diferencia de
tolerancia al dolor de parte de la misma persona según la causa del mismo y,
sobre todo, de acuerdo con su situación psicológica.
Lo esencial de las soluciones dadas al problema del dolor
en las grandes religiones no cristianas
En el hinduismo, la causa del sufrimiento es el "karma", que se
origina como consecuencia de las acciones malas que se han cometido en la vida
presente o en anteriores reencarnaciones. Se libera alguien del "karma" mediante
el conocimiento de la verdad y el anuncio de la palabra de Dios. Dios es el
remedio. Paralelamente, se mencionan otras causas del dolor, que son: los
dioses, el mundo, la ignorancia y el sufrimiento.
En el budismo, el problema del dolor se expresa en "las cuatro nobles
verdades": 1) Todo es sufrimiento. 2) Su causa es la pasión-ansiedad egoísta.
3) Sólo el nirvana puede eliminar la causa. Ya se hace en esta vida, pero será
plena en el futuro. 4) El sendero que conduce al nirvana es "la óctuple
rectitud": esto es, la rectitud de visión, de pensamiento, de palabra, de
acción, de vida, de esfuerzo, de atención, y de meditación.
En el islamismo, el dolor se origina por la oposición a la palabra de
Dios. Dios es quien puede remediar el dolor. En la corriente "chiita" se afirma
la solución por una compensación; según esta corriente existió un redentor, de
nombre Al Hally, que murió crucificado en Bagdad en el año 922.
En la religión africana tradicional, el sufrimiento lo provocan los
espíritus o los ancestros que se han ofendido por los delitos cometidos contra
la vida u otras faltas morales, como el robo, la esclavitud, etc. La solución al
dolor será primero identificar el espíritu al que se ha ofendido y luego
ofrecerle sacrificios.
En estos esquemas encontramos una cierta constante: la causa del dolor es la
falta cometida: en el hinduismo es la mala acción o "karma"; en el budismo, es
la pasión-ansiedad egoísta; en el islamismo es la oposición a la palabra de
Dios; en las religiones tradicionales africanas son los delitos cometidos. Bajo
este aspecto no nos encontramos lejos del cristianismo, en el cual también se
fija como causa del dolor una falta del todo especial como es el pecado
original.
Donde se extrema la diferencia entre estas religiones y el cristianismo es en la
solución al problema. Quien se encuentra más lejos de la solución cristiana es
el budismo, puesto que piensa en superarlo por una acción meramente humana, la
llamada "óctuple rectitud"; en cambio, las demás religiones siempre ofrecen como
solución una ligazón con la divinidad. Podemos decir que el budismo es la
secularización plena (como sistema de pensamiento es ateo; sólo se vuelve
teísta, por decirlo así, en su religiosidad popular). En cambio, en el hinduismo
aparece como solución la palabra de Dios; en el islamismo, también la palabra de
Dios; y en las religiones tradicionales, el sacrificio a Dios.
Dentro de este marco delineamos ahora las líneas maestras del pensamiento de
Juan Pablo II, tomándolo de la carta apostólica
Salvifici doloris.
Como título de mi intervención he elegido: "El dolor, ¿enigma o misterio?",
porque para el Papa Juan Pablo II el dolor es un enigma que sólo se resuelve en
el misterio.
Antes de adentrarnos en el tema anticipo una precisión terminológica: cuando se
habla de dolor se suele entender más bien un dolor de incidencias fisiológicas;
la otra expresión que se usa es "sufrimiento". Cuando se emplea esta palabra se
tiene en la mente algo más extenso, se refiere a toda clase de dolor humano,
físico o psíquico, material o espiritual. En el desarrollo del pensamiento de
Juan Pablo II usaremos más bien la palabra "sufrimiento", en la que englobamos
tanto el dolor físico como cualquier otra clase de dolores. El tema lo
desarrollo en tres partes: la primera es sobre el sufrimiento como enigma; la
segunda, el sufrimiento como misterio; y la tercera, un comentario a la doctrina
de Juan Pablo II.
