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ALOCUCIÓN DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A
UN GRUPO DE PEREGRINOS DE BAVIERA
Sábado 20 de abril de 2002
Querido cardenal Ratzinger; queridos hermanos en el episcopado; ilustre ministro; colaboradores de la Congregación para la doctrina de la
fe; miembros del grupo de alumnos del cardenal Ratzinger; queridos cazadores
alpinos de Baviera; queridos hermanos y hermanas:
1. Os dirijo a todos mi más cordial saludo. Los varios aniversarios de mi
estimado hermano en el episcopado y estrecho colaborador mío, el prefecto de la
Congregación para la doctrina de la fe, han sido el motivo que os ha impulsado
a realizar una peregrinación a Roma, a la sede del Sucesor de Pedro. Hace pocos
días el cardenal Joseph Ratzinger celebró setenta y cinco años; al mismo
tiempo, durante estas semanas recuerda con gratitud su nombramiento como
arzobispo de Munich y Freising y su ordenación episcopal, que tuvo lugar hace
veinticinco años.
Con gran alegría os doy la bienvenida al Palacio apostólico a todos vosotros,
que habéis venido de Baviera y de otras regiones. Ojalá que las misas solemnes
y los encuentros de estos días sean para vosotros una inolvidable "fiesta
de la fe".
2. Cumplís con fidelidad las palabras del Apóstol: "Acordaos
de vuestros dirigentes, que os anunciaron la palabra de Dios, (...) e imitad su
fe" (Hb 13, 7). En efecto, el honor que rendís al estimadísimo
cardenal Ratzinger no sólo se refiere a su personalidad, sino también y sobre
todo a su servicio sacerdotal y episcopal, que prestó primero en Alemania, en
su tierra bávara, y después, desde 1981, aquí en Roma, con entrega incansable
al servicio de la verdad, que lleva a los hijos de Dios a la libertad auténtica
(cf. Jn 8, 32).
3. Joseph Ratzinger, nombrado en 1977 arzobispo de Munich y Freising por mi
venerado predecesor el Papa Pablo VI y creado cardenal ese mismo año, ha
profundizado y proseguido su trabajo de teólogo con la gran responsabilidad ínsita
en su compromiso de pastor.
En efecto, el servicio de salvación encomendado al obispo ha colmado su
actividad de prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe, de
presidente de la Comisión bíblica pontificia y de la Comisión teológica
internacional, y de miembro de otros dicasterios de la Santa Sede. Entre los
diversos documentos del Magisterio, a los que el cardenal dio una notable
contribución, destaca el Catecismo de la Iglesia católica, de cuya
redacción se encargó una comisión que trabajó bajo su dirección desde 1986
hasta 1992. Más allá de su ámbito de competencia, lleno de desafíos, el
Cardenal, con un sinfín de conferencias y publicaciones, ha logrado testimoniar
la fuerza de irradiación de la fe católica en su profundidad y belleza.
4. Queridos hermanos y hermanas, el cardenal Ratzinger se ha propuesto como
tarea de toda su vida ser "colaborador de la verdad", según el
ejemplo de muchos admirables pastores de la santa Iglesia de Cristo. Mediante su
ejemplo os estimula a descubrir el servicio a la verdad, que es Dios mismo, en
las diversas situaciones de vuestra vida con la alegría de la fe y con
constancia. Le agradezco sinceramente su trabajo, y pido a Dios que continúe
guiándolo amorosamente para que prosiga su servicio a la Iglesia.
A todos vosotros, que habéis venido para celebrar sus aniversarios, os deseo
que, enriquecidos por la experiencia de una fe que da felicidad, testimoniéis
con generosidad a Cristo, que dice de sí mismo: "Yo soy el camino,
la verdad y la vida" (Jn 14, 6). Para ello, os imparto de corazón a
vosotros y a vuestros seres queridos en la patria mi bendición apostólica.
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