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JORNADA DE ORACIÓN POR LA PAZ EN EL
MUNDO
SALUDO DEL PAPA JUAN PABLO II A
LOS REPRESENTANTES DE LAS CONFESIONES CRISTIANAS Y DE LAS DIVERSAS RELIGIONES
Asís,
24 de enero de 2002
1. Os acojo a todos con alegría y doy a cada uno mi cordial bienvenida.
Gracias por haber aceptado mi invitación, participando, aquí en Asís, en este
encuentro de oración por la paz, que trae a la memoria el de 1986, y del que
constituye como una significativa prolongación. El objetivo es siempre el
mismo, es decir, orar por la paz, la cual es ante todo don de Dios, que hay que
implorar con ferviente y confiada insistencia. En los momentos de más intenso
temor por el destino del mundo, se siente con mayor fuerza el deber de
comprometerse personalmente en la defensa y en la promoción del bien
fundamental de la paz.
2. Dirijo un saludo especial al patriarca ecuménico, Su Santidad Bartolomé
I, y a cuantos lo acompañan; al patriarca de Antioquía y de todo Oriente, Su
Beatitud Ignace IV; al catholicós patriarca de la Iglesia asiria de Oriente, Su
Santidad Mar Dinkha IV; al arzobispo de Tirana, Durrës y de toda Albania, Su
Beatitud Anastas; a los delegados de los patriarcas de Alejandría, Jerusalén,
Moscú, Serbia y Rumanía; de las Iglesias ortodoxas de Bulgaria, Chipre y
Polonia; a los delegados de las antiguas Iglesias de Oriente: el
patriarcado siro-ortodoxo de Antioquía, la Iglesia apostólica armenia, el
catholicosado armenio de Cilicia y la Iglesia siro-ortodoxa de Malankar. Saludo
al representante del arzobispo de Canterbury, Su Gracia George Carey, y a los
numerosos representantes de las Iglesias y comunidades eclesiales, federaciones
y alianzas cristianas de Occidente; al secretario general del Consejo ecuménico
de las Iglesias y a los representantes del judaísmo mundial, que se han
adherido a esta especial Jornada de oración por la paz.
3. Asimismo, deseo dar mi más cordial bienvenida a los exponentes de las
diversas confesiones religiosas: a los representantes del islam, que han
acudido aquí de Albania, Arabia Saudí, Bosnia, Bulgaria, Egipto, Jerusalén,
Jordania, Irán, Irak, Líbano, Libia, Marruecos, Senegal, Estados Unidos, Sudán
y Turquía; a los representantes del budismo, que han venido de Taiwan y Gran
Bretaña, y a los del hinduismo, que han venido de la India; a los
representantes pertenecientes a la religión tradicional africana, que vienen de
Ghana y Benin, así como a los que vienen de Japón en representación de
diferentes religiones y movimientos; a los representantes sijs de la India,
Singapur y Gran Bretaña; a los delegados del confucianismo, del zoroastrismo y
del jainismo. No me es posible nombrarlos a todos, pero quisiera que mi saludo
no olvidara a ninguno de vosotros, amables y gratos huéspedes, a quienes
agradezco una vez más el que hayáis aceptado participar en esta significativa
jornada.
4. Mi gratitud se extiende a los venerados cardenales y obispos presentes;
en particular, al cardenal Edward Egan, arzobispo de Nueva York, ciudad tan
duramente probada en los trágicos acontecimientos del 11 de septiembre; saludo
asimismo a los representantes de los episcopados de las naciones donde se siente
con mayor fuerza la exigencia de la paz. Dirijo un saludo especial al cardenal
Lorenzo Antonetti, delegado pontificio para la basílica patriarcal de San
Francisco en Asís, y a los queridos Frailes Menores Conventuales, que, como
siempre, nos brindan una acogida generosa y una hospitalidad familiar.
Saludo con deferencia al presidente del Gobierno italiano, señor Silvio
Berlusconi, al ministro de Infraestructuras y Transportes y a las demás
autoridades que nos honran con su presencia, así como a las fuerzas de policía
y a cuantos contribuyen a asegurar el buen desarrollo de esta jornada.
Por último, os saludo a vosotros, amadísimos hermanos y hermanas presentes, y
especialmente a vosotros, queridos jóvenes que habéis permanecido en vela
durante toda la noche. Dios nos conceda que de este encuentro broten los frutos
de paz para el mundo entero que todos deseamos de corazón.
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