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VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD JUAN PABLO
II
A AZERBAIYÁN Y BULGARIA
ENCUENTRO CON LOS REPRESENTANTES DE LAS
RELIGIONES, LA POLÍTICA, LA CULTURA Y EL ARTE
DISCURSO DEL SANTO PADRE
Bakú,
miércoles 22 de mayo de 2002
Señor presidente de la República; ilustres señores y amables señoras:
1. Me alegra profundamente estar hoy entre vosotros. Saludo a cada uno de
los presentes, con un pensamiento de especial gratitud para el señor presidente
de la República, que en nombre de todos me ha dirigido cordiales expresiones de
bienvenida.
Un gran poeta vuestro escribió: "Lo que es nuevo y antiguo al mismo
tiempo es la palabra... La palabra que, como el espíritu, es inmaculada, es la
tesorera del cofre del reino invisible: conoce historias jamás oídas y
lee libros jamás escritos" (Nizami, Las siete bellezas). Estas
palabras aluden a algo muy querido para las tres grandes religiones
presentes en este país: la judía, la cristiana y la islámica. Según la
doctrina de cada una de ellas, el Dios único, envuelto en su misterio
inaccesible, ha aceptado hablar con los hombres, invitándolos a someterse a su
voluntad.
2. A pesar de las diferencias que existen entre nosotros, nos sentimos
todos comprometidos a cultivar relaciones de estima y de benevolencia recíproca.
Al respecto, conozco la intensa obra realizada por los líderes religiosos en
favor de la tolerancia y la comprensión mutua en Azerbaiyán. Espero el
encuentro de mañana con los representantes de las tres religiones monoteístas
para afirmar junto con ellos la convicción de que la religión no debe servir
para alimentar la contraposición y el odio, sino para promover el amor y la
paz.
Desde este país, que ha conocido y conoce la tolerancia como valor preliminar
de toda sana convivencia civil, queremos gritar al mundo: ¡Basta con
la guerra en nombre de Dios! ¡Basta con la profanación de su santo nombre!
He venido a Azerbaiyán como embajador de paz. Mientras tenga voz, gritaré:
"¡Paz, en nombre de Dios!". Y si una voz se une a otra voz, nacerá
un coro, una sinfonía, que levantará los ánimos, extinguirá el odio y
desarmará los corazones.
3. Alabanza a vosotros, hombres del islam en Azerbaiyán, por
haberos abierto a la hospitalidad, valor tan querido para vuestra religión y
para vuestro pueblo, y por haber aceptado a los creyentes de las demás
religiones como hermanos vuestros.
Alabanza a vosotros, judíos, que habéis mantenido aquí con valentía y
constancia vuestras antiguas tradiciones de buena vecindad, enriqueciendo esta
tierra con una aportación de gran valor y profundidad.
Alabanza a vosotros, cristianos, que habéis contribuido de modo
consistente, sobre todo con la antigua Iglesia de los albanos, a construir la
identidad de esta tierra. Alabanza en particular a ti, Iglesia ortodoxa,
testigo del Dios amigo de los hombres y canto elevado a su belleza. Cuando la
furia del ateísmo se desencadenó en esta región, acogiste a los hijos de la
Iglesia católica, privados de sus lugares de culto y de sus pastores, y los
pusiste en comunicación con Cristo mediante la gracia de los santos
sacramentos.
¡Alabado sea Dios por este testimonio de amor, dado por las tres grandes
religiones! Ojalá que crezca y se refuerce, apagando con el rocío del afecto y
de la amistad todo foco residual de oposición.
4. Ilustres señores y señoras, vosotros no sólo representáis aquí el
mundo de las religiones, sino también el de la cultura, del arte
y de la política. ¡Qué extraordinaria vocación habéis recibido y qué
alta responsabilidad tenéis! Muchos se encuentran hoy como perdidos, en busca
de una identidad.
A vosotros, testigos de la cultura y del arte, os digo: la
belleza, como sabéis, es luz del espíritu. El alma, cuando se
encuentra serena y reconciliada, cuando vive en armonía con Dios y con el
universo, emana una luz que ya es belleza. La santidad no es más que belleza
plena, en cuanto refleja, como sabe y puede, la suma belleza del Creador.
Vuestro poeta Nizami escribió también: "Los ángeles inteligentes
son los que tienen nombre de hombre. La inteligencia es algo maravilloso" (Las
siete bellezas).
