PEREGRINACIÓN APOSTÓLICA A COLOMBIA
ORACIÓN DE SU
SANTIDAD JUAN PABLO II A LA VIRGEN DEL ROSARIO EN LA BASÍLICA DE NUESTRA
SEÑORA DE CHIQUINQUIRÁ
Jueves 3 de julio de
1986
1. ¡Dios te salve María!
Te saludamos con el Ángel: Llena de gracia. El Señor está contigo.
Te
saludamos con Isabel: ¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu
vientre! ¡Feliz porque has creído a las promesas divinas!
Te saludamos con
las palabras del Evangelio: Feliz porque has escuchado la Palabra de Dios y la
has cumplido.
2. Tú eres la ¡llena de gracia!
Te alabamos, Hija predilecta del Padre. Te bendecimos, Madre del Verbo
divino. Te veneramos, Sagrario del Espíritu Santo. Te invocamos, Madre y
Modelo de toda la Iglesia. Te contemplamos, imagen realizada de las esperanzas
de toda la humanidad.
3. ¡EI Señor está contigo!
Tú eres la Virgen de la Anunciación, el Sí de la humanidad entera al misterio
de la salvación. Tú eres la Hija de Sión y el Arca de la nueva Alianza en el
misterio de la visitación. Tú eres la Madre de Jesús, nacido en Belén, la que
lo mostraste a los sencillos pastores y a los sabios de Oriente. Tú eres la
Madre que ofrece a su Hijo en el templo, lo acompaña hasta Egipto, lo conduce a Nazaret. Virgen de los caminos de Jesús, de la vida oculta y del milagro de Caná. Madre Dolorosa del Calvario y Virgen gozosa de la Resurrección. ú
eres la Madre de los discípulos de Jesús en la espera y en el gozo de
Pentecostés.
4. Bendita porque creíste en la Palabra del Señor, porque esperaste en sus
promesas, porque fuiste perfecta en el amor.
Bendita por tu caridad premurosa con Isabel, por tu bondad materna en Belén, por tu fortaleza en la
persecución, por tu perseverancia en la búsqueda de Jesús en el templo, por
tu vida sencilla en Nazaret, por tu intercesión en Caná, por tu presencia
maternal junto a la cruz, por tu fidelidad en la espera de la resurrección, por tu oración asidua en Pentecostés.
Bendita eres por la gloria de tu
Asunción a los cielos por tu materna protección sobre la Iglesia por tu
constante intercesión por toda la humanidad.
5. ¡Santa María, Madre de Dios!
Queremos consagrarnos a Ti. Porque eres Madre de Dios y Madre nuestra. Porque tu Hijo Jesús nos confió a todos a Ti. Porque has querido ser Madre de
esta Iglesia de Colombia y has puesto aquí en Chiquinquirá tu santuario. Nos
consagramos a Ti todos los que hemos venido a visitarte en esta celebración
solemne de los cuatrocientos años de la renovación de tu imagen. Te consagro
toda la Iglesia de Colombia, con sus Pastores y sus fieles: Los obispos, que a
imitación del Buen Pastor velan por el pueblo que les ha sido encomendado. Los
sacerdotes, que han sido ungidos por el Espíritu. Los religiosos y religiosas,
que ofrendan su vida por el reino de Cristo. Los seminaristas, que han acogido
la llamada del Señor. Los esposos cristianos en la unidad e indisolubilidad de
su amor con sus familias. Los seglares comprometidos en el apostolado. Los
jóvenes que anhelan una sociedad nueva. Los niños que merecen un mundo más
pacífico y humano. Los enfermos, los pobres, los encarcelados, los perseguidos,
los huérfanos, los desesperados, los moribundos. Te consagro toda esta nación
de Colombia de la que eres, Virgen de Chiquinquirá, Patrona y Reina. Que
resplandezcan en sus instituciones los valores del Evangelio.
6. ¡Ruega por nosotros pecadores!
Madre de la Iglesia, bajo tu patrocinio nos acogemos y a tu inspiración nos
encomendamos. Te pedimos por la Iglesia de Colombia, para que sea fiel en la
pureza de la fe, en la firmeza de la esperanza, en el fuego de la caridad, en la
disponibilidad apostólica y misionera, en el compromiso por promover la justicia
y la paz entre los hijos de esta tierra bendita. Te suplicamos que toda la
Iglesia de Latinoamérica se mantenga siempre en perfecta comunión de fe y de
amor, unida a la Sede de Pedro con estrechos vínculos de obediencia y de caridad. Te encomendamos la fecundidad de la nueva evangelización, la fidelidad en el
amor de preferencia por los pobres y la formación cristiana de los jóvenes, el
aumento de las vocaciones sacerdotales y religiosas, la generosidad de los que
se consagran a la misión, la unidad y la santidad de todas las familias.
7. “Ahora y en la hora de nuestra muerte”.
¡Virgen del Rosario, Reina de Colombia, Madre nuestra! Ruega por nosotros
ahora. Concédenos el don inestimable de la paz, la superación de todos los
odios y rencores, la reconciliación de todos los hermanos. Que cese la
violencia y la guerrilla. Que progrese y se consolide el diálogo y se inaugure
una convivencia pacífica. Que se abran nuevos caminos de justicia y de
prosperidad. Te lo pedimos a Ti a quien invocamos como Reina de la Paz.
¡Ahora y en la hora de nuestra muerte!
Te encomendamos a todas las víctimas de
la injusticia y de la violencia, a todos los que han muerto en las catástrofes
naturales, a todos los que en la hora de la muerte acuden a Ti como Madre y
Patrona. Sé para todos nosotros, Puerta del Cielo, vida, dulzura y esperanza,
para que juntos podamos contigo glorificar al Padre, al Hijo y al Espíritu
Santo.
¡Amén!
© Copyright 1986 - Libreria Editrice Vaticana
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