El enigma del sufrimiento
Así comienza el Papa a tratar el problema del sufrimiento. No
esconde que se trata de algo complejo y enigmático, intangible, y que se debe
tratar con todo respeto, con toda compasión y aun con temor; pero ello no excusa
de tratar de comprenderlo, pues sólo así se podrá superar. Da a continuación un
primer abordaje para determinar el campo, hablando de la extensión del
sufrimiento y de su sujeto, anotando ya desde un principio que una no
comprensión del sufrimiento puede conducir incluso a renegar de Dios.
Dice el Papa: el sufrimiento va más allá de la enfermedad, pues existe el
sufrimiento físico y el espiritual. Además del sufrimiento individual, está el
sufrimiento colectivo, que se da debido a los errores y transgresiones de los
humanos, en especial en las guerras. Hay tiempos en que este sufrimiento
colectivo aumenta. El sufrimiento tiene un sujeto y es el individuo quien lo
sufre. Sin embargo, no permanece encerrado en el individuo, sino que genera
solidaridad con las demás personas que también sufren; ya que el único en tener
una conciencia especial de ello es el hombre y todo hombre. El sufrimiento
entraña así solidaridad. Es difícil precisar la causa del sufrimiento, o del mal
que va junto al sufrimiento. El hombre se la pregunta a Dios y con frecuencia
reniega de él, porque piensa no encontrar dicha causa.
Primero se necesita situar el enigma en su justa dimensión y empezar a buscar su
causa. El sufrimiento, dice el Papa, consiste en la experiencia de la privación
del bien. La privación del bien es el mal. La causa del sufrimiento es así un
mal; por tanto, sufrimiento y mal no se identifican. Con respecto al mal, este
es privación, no tiene en sí entidad positiva y así no puede tener causa o
principio positivos; su origen es una mera privación. Hay tantos males cuantas
carencias; genera dolor, tristeza, abatimiento, desilusión, y hasta
desesperación, según la intensidad del mal; existe en dispersión, pero a la vez
entraña solidaridad. Siendo su principio la privación, se impone la pregunta:
¿por qué hubo esta privación, quién la causó?
Para responder, abandona el Papa ya el terreno del enigma y se pasa al del
misterio. No trata de hacerlo con la oscuridad nebulosa de un mito, sino que
entra de lleno en el núcleo de la fe cristiana. Dentro de la fe cristiana, el
misterio no es oscuridad sino claridad deslumbrante. Nos ayuda a comprenderlo un
poco su raíz etimológica; viene del griego "muo" o "muein", que significa cerrar
los ojos. No en el sentido de proceder a ciegas, sino en el de cerrar los ojos,
que se origina cuando viene un encandilamiento, como por ejemplo cuando se mira
directamente el sol. Sólo a la luz que encandila, sólo en el exceso de
luminosidad, que no permite ver de frente, podemos atisbar qué es el misterio
del sufrimiento. Además, el misterio cristiano no es sólo algo que se contempla,
sino que se experimenta. Sólo en la experiencia del misterio puede adentrarse en
su comprensión. Sólo viviendo el misterio del sufrimiento cristiano se puede
comprender un poco qué significa el sufrimiento, y, como ha dicho anteriormente
el Papa, trascenderlo y superarlo.
Entramos ahora en la descripción del
misterio del sufrimiento.
El misterio (1)
Destacamos tres temas que desarrolla el Papa en el camino que
nos adentra en el misterio: el mal y el sufrimiento; Cristo asume el
sufrimiento; y valor del sufrimiento humano.
El mal y el sufrimiento
Para entrar en el misterio, lo hacemos bajo la misma conducción de Dios,
y es en la Revelación en la que nos adentra el Papa para proceder a la ascensión
en el misterio. Nos dice el Santo Padre que en el lenguaje bíblico del Antiguo
Testamento, inicialmente, sufrimiento y mal se identifican. Pero, gracias a la
lengua griega, especialmente en el Nuevo Testamento se distingue sufrimiento y
mal. Sufrimiento es una actitud pasiva o activa frente a un mal, o mejor, frente
a la ausencia de un bien que se debiera tener (cf.
