|

Vía Crucis - Siglo XX
Archivo Casa Generalicia S.V.D.- Roma
CUARTA ESTACIÓN Jesús es
negado por Pedro
V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.
Del Evangelio según san Marcos 14, 66-68.72
Mientras Pedro estaba abajo en el patio, llegó una criada del sumo sacerdote y,
al ver a Pedro calentándose, lo miró fijamente y dijo: «También tú andabas con
Jesús el Nazareno». Él lo negó diciendo: «Ni sé ni entiendo lo que quieres
decir»... Y en seguida, por segunda vez, cantó el gallo. Pedro se acordó de las
palabras que le había dicho Jesús: «Antes de que cante el gallo dos veces, me
habrás negado tres», y rompió a llorar.
MEDITACIÓN
«Aunque tenga que morir contigo, no te negaré» (Mc 14, 31). Pedro era
sincero cuando decía esto, pero no se conocía a sí mismo, no conocía su
debilidad. Era generoso, pero había olvidado contar con la generosidad del
Maestro. Pretendía morir por Jesús, mientras era Jesús quien debía morir por él
para salvarlo.
Al hacer de Simón la «piedra» sobre la cual fundar la Iglesia, Cristo incorpora
al apóstol a su iniciativa de salvación. Pedro creyó ingenuamente que podía dar
algo al Maestro, mientras que todo lo recibía gratuitamente de él, incluido el
perdón tras la negación.
Jesús no cambió su elección de Pedro como fundamento de su Iglesia. Después del arrepentimiento, se concedió a Pedro la capacidad de confirmar a sus hermanos.
ORACIÓN
Señor, cuando Pedro habla, iluminado por la revelación del Padre, te reconoce
como Cristo, Hijo de Dios vivo. En cambio, cuando se fía de su razón y de su
buena voluntad, se transforma en obstáculo para tu misión. La presunción le
lleva a renegar de ti, su Maestro; en cambio, el arrepentimiento humilde lo
confirma como la roca sobre la cual tú edificas tu Iglesia. La decisión de
confiar la continuación de la obra de la salvación a hombres débiles y
vulnerables manifiesta tu sabiduría y poder.
Señor, protege a los hombres que has elegido, para que las puertas del infierno
no prevalezcan sobre tus siervos.
Dirige tu mirada sobre todos nosotros, como hiciste aquella noche con Pedro,
después del canto del gallo.
Todos:
Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.
Quæ mærebat et dolebat
Pia mater, cum videbat
Nati poenas incliti.
© Copyright 2008 - Libreria
Editrice Vaticana
|