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PALABRAS DEL CARDENAL KASPER EN LA CEREMONIA DE ENTREGA DEL ICONO DE
LA MADRE DE DIOS DE KAZAN
Moscú, Catedral
de la Dormición
Sábado 28 de agosto de 2004
Santidad:
En nombre de Su Santidad el Papa Juan Pablo II y de la delegación de la Santa
Sede de Roma enviada por él, tengo el honor de saludarlo y de saludar juntamente
con usted a los metropolitas, los obispos, los sacerdotes, los monjes y las
monjas aquí presentes, así como a todo el pueblo de Dios de la santa Iglesia
ortodoxa rusa. ¡La paz y la gracia de Dios estén con vosotros!
Su Santidad el Papa Juan Pablo II ha encargado a esta delegación que entregue en
su nombre a Vuestra Santidad y, a través de vuestra reverendísima persona, a la
Iglesia ortodoxa rusa este venerado y antiguo icono de la Madre de Dios de
Kazan, fervientemente venerado por enteras generaciones de fieles del pueblo
ruso.
El icono de la Madre de Dios de Kazan, profundamente arraigada en el corazón y
en la historia de este país como protectora de la tierra rusa y de su pueblo,
partió de aquí un día lejano y, después de atravesar varios países de Occidente,
se detuvo largo tiempo en el santuario de Fátima, en Portugal, donde ha sido
venerada por numerosos fieles católicos. Finalmente, por providencia divina,
llegó a la casa del Papa, el cual ha orado ante esta sagrada imagen pidiendo a
la Madre de Dios de Kazan que proteja al pueblo ruso.
Así, la Madre de Dios de Kazan, venerado símbolo de la milenaria tradición
cristiana del pueblo ruso, y la ayuda que ella ha prestado en las situaciones
más difíciles de la larga historia de este pueblo, gracias a su viaje, durante
el cual ha sido venerada e implorada también por muchos fieles católicos, ha
reunido en torno a sí en oración a las dos partes de la cristiandad, y ha
llegado a ser también el símbolo de la profunda unidad en la fe y en el amor que
existe entre Oriente y Occidente, a pesar de los deplorables equívocos y
diferencias; este icono ha precedido nuestros esfuerzos encaminados a
restablecer la unidad plena de la Iglesia de Dios querida por nuestro Señor
común, Jesucristo.
Por medio de este icono, en torno al cual se concentra la veneración de
innumerables fieles, los católicos expresamos nuestro alto aprecio por la gran
nación rusa, por su rica tradición cristiana, por la fidelidad hasta el
derramamiento de la sangre de tantos fieles rusos durante el oscuro período de
la persecución y la opresión llevada a cabo por un régimen que buscaba arrancar
la fe y los valores cristianos del corazón de este pueblo, que ha permanecido
profundamente cristiano y fiel al Evangelio. Por medio de este icono dirigimos
nuestra profunda gratitud a Dios, que ha derribado a los poderosos de sus tronos
y ha exaltado a los humildes (cf. Lc 1, 52), para reavivar la vida
cristiana en esta tierra.
Ahora que la gloriosa Madre de Dios de Kazan vuelve a su patria y a la tierra de
Rusia, le suplicamos que proteja y guíe a su pueblo hacia un futuro que deseamos
sea pacífico y feliz; le pedimos que interceda por el respeto mutuo y la amistad
entre los hombres de diversas culturas y religiones, por la paz de todo el mundo
en la justicia y en la libertad; y le imploramos que apresure el día en que
todos los discípulos de su Hijo se reconozcan plenamente hermanos y hermanas, y
sean uno para que el mundo crea (cf. Jn 17, 21); el día en que todos los
cristianos proclamen con una sola voz las maravillas, la misericordia y la
grandeza de Dios.
Quisiera concluir con las palabras que el Papa Juan Pablo II pronunció en el
Vaticano el miércoles pasado en la solemne despedida de este icono. Dijo: "Esta
antigua imagen de la Madre del Señor expresará a Su Santidad Alexis II y al
venerado Sínodo de la Iglesia ortodoxa rusa el afecto que el Sucesor de Pedro
siente por ellos y por todos los fieles que les han sido encomendados. Expresará
su estima por la gran tradición espiritual que conserva la santa Iglesia rusa.
Expresará el deseo y el firme propósito del Papa de Roma de avanzar juntamente
con ellos por el camino del conocimiento mutuo y de la reconciliación, para
apresurar el día de la unidad plena de los creyentes por la que nuestro Señor
Jesucristo oró ardientemente (cf. Jn 17, 20-22)".
Santidad, le entrego el icono de la Madre de Dios de Kazan. Que la santísima
Madre de Dios sea la Madre de su pueblo y refugio para todos en sus peligros y
necesidades; que sea la Madre de Europa y de toda la humanidad; que sea la Madre
de la paz en el mundo; que sea la Madre de la Iglesia y de la unidad plena entre
Oriente y Occidente; que sea nuestra Madre común, nuestra abogada, nuestro
auxilio y nuestro socorro en la peregrinación hacia un futuro que esperamos sea
reconciliado y pacífico.
¡Santa María, intercede por nosotros!
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