Salvifici doloris, 7).
En efecto, en el libro de Job y en algunos otros libros del Antiguo Testamento,
la respuesta es que la causa del mal es la transgresión del orden natural creado
por Dios. Sufrimiento y desorden serían lo mismo, o al menos se piensa que el
sufrimiento es causado por el desorden. Esta es la tesis de los amigos de Job (cf.
ib., 10). Sin embargo, Dios refuta esta tesis aprobando la inocencia de Job;
su sufrimiento queda como misterio: no todo sufrimiento viene por transgresión;
este es una prueba de la justicia de Job. Es un preanuncio de la pasión del
Señor (cf. ib., 11). Más aún, se afirma que el sufrimiento es una pena
infligida para corregirse, esto es, para que del mal se siga un bien, para la
conversión, para la reconstrucción del bien (cf. ib., 12).
Cristo asume el sufrimiento y lo transforma
Da ahora el Papa otro paso y llega al centro del misterio de la
siguiente forma: Cristo en su vida mortal suprime con los milagros el dolor,
asume el dolor de todos y conscientemente lo padece en su cruz (cf.
ib., 16). La única respuesta podrá venir sólo del amor de Dios en la
cruz (cf. ib., 13). La solución al problema del sufrimiento la da Dios
Padre: consiste en que "entrega" a su Hijo. El mal es el pecado, y el
sufrimiento la muerte. Con la cruz vence al pecado, y con su resurrección la
muerte: cf. Jn 3, 16 (cf. ib., 14).
En el cántico del siervo de Dios, en el profeta Isaías, se ve todavía con mayor
fuerza que en los evangelios lo que significa el sufrimiento en la pasión de
Cristo. Es un sufrimiento redentor. Su profundidad se mide por la profundidad
del mal histórico en el mundo y en especial porque la persona que lo padece es
Dios (cf. ib., 17). Cristo da respuesta al problema del sufrimiento con
la misma materia de la pregunta: responde al que le brinda toda su
disponibilidad y compasión; su presencia es eficaz: ayuda, da y se da a sí
mismo (cf. ib., 28).
El sufrimiento genera amor hacia el que sufre, un amor desinteresado para
ayudarlo aliviándolo. Esto se hace ahora en forma organizada y oficial, mediante
las organizaciones sanitarias y sus profesionales, también a través de los
voluntarios. Se trata de una verdadera vocación, en especial cuando se une en la
Iglesia con una profesión cristiana. Descuella en este campo la ayuda que las
familias prestan a sus miembros enfermos. Y entran en la categoría del buen
samaritano también todos aquellos que actúan no solamente en favor de los
enfermos, sino para desterrar toda clase de males, los que luchan contra el
odio, la violencia, la crueldad, contra todo tipo de sufrimiento del cuerpo y
del alma. Todo hombre debe sentirse llamado en primera persona a testimoniar su
amor en el sufrimiento y no debe dejarlo sólo a las instituciones oficiales (cf.
ib., 29). La parábola del buen samaritano converge con lo dicho por
Cristo en el Juicio final: "Estuve enfermo y me visitasteis": Cristo mismo es
el que es curado y socorrido en el que cayó en manos de bandidos. El sentido del
sufrimiento es hacer el bien con el sufrimiento y hacer el bien al que sufre (cf.
ib., 30).
Concluye el Papa diciendo: en Cristo se revela el misterio del hombre, y el
misterio del hombre es en especial el misterio del sufrimiento. En Cristo se
revela el enigma del dolor y de la muerte. Sólo en el amor se puede encontrar la
respuesta salvífica del dolor. Que el dolor de María y los santos nos ayuden a
encontrar esta respuesta. Que el sufrimiento se convierta en fuente de fuerza
para toda la humanidad.
