|
DISCURSO DEL SANTO PADRE PABLO VI
A LOS OBISPOS DE LAS PROVINCIAS ECLESIÁSTICAS
DE VALENCIA, OVIEDO Y PAMPLONA EN VISITA «AD LIMINA»
Jueves, 2 de diciembre de 1976
Queremos ante todo expresar nuestra gran satisfacción y alegría, al
poder encontrarnos hoy con vosotros, venerables y queridos Hermanos en el
Episcopado, Pastores de las diócesis que componen las provincias eclesiásticas
de Valencia, Oviedo y Pamplona, junto con el Obispo de Segovia, aquí congregados
con motivo de vuestra visita «ad limina».
Esta circunstancia nos depara lo oportunidad de una vivencia, intensa y
renovada, de comunión en los mismos sentimientos de fidelidad a Cristo, de amor
creciente y entregado a la Iglesia, de solicitud acuciante por el bien de las
almas.
Vuestra presencia nos hace sentir también cercano al pueblo fiel de vuestras
respectivas comunidades diocesanas, objeto de vuestros desvelos y esperanzas.
Mirando precisamente hacia esas porciones del Pueblo de Dios, queremos
confirmaros en vuestra misión, exhortándoos a ser siempre verdaderos «heraldos,
apóstoles y maestros» del Evangelio (Cfr. 2 Tim. 1, 10-11).
Con un claro discernimiento de vuestra condición eclesial y con la sana
libertad de quien sirve al Señor, no dejéis de dar a vuestras comunidades la luz
de vuestra enseñanza, fiel al mensaje de Cristo y adecuada a las concretas
circunstancias sociales en las que cada hijo de la Iglesia ha de desplegar su
actividad personal, familiar, cívica.
Llevad, sobre todo, a vuestros sacerdotes, personas consagradas y
colaboradores en el apostolado nuestro aliento paterno, nuestro saludo y nuestro
especial recuerdo, mientras los encomendamos a vuestros cuidados más entrañables.
Con estos sentimientos impartimos de corazón a vosotros y a todos y cada uno de
los miembros de vuestras Iglesias particulares nuestra Bendición Apostólica.
|