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MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LOS SACERDOTES Y FIELES QUE PARTICIPABAN EN LA MISA "IN CENA DOMINI" EN LA
BASÍLICA VATICANA
Jueves Santo 24 de marzo de 2005
Amadísimos hermanos y hermanas:
Con la mente y con el corazón estoy unido a vosotros, que os encontráis reunidos
junto al sepulcro del apóstol san Pedro para la santa misa In cena Domini,
primer acto del Triduo pascual, cumbre del Año litúrgico. Os saludo con gran
afecto y, de modo especial, saludo y doy las gracias al cardenal Alfonso López
Trujillo, que preside la solemne celebración. Asimismo, saludo con particular
deferencia al Cuerpo diplomático.
Esta tarde del Jueves santo, Cristo nos invita a volver espiritualmente con él
al Cenáculo, para que penetremos hasta el fondo en el misterio de su Pascua. En
la víspera de su muerte, Jesús realizó dos signos, que cada año se renuevan en
la liturgia.
En primer lugar, lavó los pies a los Apóstoles, para darles ejemplo de un amor
que se hace servicio humilde y concreto. Luego, consagró el pan y el vino, como
sacramento de su Cuerpo y de su Sangre, entregados en sacrificio por nuestra
salvación. Y precisamente al sacramento de la Eucaristía he querido dedicar el
año que estamos viviendo; esta celebración constituye uno de sus momentos más
significativos.
Que María nos ayude a acercarnos con fe a este supremo e inestimable Misterio
del amor divino. Espiritualmente presente, oro junto con vosotros, mientras con
afecto os bendigo a todos.
Vaticano, 24 de marzo de 2005
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Editrice Vaticana
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