Comentario
Estatuto epistemológico
Para comprender mejor el pensamiento del Papa servirá una anotación
epistemológica: ya habíamos hablado de una forma especial de conocimiento, el
conocimiento reverente que adora; precisamos más ahora: nos encontramos con un
pensamiento que sólo se comprende desde la fe. Dentro de este nivel, no nos
situamos en algo irracional, ni siquiera dentro de una perspectiva heideggeriana
de un misterio confuso y nebuloso más allá del análisis lingüístico.
Ciertamente, no es adecuado el concepto de conocimiento, analizándolo desde la
perspectiva lógica del lenguaje, constatado por la experiencia científica, o
bien por la formalidad lógica del mismo lenguaje, incluso situándolo en un juego
específico del mismo lenguaje, el lenguaje religioso. Y, por supuesto, no nos
situamos en una especie de paralogía de la inestabilidad, ni de "pequeños
relatos".
Debemos partir de la objetividad del conocimiento y de la racionalidad lógica
del mismo, entendiendo que un conocimiento es verdadero siempre que se dé la
correspondencia entre este y la realidad circunstante. Desde este punto de
partida, el conocimiento de la fe goza de la plena racionalidad, no en el
sentido de que sus contenidos sean demostrables racionalmente, sino en el
sentido primero, de que es del todo racional creer, y de que sus contenidos no
encuentran ninguna razón en contra, de manera que se pudiera presentar absurdo
el que se crea en ellos, aunque no se puedan demostrar internamente como
creíbles, ya que sobrepasan el dominio racional, aunque, repito, no lo nieguen.
Las afirmaciones de fe se fundan en la demostración racional del hecho de la
Revelación, y del hecho histórico de Cristo como Dios encarnado, de su pasión,
de su muerte, y de su resurrección. Sin embargo, aunque es racional el creer, no
es obligado el hacerlo, porque por una parte la fe permanece como un don y
regalo que Dios hace, y por otra, incluso recibiendo el ofrecimiento divino de
creer, el hombre permanece libre para asentir o no a este ofrecimiento.
Una vez asentada esta premisa epistemológica, ahora sí podemos adentrarnos
en el pensamiento del Papa, pues no se mueve en una ideología religiosa
inventada, sino en un exponer el contenido central histórico de la Revelación
sobre el misterio del sufrimiento y del dolor.
Gradación del pensamiento de Juan Pablo II
Pienso que el desarrollo de su pensamiento sube por seis gradas hacia la
plenitud del misterio del sufrimiento y el dolor; las podríamos resumir así:
1. El sufrimiento no es en sí malo, sino que es el efecto de una causa mala. El
mal no es una entidad positiva sino una privación. La privación no exige una
causa positiva, sino investigar quién originó dicha privación.
2. El origen de la privación es el pecado. El pecado cometido por un hombre se
propaga por la solidaridad humana. El pecado se puede eliminar mediante el mismo
sufrimiento en un contexto solidario del todo especial.
3. Esta solidaridad la puede dar sólo Dios. Esta donación de solidaridad es el
sentido de la Encarnación, es el sentido de Jesucristo. Por esta solidaridad
Cristo lleva a cabo la eliminación del pecado mediante su propio sufrimiento en
su vida, pasión, muerte y resurrección. Esta acción divina es una acción de la
santísima Trinidad, en cuanto que el Padre eterno entrega a su Hijo a la
humanidad para que así la redima por obra del Espíritu Santo. El Espíritu Santo
es el Amor del Padre y del Hijo, y sólo por el Amor del Espíritu se vislumbra la
solidaridad misteriosa redentiva.
4. Mediante la solidaridad de Cristo con toda la humanidad, el dolor humano de
todos los tiempos ha sido sufrido por Cristo en su pasión y muerte redentora.
Así, el dolor humano, el sufrimiento, de ser algo malo se torna bueno, como
fuente de vida, pues se torna redentor.
