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¡VEN, ESPÍRITU DE AMOR Y DE
PAZ!
Oración del Papa para el año dedicado al
Espíritu Santo
Espíritu Santo, dulce huésped del alma, muéstranos
el sentido profundo del gran jubileo y prepara nuestro espíritu para
celebrarlo con fe, en la esperanza que no defrauda, en la caridad que
no espera recompensa.
Espíritu de verdad, que conoces las
profundidades de Dios, memoria y profecía de la Iglesia, dirige
la humanidad para que reconozca en Jesús de Nazaret el Señor
de la gloria, el Salvador del mundo, la culminación de la historia.
¡Ven, Espíritu de amor y de paz!
Espíritu
creador, misterioso artífice del Reino, guía la Iglesia con
la fuerza de tus santos dones para cruzar con valentía el umbral del
nuevo milenio y llevar a las generaciones venideras la luz de la
Palabra que salva.
Espíritu de santidad, aliento divino que
mueve el universo, ven y renueva la faz de la tierra. Suscita en los
cristianos el deseo de la plena unidad, para ser verdaderamente en el mundo
signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad
del género humano.
¡Ven, Espíritu de amor y de
paz!
Espíritu de comunión, alma y sostén de
la Iglesia, haz que la riqueza de los carismas y ministerios
contribuya a la unidad del Cuerpo de Cristo, y que los laicos, los
consagrados y los ministros ordenados colaboren juntos en la edificación
del único reino de Dios.
Espíritu de consuelo, fuente
inagotable de gozo y de paz, suscita solidaridad para con los necesitados,
da a los enfermos el aliento necesario, infunde confianza y esperanza
en los que sufren, acrecienta en todos el compromiso por un mundo mejor.
¡Ven, Espíritu de amor y de paz!
Espíritu de sabiduría, que iluminas la mente y el corazón,
orienta el camino de la ciencia y de la técnica al servicio de la
vida, de la justicia y de la paz. Haz fecundo el diálogo con los
miembros de otras religiones, y que las diversas culturas se abran a los
valores del Evangelio.
Espíritu de vida, por el cual el Verbo
se hizo carne en el seno de la Virgen, mujer del silencio y de la escucha, haznos
dóciles a las muestras de tu amor y siempre dispuestos a acoger los
signos de los tiempos que tú pones en el curso de la historia.
¡Ven, Espíritu de amor y de paz!
A ti, Espíritu
de amor, junto con el Padre omnipotente y el Hijo unigénito,
alabanza, honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.
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