Jóvenes del mundo entero:
El Obispo de Roma os saluda y os expresa su confianza y la alegría de
encontrarse con vosotros. Habéis venido de diferentes países y de
todos los continentes. Representáis no solo a la juventud francesa y
europea, sino también a la de América del Norte, de América
central y del Sur, los Archipiélagos y las Islas del Océano Atlántico,
a la juventud de muchos países africanos, las Islas del Océano
Indico, a la juventud de Asia, de Australia, del Extremo Oriente y de todos los
mares que rodean el continente asiático, a la juventud del Pacífico.
¡Esta es una Jornada de la Juventud realmente mundial! Vosotros sois la
esperanza del mundo, aspiráis a una vida cada vez más hermosa,
fundada en los valores morales y espirituales que hacen libres y que dirigen
nuestros pasos hacia la eternidad.
Continuáis la historia de la Jornada Mundial de la Juventud. Vale la
pena recordarla. Por primera vez, se celebró en Roma en 1984. La
siguiente tuvo lugar en Buenos Aires (1987). Después nos encontramos en
Santiago de Compostela, en España (1989) y, en 1991, en Polonia en
Czestochowa. Una jornada esta verdaderamente particular, pues por vez primera
participaron jóvenes de la ex-Unión Soviética: rusos, ucranios,
bielorrusos, lituanos, letones, estones, representantes del Kazakhistan
y de otras repúblicas de Asia central y cristianos del Cáucaso. La
dimensión mundial de la Jornada de la Juventud adquirió entonces
una nueva amplitud. En 1993 nos volvimos a encontrar en Denver, en los Estados
Unidos y después en Manila, en las Filipinas en 1995, con la más
grande participación, facilitada por la cercanía de grandes metrópolis.
El encuentro actual tiene lugar en París. Dirijo mi más cordial
agradecimiento al Cardenal Jean-Marie Lustiger, a Monseñor Michel Dubost
y a los organizadores de este encuentro, en especial a los jóvenes de las
diferentes diócesis francesas que han preparado la venida de sus compañeros.
Agradezco asimismo a Mons. Luis-Marie Billè, Presidente de la Conferencia
de Obispos de Francia por su acogida y a los Obispos franceses por la
hospitalidad que sus diócesis han dispensado a sus huéspedes del
mundo entero.
Dirijo un deferente saludo a las personalidades que representan a las otras
Iglesias cristianas y Comunidades eclesiales, así como a las que
representan a las comunidades judías y musulmanas; les agradezco cordialmente que
han querido unirse a esta reunión festiva de la juventud católica.
Gracias a los jóvenes representantes filipino y francés que os
invitan a formar la gran cadena de la fe, de la solidaridad, de la amistad y de
la paz entre los países del mundo entero.
Sois los continuadores de aquellos jóvenes que, llevando ramos de
olivo, iban delante del Cristo que entraba en Jerusalén. Ellos aclamaban
a Cristo. Hoy, jóvenes de todos los continentes, reconocéis a
Cristo, que nos une en un gozoso intercambio y una fuerte solidaridad, caminando
juntos hacia la bienaventuranza que nos ofrece. Habéis elegido el arco
iris como signo de vuestra diversidad de origen y cultura; con él expresáis
vuestra acción de gracias por las alianzas de Dios con la creación
hasta la alianza definitiva, sellada con la sangre del Salvador.
* * *
Saludos a los jóvenes en diversas lenguas
Después de haber acogido a los representantes de los diferentes países, dirijo
un cordial saludo a las delegaciones de los Movimientos, Asociaciones y
Comunidades internacionales.
Inglés
Un saludo especial a los jóvenes de lengua inglesa de todo el mundo. El Papa
se alegra de encontrarse con vosotros, que habéis venido en tan gran número a
París, para la Jornada mundial de la juventud. Cristo nos ha reunido. Este es el
tema de nuestras reflexiones durante estos días; él está en el centro de nuestra
oración; es la fuente del vínculo espiritual que nos une en su Iglesia, un
vínculo que, quizá, percibimos más intensamente cuando miramos a nuestro
alrededor y vemos a tantos jóvenes cuyos corazones vibran con el mensaje del
evangelio de esperanza, el evangelio de vida.
«Maestro, ¿dónde vives? Les respondió: “Venid y lo veréis” (...). Y se
quedaron con él aquel día» (Jn 1, 38-39). Este es el reto que la Jornada
mundial de la juventud lanza a los jóvenes de Europa, de África, de Asia, de
Oceanía y de América. Que este gran acontecimiento os ayude a conocer mejor a
Jesús y amarlo más. Así seréis sus apóstoles en el mundo, en la aurora del
próximo milenio. ¡Dios os bendiga a todos!
Español
Os saludo, queridos jóvenes de España y América Latina. Gracias por vuestra
generosa respuesta a la invitación a venir a París. Lleváis mucho tiempo
preparando esta Jornada y habéis llegado hasta aquí después de una peregrinación
a veces dura y exigente, pero vivida con la alegría que os caracteriza. Abrid
vuestros corazones a Cristo y compartid con los demás jóvenes del mundo el
tesoro de vuestra fe y los mejores valores de vuestras culturas.