5. Cada uno, en su sufrimiento se une al sufrimiento de Cristo y de esta manera,
misteriosamente, su sufrimiento se torna fuente de vida y de resurrección. El
dolor y el sufrimiento son la puerta para encontrarnos con Cristo y experimentar
en él su presencia como vida y resurrección por obra del Espíritu de Amor que es
el Espíritu Santo. Así lo ha hecho en primer lugar nuestra Señora la Virgen
María y con ella todos los santos.
6. Esta destrucción definitiva del sufrimiento por el sufrimiento nos lleva a
destruir el sufrimiento actual también con toda clase de medios a nuestro
alcance, como es el caso del buen samaritano.
El núcleo del misterio
Nos sitúa así el Papa en el núcleo del misterio cuya luz nos encandila. Pues
nos encontramos en la intimidad de la santísima Trinidad, en la realidad amorosa
de la unidad de Dios en la trinidad de Personas. Y nos situamos en la densidad
de este misterio, del misterio central de toda la religión cristiana, no de una
manera abstracta o al menos encerrada en una infinitud de distancia, sino en una
cercanía que significa la historia humana, en la que irrumpe la eternidad en la
temporalidad, a través de la historicidad de la encarnación del Verbo, de su
nacimiento, vida, pasión, muerte y resurrección.
Comprensión del misterio
Es una solidaridad trinitaria y cristológica, en la que la plenitud absoluta
de la vida se realiza por la muerte y se llama cruz y resurrección. Nos
encontramos en el núcleo del misterio cristiano, núcleo que sólo se hace
accesible al experimentarlo: si alguien permanece ajeno a él, no puede probar
su eficacia y encontrar su solución. La solución al misterio del mal no se da
sólo por una exposición teológica, sino por una vivencia de algo que al verlo
fijamente se oscurece por su exceso de luz, pero que sin embargo es tan real,
que es la realidad más real, valga decirlo, pues es la única forma de alcanzar
la felicidad.
De esta manera estamos dentro del núcleo de la salvación. Este es el núcleo del
cristianismo. Tertuliano había dicho "credo quia ineptum". Al
experimentar el alivio del mal por el sufrimiento, y por el sufrimiento más
horrendo que es la cruz, síntesis de todos los sufrimientos imaginables, este "ineptum"
se vuelve "aptum", lo más justo y racional que podamos imaginar, pues es la
única forma de experimentar la felicidad.
Del sufrimiento a la solidaridad
Por eso el misterio del dolor se desplaza del dolor en sí al misterio de la
solidaridad. La solidaridad en su posición de fundamento de toda existencia no
es sólo una simpatía con todos, una especie de comprometerse socialmente y ser
consciente de que todos pertenecemos a la misma raza, cultura, nacionalidad,
etc.; sino que es experimentar una ligazón entre todos los humanos tan interna
que no es una calificación que nos llega una vez que existimos, sino que es la
misma existencia. Pertenece a la misma vida humana divinizada como un regalo
recibido que participa del misterio mismo de la misma vida de Dios. La vida de
Dios es infinitamente perfecta en cada una de las personas divinas por la
solidaridad interna entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Esta
solidaridad infinita es el Amor infinito, que es el Espíritu Santo que ha sido
derramado en nuestros corazones, Amor infinito que es Dios mismo. El misterio
del sufrimiento se encierra en el misterio del Amor, en el misterio del
Espíritu.
Solidaridad constitutiva del hombre
De esta manera el misterio del sufrimiento-amor entra en la misma
constitución del Dios encarnado, el Hijo se encarna por obra del Espíritu Santo.
Siendo Cristo el modelo más íntimo de cada hombre, el Espíritu Santo, el Amor de
Dios, el sufrimiento redentor, entra en la misma constitución objetiva, diríamos
ontológica, de la humanidad. Pero, a diferencia de una objetividad fría, es algo
que pertenece a nuestro ser en su objetividad, sí, pero con el máximo de
subjetividad amorosa, pues es y depende de nuestra voluntad libre, de manera que
podemos aceptarla o rechazarla. Al aceptarla nos hacemos totalmente hombres a
través del sufrimiento-amor; al rechazarla, por el contrario, nos deshacemos
como hombres a través del sufrimiento-odio.
