|
EUROSIA FABRIS (1866-1932)
foto
Nació en Quinto Vicentino, pequeña localidad situada cerca de
la ciudad de Vicenza (Italia), el 27 de septiembre de 1866; sus padres eran
campesinos.
En 1870 la familia se trasladó a Marola, otro pueblo de la
provincia de Vicenza, donde Eurosia pasó toda su vida. Sólo pudo ir dos años a
la escuela, entre 1872 y 1874, pues tuvo que ayudar a su padre en los trabajos
del campo y a su madre en los quehaceres domésticos. En la escuela aprendió al
menos a leer y escribir. Eso le permitió leer la sagrada Escritura y algunos
textos de contenido religioso, como el Catecismo y la historia sagrada.
Ayudaba a su madre en el oficio de costurera, en el que llegó
a ser experta. Dotada de grandes cualidades humanas y religiosas, siempre
estuvo atenta a las exigencias de su familia.
A los doce años recibió la primera Comunión. Desde ese día
comulgaba en todas las fiestas religiosas, pues en ese tiempo no estaba
permitida la Comunión diaria.
Se inscribió en la asociación de Hijas de María, en la
parroquia de Marola. Asistía con asiduidad a las reuniones periódicas del
grupo y cumplía sus estatutos con diligencia.
Cultivó una ferviente devoción al Espíritu Santo, a Cristo
crucificado, a la Virgen María y a las almas del Purgatorio. Su amor a María
se vio favorecido por la cercanía del santuario de la Virgen de Monte Berico,
que se divisaba desde su pueblo.
Fue apóstol en su familia, entre sus amigas y en la parroquia;
enseñaba el catecismo a las niñas y a las adolescentes que acudían a su casa
para aprender el arte del corte y confección.
A los dieciocho años era una joven responsable, piadosa y
laboriosa. Estas virtudes y su belleza no pasaron desapercibidas, y recibió
varias propuestas de matrimonio, que no tomó en consideración.
En 1885 vivió una dolorosa experiencia que marcó su vida: una
vecina, joven esposa, murió dejando tres hijas muy pequeñas, la primera de las
cuales murió poco después; la segunda tenía veinte meses y, la tercera,
cuatro. Con Carlos, el padre de las dos huérfanas, vivían un tío y el abuelo,
enfermo crónico: tres hombres de carácter diverso y a menudo en conflicto
entre sí.
Durante seis meses, Eurosia acudía todas las mañanas para
cuidar de las niñas y arreglar la casa. Luego, siguiendo el consejo de los
parientes y del párroco, después de orar intensamente, aceptó casarse con
Carlos, aunque era consciente de los sacrificios que debería afrontar.
Consideró ese matrimonio como voluntad de Dios, que la llamaba a una nueva
misión. El párroco diría después: "Fue realmente un acto heroico de caridad
con el prójimo".
El matrimonio se celebró el 5 de mayo de 1886 y se vio
coronado con nueve hijos.
Cumplió con la máxima fidelidad sus deberes de esposa y
madre: profunda comunión con su marido, del que se hizo consejera y
consoladora; tierno amor a todos sus hijos; laboriosidad incansable; intensa
vida de oración, amor a Dios y devoción a la Eucaristía y a la Virgen María.
Entró en la Tercera Orden Franciscana
—hoy llamada Orden Franciscana Seglar—,
y vivió su espíritu de pobreza y alegría en el trabajo y en la oración, en la
alabanza a Dios creador, fuente de todo bien y de toda nuestra esperanza.
Convirtió su familia en una auténtica iglesia doméstica, donde
supo educar a sus hijos en la oración, la obediencia, el temor de Dios, el
sacrificio, la laboriosidad y las demás virtudes cristianas.
Así se sacrificó y consumó, día a día, como una lámpara en el
altar de la caridad.
Murió el 8 de enero de 1932.
|