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Tengo el gusto de dirigirme a Usted nuevamente en favor de la
Tierra Santa, a la que, debido a la triste situación que afecta a todos sus
habitantes, se dedica en la actualidad largos espacios en los medios de
comunicación social y que ocupa también un amplio lugar en el corazón de la
Iglesia entera. Este Dicasterio sigue de modo particular el drama de la
Comunidad cristiana, que por la falta de paz y estabilidad está disminuyendo
continuamente. Esa Comunidad tiene cada vez más necesidad de ayuda de parte de
todas las diócesis y de todas las instituciones eclesiásticas.
La Colecta del "Viernes Santo", como Usted sabe bien, tiene por
fin el promover en los fieles cristianos el amor a la Tierra del Señor, para que
allí la Iglesia pueda sobrevivir, se sienta amada y apoyada por la solidaridad
de todos los cristianos, y continúe dando testimonio de fe en Aquel que en esa
misma Tierra nació, predicó el Evangelio, murió y resucitó.
El Santo Padre Juan Pablo II manifiesta constantemente su
paterna cercanía a los cristianos de Tierra Santa. En la Audiencia a los
participantes a la Asamblea de la "Reunión de las Obras en Ayuda de las Iglesias
Orientales" ("Riunione delle Opere in Aiuto alle Chiese Orientali",
R.O.A.C.O.), del 24 de junio de 2004, subrayó la importancia de esa Colecta: "La
comunión solidaria, que une a todos los creyentes en Cristo, es la Colecta para
Tierra Santa, tradicionalmente recogida el Viernes Santo en todos los lugares
del mundo. Mis venerados Predecesores siempre encomendaron a todas las
Comunidades cristianas el cuidado de la Iglesia madre de Jerusalén. Es necesario
perseverar, rezando intensamente por la paz de los Pueblos que viven en la
Tierra de Jesús. Sometidos como están a la tan dura prueba de la permanente
violencia y de otros numerosos problemas que producen empobrecimiento económico,
conflictividad social y degradación humana y cultural, no venga a faltar a los
cristianos el soporte de la entera Iglesia católica".
La Congregación para las Iglesias Orientales, haciendo eco a las
palabras de Su Santidad, renueva la llamada "pro Terra Sancta". Tierra que he
tenido el gozo de visitar personalmente del 13 al 19 de abril de 2004: me hice
peregrino en Jerusalén, Belén y en los
Santuarios de Galilea, recogiéndome en oración en los lugares de
nuestra redención. He podido encontrarme con la Jerarquía, el clero, los
religiosos y los fieles de las Iglesias católicas que allí desarrollan su
misión, así como también de las Iglesias ortodoxas. En esa inolvidable
peregrinación he tenido oportunidad de "recibir y dar esperanza" y de ofrecer un
signo de fraterna cercanía a nuestros hermanos, sometidos a la dura prueba del
conflicto que aflige a toda la región. La paz en el mundo pasa por Jerusalén,
"Ciudad de la Paz", la "Ciudad Santa" y "Capital del monoteísmo", como la llamó
el Papa Pablo VI en la "Nobis in animo", del 25 de marzo de 1974. Por ello
corresponde a cada cristiano actuar en favor de esa deseada paz, don especial de
Dios, al que deben consagrarse nuestras oraciones, nuestros esfuerzos y nuestra
solidaridad.
2. Tengo, en fin, el honor de expresarle, a Usted y a sus
directos colaboradores, el cordial agradecimiento de Su Santidad, a la que uno
tanto mis sentimientos de máxima gratitud como los de esa Porción del Pueblo de
Dios que vive en la tierra de Nuestro Salvador.
Con mis más atentos y fraternales saludos, me confirmo
Suyo
devmo.
Ignace Moussa Card. Daoud
Patriarca emérito de
Antioquía de los Sirios, Prefecto
Antonio Maria Vegliò
Secretario