El sufrimiento, desde la Resurrección
El Papa es consciente de la dificultad de razonar de esta forma, y por eso
nos dice que la realidad del sufrimiento solidario sólo se entiende a través de
la resurrección. Desde nuestra solidaridad con el máximo de vida, que es Cristo
resucitado, es como podemos comprender nuestra solidaridad amorosa con Cristo
sufriente en la cruz. Así como Cristo resucita y en su resurrección está
comprendida la resurrección de la humanidad, de todos y cada uno de nosotros,
así también en el sufrimiento de Cristo están comprendidos los sufrimientos y
dolores de todos y cada uno de nosotros. Entre la resurrección y la cruz no
existe ninguna separación, sino una convergencia, tanto en Cristo como en
nosotros; por eso dice el Papa que Cristo conserva en su cuerpo glorificado las
señales de sus llagas.
El sentido de la cruz gloriosa
Así se realiza y se comprende lo que de otra forma sería una paradoja
insostenible, un escándalo y una locura: que la cruz es gloriosa, esto es, que
la cruz, en vez de ser el mal más temido como muerte total, es el inicio
glorioso de toda la segunda creación. La nada desde la que surge este nuevo
mundo de felicidad que significa el paraíso definitivo no surge de una nada
inocente, sino de una nada culpable que es el máximo mal, que es el pecado y que
en definitiva desemboca en la cruz. Y desde la cruz, no en virtud de la cruz,
sino en virtud de la omnipotencia del Padre y por la solidaridad-Amor del
Espíritu, el Verbo encarnado recrea en nosotros el auténtico Adán, el hombre de
veras, el modelo proyectado por Dios desde toda la eternidad, para ser
auténticamente humanos.
Conclusión
La única manera para descifrar el enigma del dolor y el
sufrimiento es el camino del amor. Un amor que es capaz de transformar la nada
en plena realidad. La carencia de sentido, la carencia de dirección, la
anticultura radical, la contradicción, la muerte; en plenitud de sentido, en
orientación plena, en cultura ascendente, en afirmación gozosa, en vida; la
locura y la insensatez, en lo más cuerdo y sabio. Es la íntima solidaridad del
amor triunfante que resucita, dentro de la solidaridad amorosa en el sufrimiento
más terrible que mata. Es la victoria sobre la muerte.
Así, Juan Pablo II nos conduce a avizorar de una manera misteriosa, encandilante,
pero que es la única perspectiva válida, el significado del dolor humano; el
enigma finalmente se torna misterio, un misterio alegre, luminoso y pleno de
felicidad. Es la paradoja vuelta lógica por el Amor omnipotente de Dios Padre,
que es su Espíritu, y tiene su eficacia en la culminación de la historia humana,
cuando nos concede la íntima solidaridad de todos los hombres, dentro de la
Pascua del Verbo encarnado.
(1) Los temas que trata el Papa en la carta apostólica
Salvifici doloris a propósito del sufrimiento como misterio, son: 1) Mal
y sufrimiento: identificación inicial; primera referencia a su causa;
corrección de parte de Dios; mal, fuente del bien; destrucción del mal por
Cristo en sus milagros; destrucción de enfermedades y muerte; el mal, fuente del
bien. 2) Cristo asume el sufrimiento: destrucción del mal y del
sufrimiento; asunción del sufrimiento por el Padre; el mal no es el sufrimiento
sino su causa; suprimiendo su causa se suprime el efecto; el sufrimiento suprime
el sufrimiento; sufrimiento infinito: supresión absoluta y total. 3)
Sufrimiento humano: suprimir el sufrimiento humano mediante el sufrimiento
humano; el pecado, causa del sufrimiento; paradoja amorosa; bondad del
sufrimiento; suplencia del sufrimiento de Cristo; participación del sufrimiento
supresor; aliviar el sufrimiento; síntesis del misterio.
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