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DISCURSO DEL SANTO
PADRE JUAN PABLO II DURANTE LA CELEBRACIÓN DE LA PALABRA ANTE LA SÁBANA
SANTA
Catedral de Turín Domingo 24 de mayo de
1998
Amadísimos hermanos y hermanas:
1. Con la mirada dirigida a la Sábana santa, deseo saludaros
cordialmente a todos vosotros, fieles de la Iglesia turinesa. Saludo a los
peregrinos que durante el período de esta ostensión vienen de todo el mundo para
contemplar uno de los signos más conmovedores del amor sufriente del Redentor.
Al entrar en la catedral, que muestra aún las heridas causadas
por el terrible incendio que se produjo hace un año, me he recogido en adoración
ante la Eucaristía, el sacramento que está en el centro de las atenciones de la
Iglesia y que, bajo apariencias humildes, conserva la presencia verdadera, real
y sustancial de Cristo. A la luz de la presencia de Cristo en medio de nosotros,
me he arrodillado ante la Sábana santa, el precioso lienzo que nos puede ayudar
a comprender mejor el misterio del amor que nos tiene el Hijo de Dios.
Ante la Sábana santa, imagen intensa y conmovedora de un dolor
indescriptible, deseo dar gracias al Señor por este don singular, que pide al
creyente atención amorosa y disponibilidad plena al seguimiento del Señor.
2. La Sábana santa es un reto a la inteligencia. Ante
todo, exige de cada hombre, en particular del investigador, un esfuerzo para
captar con humildad el mensaje profundo que transmite a su razón y a su vida. La
fascinación misteriosa que ejerce la Sábana santa impulsa a formular preguntas
sobre la relación entre ese lienzo sagrado y los hechos de la historia de Jesús.
Dado que no se trata de una materia de fe, la Iglesia no tiene competencia
específica para pronunciarse sobre esas cuestiones. Encomienda a los científicos
la tarea de continuar investigando para encontrar respuestas adecuadas a los
interrogantes relacionados con este lienzo que, según la tradición, envolvió el
cuerpo de nuestro Redentor cuando fue depuesto de la cruz. La Iglesia los
exhorta a afrontar el estudio de la Sábana santa sin actitudes preconcebidas,
que den por descontado resultados que no son tales; los invita a actuar con
libertad interior y respeto solícito, tanto en lo que respecta a la metodología
científica como a la sensibilidad de los creyentes.
3. Para el creyente cuenta sobre todo el hecho de que la
Sábana santa es espejo del Evangelio. En efecto, si se reflexiona sobre este
lienzo sagrado, no se puede prescindir de la consideración de que la imagen
presente en él tiene una relación tan profunda con cuanto narran los evangelios
sobre la pasión y muerte de Jesús, que todo hombre sensible se siente
interiormente impresionado y conmovido al contemplarlo. Además, quien se acerca
a la Sábana santa es consciente de que no detiene en sí misma el corazón de la
gente, sino que remite a Aquel a cuyo servicio lo puso la Providencia amorosa
del Padre. Por tanto, es justo alimentar la conciencia del precioso valor de
esta imagen, que todos ven y nadie, por ahora, logra explicar. Para toda persona
reflexiva es motivo de consideraciones profundas, que pueden llegar a
comprometer su vida.
Así, la Sábana santa constituye un signo verdaderamente singular
que remite a Jesús, la Palabra verdadera del Padre, e invita a conformar la
propia vida a la de Aquel que se entregó a sí mismo por nosotros.
4. En la Sábana santa se refleja la imagen del sufrimiento
humano. Recuerda al hombre moderno, distraído a menudo por el bienestar y
las conquistas tecnológicas, el drama de tantos hermanos, y lo invita a
interrogarse sobre el misterio del dolor, para profundizar en sus causas. La
impronta del cuerpo martirizado del Crucificado, al testimoniar la tremenda
capacidad del hombre de causar dolor y muerte a sus semejantes, se presenta como
el icono del sufrimiento del inocente de todos los tiempos: de las
innumerables tragedias que han marcado la historia pasada, y de los dramas que
siguen consumándose en el mundo.
Ante la Sábana santa, ¿cómo no pensar en los millones de hombres
que mueren de hambre, en los horrores perpetrados en las numerosas guerras que
ensangrientan a las naciones, en la explotación brutal de mujeres y niños, en
los millones de seres humanos que viven en la miseria y humillados en los
suburbios de las metrópolis, especialmente en los países en vías de desarrollo?
¿Cómo no recordar con conmoción y piedad a cuantos no pueden gozar de los
derechos civiles elementales, a las víctimas de la tortura y del terrorismo, y a
los esclavos de organizaciones criminales?
