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DISCURSO DEL SANTO
PADRE JUAN PABLO II
AL SR. CHRISTOPHE DE KALLAY,
NUEVO MINISTRO DE LA SOBERANA ORDEN MILITAR DE MALTA ANTE LA SANTA SEDE
Jueves 14 de diciembre de 1978
Señor Ministro:
Con bastante frecuencia han tenido ocasión mis predecesores de recibir una
Delegación de la Soberana Orden Militar de Malta, y manifestarle su
complacencia y aliento. Pero hacía tiempo que no había presentado aquí Cartas
Credenciales un nuevo Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario ante
la Santa Sede. Me proporciona gozo especial, por tanto, dar la bienvenida a
Vuestra Excelencia y ofrecerle mis votos mejores por el cumplimiento de la
misión que inaugura hoy.
Vuestras palabras llenas de nobleza acaban de evocar la historia casi milenaria
de una fidelidad sin fallos a la Sede Apostólica, con el afán de procurar
inseparablemente la defensa de la fe y el servicio al prójimo.
Muchos elementos del pasado han desaparecido, como habéis hecho
notar. Pero según dice magníficamente San Pablo, la caridad perdura siempre, esa
caridad que une indisolublemente aquí abajo el amor de Dios y el de los hermanos
y, sobre todo, el de los miembros de Jesucristo que sufren. Tal es el fundamento de
vuestras actividades, inspiradas en el Evangelio, que exige a los Caballeros de
Malta las cualidades de vida espiritual que le dan sentido y fecundidad.
Al recibir a vuestro predecesor, en plena segunda guerra mundial, el gran Papa
Pío XII subrayaba la ayuda prestada por la Orden a tantas víctimas inocentes del
conflicto. ¿Acaso son menos numerosas ahora? Sabéis que las desgracias
necesitadas de ayuda no han disminuido. Por tanto. también hoy a todos aquellos
que representáis aquí, ¿cómo no alentarlos a procurar entregarse todavía más,
viendo en los hospitales, leproserías y múltiples lugares donde se prodiga
vuestra abnegación, un servicio al mismo Cristo, el que —os lo recordaba
asimismo Pío XII— «siendo rico se hizo pobre por amor nuestro, para que vosotros
fueseis ricos por su pobreza» (2 Cor 8, 9)?
Esta lección debe sernos especialmente grata en estos días que nos acercan a la
celebración de Navidad. Por ello formulo mis mejores votos para que la Soberana
Orden Militar y Hospitalaria de Malta siga cumpliendo su alta misión. y pido al
Señor que colme de gracias al Príncipe y Gran Maestre, a los Caballeros y Damas
de la Orden y. en particular. a Vuestra Excelencia, impartiendo de todo corazón
sobre todos la bendición apostólica.
© Copyright 1978 - Libreria Editrice Vaticana |