Queridos amigos, exponentes de la cultura y del arte, a quienes se acerquen a
vosotros transmitidles el gusto de la belleza. Como nos enseñan los
antiguos, lo bello, lo verdadero y lo bueno están unidos por un vínculo
indisoluble.
5. Que en esta tierra ninguno de los que se han dedicado a la cultura y al
arte se sienta inútil o mortificado. Su contribución es esencial para el
futuro del pueblo azerí. Si se margina la cultura, si se descuida y
desprecia el arte, se pone en peligro la supervivencia misma de la civilización,
porque se impide la transmisión de los valores que constituyen la identidad de
un pueblo.
En el pasado reciente, una visión materialista y neopagana ha caracterizado a
menudo el estudio de las culturas nacionales. Vosotros, ilustres señores, tenéis
la misión de redescubrir todo el patrimonio de vuestra civilización
como fuente de valores siempre actuales. Así podréis preparar subsidios
adecuados a los jóvenes, deseosos de conocer las riquezas auténticas de la
historia de su país, a fin de fundar sobre bases sólidas su vida de
ciudadanos.
6. Mi palabra se dirige ahora a vosotros, hombres y mujeres de la política.
Vuestra actividad específica es servicio al bien común, es promoción del
derecho y la justicia, es garantía de libertad y prosperidad para todos. Pero
la política es también un ámbito lleno de peligros. Es fácil que se
imponga en ella la búsqueda egoísta del interés personal, en detrimento de la
dedicación necesaria al bien común. El gran Nizami advierte: "No
comas delante de los hambrientos o, si lo haces, invita a todos a tu mesa"
(Las siete bellezas).
La política requiere honradez y transparencia. El pueblo debe poder
sentirse comprendido y protegido. Debe poder constatar que sus líderes trabajan
para garantizarles un futuro mejor. Ojalá no suceda jamás que la gente, ante
situaciones de creciente desigualdad social, se vea impulsada a añorar
peligrosamente el pasado.
Quien asume la responsabilidad de la gestión de la cosa pública no puede engañarse:
¡el pueblo no olvida! Del mismo modo que sabe recordar con gratitud a
quien se ha entregado con honradez al servicio del bien común, así también
transmite a sus hijos y nietos el descrédito amargo hacia quien se ha
aprovechado del poder para enriquecerse de modo fraudulento.
7. Una cosa, en particular, quisiera deciros a todos vosotros, hombres y
mujeres de la religión, de la cultura, del arte y de la política: pensad
en los jóvenes y por ellos comprometeos con todas vuestras energías. Ellos
son la fuerza del futuro. Aseguradles la posibilidad de estudiar y trabajar de
acuerdo con sus predisposiciones personales y la capacidad de compromiso de cada
uno. Sobre todo, preocupaos de formarlos en los valores profundos que
perduran a pesar del paso del tiempo y dan un sentido a la vida y a la
actividad.
En esta tarea, sobre todo vosotros, hombres y mujeres de la cultura, del arte y
de la política, sentid a la religión como vuestra aliada. Está a
vuestro lado para dar a los jóvenes serias razones de compromiso. En efecto, ¿qué
ideal es capaz de impulsar a la búsqueda de la verdad, de la belleza y del
bien, más que la fe en Dios, que abre de par en par ante la mente los
horizontes ilimitados de su suma perfección?
Y vosotros, hombres de religión, sentíos siempre comprometidos a anunciar con
sinceridad y lealtad los valores en los que creéis, sin recurrir a instrumentos
falaces, que empobrecen y traicionan los ideales proclamados. Confrontaos sobre
los contenidos, evitando los medios de persuasión que no respeten la dignidad y
la libertad de la persona.
8. En una de sus plegarias a Dios Nizami escribió: "Aunque tu
siervo..., al hacer su oración, ha sido audaz, su agua pertenece siempre a tu
mar... Si hablara cien lenguas, en cada una de ellas te alabaría; si calla como
los desamparados, tú sabes comprender la lengua de quien no tiene palabra"
(Leila y Majnun).
Que cien lenguas diversas, desde esta tierra cosmopolita, eleven su plegaria al
Dios vivo, el cual sabe escuchar sobre todo a los pobres y olvidados.
Sobre vosotros, aquí presentes, sobre vuestro pueblo y sobre vuestro futuro
desciendan las bendiciones de Dios todopoderoso y traigan a todos prosperidad y
paz.
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