Al evocar esas situaciones dramáticas, la Sábana santa no sólo
nos impulsa a salir de nuestro egoísmo; también nos lleva a descubrir el
misterio del dolor que, santificado por el sacrificio de Cristo, engendra
salvación para toda la humanidad. Imagen del pecado del hombre y del amor de
Dios
5. La Sábana santa es también imagen del amor de Dios, así
como del pecado del hombre. Invita a redescubrir la causa última de la
muerte redentora de Jesús. En el inconmensurable sufrimiento que documenta, el
amor de Aquel que «tanto amó al mundo que dio a su Hijo único» (Jn 3, 16)
se hace casi palpable y manifiesta sus sorprendentes dimensiones. Ante ella, los
creyentes no pueden menos de exclamar con toda verdad: «Señor, ¡no podías
amarme más!», y darse cuenta en seguida de que el pecado es el
responsable de ese sufrimiento: los pecados de todo ser humano.
Al hablarnos de amor y de pecado, la Sábana santa nos invita a
todos a imprimir en nuestro espíritu el rostro del amor de Dios, para apartar de
él la tremenda realidad del pecado. La contemplación de ese Cuerpo martirizado
ayuda al hombre contemporáneo a liberarse de la superficialidad y del egoísmo
con los que, muy a menudo, considera el amor y el pecado. La Sábana santa,
haciéndose eco de la palabra de Dios y de siglos de conciencia cristiana,
susurra: cree en el amor de Dios, el mayor tesoro dado a la humanidad, y huye
del pecado, la mayor desgracia de la historia.
6. La Sábana santa es también imagen de impotencia:
impotencia de la muerte, en la que se manifiesta la consecuencia extrema del
misterio de la Encarnación. Ese lienzo sagrado nos impulsa a afrontar el aspecto
más desconcertante del misterio de la Encarnación, que es también el que muestra
con cuánta verdad Dios se hizo verdaderamente hombre, asumiendo nuestra
condición en todo, excepto en el pecado. A todos desconcierta el pensamiento de
que ni siquiera el Hijo de Dios resistió a la fuerza de la muerte; pero a todos
nos conmueve el pensamiento de que participó de tal modo en nuestra condición
humana, que quiso someterse a la impotencia total del momento en que se apaga la
vida. Es la experiencia del Sábado santo, paso importante del camino de Jesús
hacia la gloria, de la que se desprende un rayo de luz que ilumina el dolor y la
muerte de todo hombre.
La fe, al recordarnos la victoria de Cristo, nos comunica la
certeza de que el sepulcro no es el fin último de la existencia. Dios nos llama
a la resurrección y a la vida inmortal.
7. La Sábana santa es imagen del silencio. Existe el
silencio trágico de la incomunicabilidad, que tiene en la muerte su mayor
expresión; y existe el silencio de la fecundidad, propio de quien renuncia a
hacerse oír en el exterior, para alcanzar en lo profundo las raíces de la verdad
y de la vida. La Sábana santa no sólo expresa el silencio de la muerte, sino
también el silencio valiente y fecundo de la superación de lo efímero, gracias a
la inmersión total en el eterno presente de Dios. Así, brinda la conmovedora
confirmación del hecho de que la omnipotencia misericordiosa de nuestro Dios no
ha sido detenida por ninguna fuerza del mal, sino que, por el contrario, sabe
hacer que incluso la fuerza del mal contribuya al bien. Nuestro tiempo necesita
redescubrir la fecundidad del silencio, para superar la disipación de los
sonidos, de las imágenes y de la palabrería, que muy a menudo impiden escuchar
la voz de Dios.
8. Amadísimos hermanos y hermanas, vuestro arzobispo, el querido
cardenal Giovanni Saldarini, custodio pontificio de la Sábana santa, ha
propuesto como lema de esta ostensión solemne las palabras: «Todos los
hombres verán tu salvación». Sí, la peregrinación que grandes multitudes
están realizando a esta ciudad es precisamente un «venir a ver» este signo
trágico e iluminador de la Pasión, que anuncia el amor del Redentor. Este icono
del Cristo abandonado en la condición dramática y solemne de la muerte, que
desde hace siglos es objeto de significativas representaciones y que, desde hace
cien años, gracias a la fotografía, se ha difundido en muchísimas
reproducciones, nos exhorta a penetrar en el misterio de la vida y de la muerte
para descubrir el mensaje, grande y consolador, que se nos da en ella. La Sábana
santa nos presenta a Jesús en el momento de su máxima impotencia, y nos recuerda
que en la anulación de esa muerte está la salvación del mundo entero. La Sábana
santa se convierte, así, en una invitación a vivir cada experiencia, incluso la
del sufrimiento y de la suprema impotencia, con la actitud de quien cree que el
amor misericordioso de Dios vence toda pobreza, todo condicionamiento y toda
tentación de desesperación.
Que el Espíritu de Dios, que habita en nuestro corazón, suscite
en cada uno el deseo y la generosidad necesarios para acoger el mensaje de la
Sábana santa y hacer de él el criterio inspirador de su existencia.
Anima Christi sanctifica me! Corpus Christi salva me!
Passio Christi conforta me! Intra tua vulnera abscondi me!
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