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VIAJE APOSTÓLICO A BRASIL
ENCUENTRO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
CON EL CARDENAL CARLOS
MOTTA
EN EL SEMINARIO DE «BOM JESUS»
Viernes 4 de julio de 1980
Eminentísimo cardenal y amado hermano:
1. Mi visita a Aparecida no quedaría completa si faltase este
encuentro, aunque sea breve. Vuestra Eminencia está ligado a este sagrado lugar no solamente por casi veinte años de pastoralidad, sino
también por las numerosísimas obras que llevan el sello de su actividad,
siendo ciertamente la mayor de ellas esa majestuosa basílica que, con emoción
de todos nosotros he tenido la alegría de consagrar esta mañana. Con Vuestra Eminencia, doy gracias a la Providencia divina
que le concede la satisfacción de coronar
junto a un santuario mariano su vida
de sacerdote, comenzada junto a otro
santuario mariano, en la entonces humilde iglesia que, en lo alto de la sierra
de la Piedad, sirve de escriño a la venerada imagen de la madre de los Dolores,
Patrona del Estado natal de Vuestra Eminencia, el querido Minas Gerais.
2. En vísperas del 16 de julio, fecha en que, bajo la mirada de Nuestra Señora del Carmen, Vuestra Eminencia
celebrará los noventa años de su
fecunda existencia, me gustaría evocar su larga vida de hombre de Iglesia: rector del seminario de Belo Horizonte, obispo auxiliar de Diamantina, arzobispo
de San Luis de Marañón, arzobispo de São Paulo durante dos decenios, cardenal
de la Santa Iglesia, arzobispo de Aparecida.
Quiero, al menos, asociarme a Vuestra Eminencia y a los millares de personas
que recibieron el beneficio de su acción de sacerdote y de obispo, en una
fervorosa. acción de gracias. Que sea portadora de nuestro «Te Deum laudamos» la
Virgen Aparecida, de cuya devoción Vuestra Eminencia fue ardiente y sincero
alentador.
3. Que la presencia de estos jóvenes que se preparan al sacerdocio pueda renovar
constantemente en su espíritu la alegría y el fervor de su ejemplar ministerio
sacerdotal. Le doy las gracias en nombre de muchos, por el ejemplo que
Vuestra Eminencia siempre dio de fidelidad a la Sede Apostólica, de piedad sacerdotal, de amor a Dios y a la
Iglesia.
Enhorabuena, señor cardenal. Que sea prenda de serenidad, esperanza y consuelo
a lo largo de los años que el Señor quiera concederle, la bendición
apostólica que, de todo corazón, quiero dar a Vuestra Eminencia.
© Copyright 1980 - Libreria Editrice Vaticana
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