![]() |
![]() |
|
|
VIAJE APOSTÓLICO A AMÉRICA CENTRAL CEREMONIA DE BIENVENIDA DISCURSO DEL SANTO
PADRE JUAN PABLO II
Ilustres miembros de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional, 1. Al pisar el suelo de Nicaragua, mi primer pensamiento agradecido va a Dios, que me brinda la posibilidad de visitar esta tierra de lagos y volcanes, y sobre todo este noble pueblo, tan rico de fe y de tradiciones cristianas. Quiero expresar asimismo mi saludo a las autoridades todas. Con mi sincero agradecimiento a la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional, que me ha invitado a visitar este país, y cuyos miembros han tenido la deferencia de venir a recibirme y darme la bienvenida en este mi viaje apostólico. Saludo a la vez cordialmente a quienes son mis hermanos en el Episcopado, los obispos de la Iglesia de Cristo en Nicaragua, y en primer lugar al querido monseñor Miguel Obando Bravo, arzobispo de la diócesis que me acoge y Presidente de la Conferencia Episcopal. Ellos me han invitado reiteradamente para que hiciera una visita a su amado pueblo. Pero mi saludo se alarga con gran afecto a todo el pueblo de Nicaragua. No sólo a los que han podido venir a encontrarme o me están escuchando en este momento de formas diversas; no sólo a quienes encontraré en León o en Managua durante estas horas de permanencia entre vosotros que desearía prolongar, sino especialmente a los millares y millares de nicaragüenses que no han hallado la posibilidad de acudir – como hubieran deseado – a los lugares de encuentro; a quienes no pueden hacerlo a causa de las distancias o de sus ocupaciones; a los que les retienen compromisos de trabajo; a los enfermos, ancianos y niños; a quienes han sufrido o sufren a causa de la violencia – de cualquier parte provenga –; a las víctimas de las injusticias y a quienes prestan su servicio al bien de la nación. 2. Me trae a Nicaragua una misión de carácter religioso; vengo como mensajero de paz; como alentador de la esperanza; como un servidor de la fe, para corroborar a los fieles en su fidelidad a Cristo y a su Iglesia; para alentarlos con una palabra de amor, que llene los ánimos de sentimientos de fraternidad y reconciliación. En nombre de Aquel que por amor dio su vida por la liberación y redención de todos los hombres, querría dar mi aporte para que cesen los sufrimientos de pueblos inocentes de esta área del mundo; para que acaben los conflictos sangrientos, el odio y las acusaciones estériles, dejando el espacio al genuino diálogo. Un diálogo que sea ofrecimiento concreto y generoso de un encuentro de buenas voluntades y no posible justificación para continuar fomentando divisiones y violencias. Vengo también para lanzar una llamada de paz hacia quienes, dentro o fuera de esta área geográfica –dondequiera se hallen–, favorecen de un modo o de otro tensiones ideológicas, económicas o militares que impiden el libre desarrollo de estos pueblos amantes de la paz, de la fraternidad y del verdadero progreso humano espiritual, social, civil y democrático. A la Virgen María, tan venerada por el pueblo fiel nicaragüense en su misterio de la Purísima Concepción, encomiendo esta visita, a la vez que imparto sobre todos mi cordial Bendición.
© Copyright 1983 - Libreria Editrice Vaticana
|
|