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PALABRAS
DE JUAN PABLO II A SU LLEGADA A PORTUGAL
Viernes 12 de mayo de 2000
Señor presidente de la República; señor primer
ministro; venerado señor patriarca de Lisboa; amados hermanos en el
episcopado; distinguidas autoridades; señoras y señores:
Dios me ha concedido volver a Portugal, y por eso le doy gracias y lo bendigo.
A vosotros, que os habéis reunido para recibirme, y a todos los hijos e hijas
de esta noble nación, os dirijo mi cordial saludo de solidaridad y paz. Mi
primer saludo, con afecto, es para usted, señor presidente, que ha querido
honrar mi llegada con su presencia: ¡muchas gracias!
Quiero dar las gracias desde ahora a las autoridades del Estado por toda la
comprensión y disponibilidad con que han hecho posible esta breve visita, que
se reduce prácticamente a una ceremonia litúrgica en el santuario de Fátima.
De hecho, acogiendo la insistente invitación de los señores obispos de
Portugal, he aceptado venir a Cova de Iría para celebrar, junto con la
comunidad católica, la beatificación de los pastorcitos Francisco y Jacinta
Marto en la misma tierra que fue su cuna y que ahora es su altar. Sé que
la patria canta a sus héroes y se gloría de sus santos; el Papa se une de
buen grado a la alegría de Portugal.
Al inicio de mi visita, expreso mi profunda estima y afecto a todos los
portugueses, a quienes deseo un futuro de paz, bienestar y prosperidad,
prosiguiendo por la senda de sus tradiciones y valores patrióticos más
genuinos, que se basan en el cristianismo. Que Dios vele por todos los hijos e
hijas de esta tierra de santa María. ¡Dios bendiga a Portugal!
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