Italiano
Queridos amigos italianos, os doy una cordial bienvenida. Habéis venido a
este encuentro mundial de la juventud guiados por la pregunta: «Maestro, ¿dónde
vives?». Jesús responde: «Venid y lo veréis ». Aceptad su invitación: él os
muestra el rostro de Dios, el rostro que todo hombre busca apasionadamente a lo
largo de su existencia, a veces incluso sin darse cuenta. Experimentadlo
personalmente y sed sus testigos con cuantos encontréis en vuestro camino.
Alemán
Os saludo cordialmente, queridos jóvenes de lengua alemana. Vuestra presencia
muestra que queréis dar testimonio de vuestra fe en Jesucristo. Que estos días
de oración y de encuentro con los jóvenes de todo el mundo sean para vosotros
fuente de energía, a fin de seguir orientando vuestro camino de vida hacia
Cristo.
Portugués
Queridos jóvenes de los diversos países de lengua portuguesa, con gran
alegría os doy la bienvenida. ¡Muchas gracias por estar aquí! Pido a María
santísima que os obtenga el don de acoger con prontitud la invitación de Cristo
a conocer su morada y permanecer siempre con él, para anunciar su evangelio de
esperanza a todo el mundo.
Polaco
Saludo a mis jóvenes compatriotas, que han venido de Polonia y de otros
países, con algunos sacerdotes. Os acojo cordialmente a cada uno de vosotros. Me
acuerdo de los recientes encuentros que hemos tenido en nuestra tierra natal, y
me alegra que podamos estar nuevamente juntos, aquí en París. En Polonia
profesamos nuestra fe común en Cristo Jesús, que es «el mismo ayer, hoy y
siempre» (Hb 13, 8). Hoy, con los jóvenes de todo el mundo, vamos al
encuentro de Cristo para preguntarle, como Juan y Andrés: «Maestro, ¿dónde
vives?» (Jn 1, 38), y para escuchar, como ellos, su respuesta: «Venid y
lo veréis» (Jn 1, 39). Entre estos acontecimientos existe un nexo
extraordinario, pues encierran el programa esencial de la vida cristiana:
encuentro, pregunta, respuesta, llamada.
Durante estos días, de manera especial, pediré a Dios que, con el poder de su
Espíritu, reavive constantemente en vosotros el deseo de encontraros con Cristo
y que os dé la valentía de preguntarle: «¿dónde vives?»; le pediré que, cuando
oigáis su respuesta, no dudéis en seguirlo a donde os guíe.
Que la bendición de Dios os acompañe a vosotros y a los jóvenes de vuestra
edad que no han podido venir aquí.
¡Que Dios os bendiga!
Ruso
Queridos jóvenes de lengua rusa, tenéis grandes riquezas espirituales para
compartir con vuestros compañeros. Que esta Jornada mundial sea también para
vosotros una invitación a acoger a Cristo y convertiros cada vez más en sus
discípulos.
Rumano
Queridos amigos de Rumanía, vuestras tradiciones culturales y espirituales
son muy valiosas para toda la Iglesia. El Señor os invita a reavivar la gracia
de vuestro bautismo, para ser testigos de su amor en medio de vuestros hermanos.
Húngaro
Os saludo cordialmente, queridos jóvenes de Hungría. En el momento de vuestro
bautismo, os habéis revestido de Cristo. Sois los testigos de la buena nueva del
Señor en vuestro país.
Árabe
Queridos jóvenes, Cristo os llama a seguirlo para encontrar la felicidad y
construir con vuestros hermanos una sociedad de justicia y de paz.
Tagalo
Saludo a todos los jóvenes de Filipinas, que han tenido la gracia de albergar
la anterior Jornada mundial. Proseguid vuestro camino en el seguimiento del
Señor, felices de ser sus discípulos y sus testigos todos los días de vuestra
vida.
Suahili
Jóvenes del continente africano, os saludo cordialmente. Poned al servicio de
todos vuestros hermanos vuestro dinamismo y vuestra alegría de vivir, para
continuar construyendo la Iglesia-familia y hacer progresar toda la sociedad.
Chino
Queridos jóvenes de China, ¡bienvenidos! Que la oración de todos os dé la
fuerza para ser discípulos de Cristo y constructores de paz.
Queridos jóvenes, Cristo es nuestra esperanza, es nuestra alegría. Durante
los días siguientes, abrid vuestro corazón y vuestra mente a Cristo. Formáis
parte de la Iglesia que os quiere revelar el camino de la salvación y la vía de
la felicidad. Os invito a dejaros guiar por el Señor y a caminar con él. A lo
largo de esta semana os deseo unos días de gracia y de paz.
Al final del encuentro, el Papa se despidió de los jóvenes con las
siguientes palabras:
Ahora sabemos por qué el ingeniero Eiffel construyó esta torre: para tener
aquí, alrededor de esta torre, un gran encuentro de la juventud, la Jornada
mundial, que acabamos de inaugurar y que proseguiremos mañana, pasado mañana y
hasta el domingo. Una sugerencia para esta noche: dormid bien.