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MENSAJE URBI ET ORBI
DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II
Domingo de Resurrección, 19 de abril
de 1981
1. "Creo en Jesucristo... nuestro Señor, que fue concebido por obra del Espíritu
Santo y nació de Santa María Virgen...".
Todos los domingos nos reunimos en este lugar venerable, cuando el sol llega a
la mitad de su carrera, para hacer esta profesión de fe.
Hoy queremos hacerlo de manera especialmente solemne, porque Aquel que fue
concebido por obra del Espíritu Santo y nació de Santa María Virgen ha
resucitado. ¡Resucitó al tercer día!
En la liturgia de este día nos dice San Pedro: "Sabéis lo acontecido..., esto
es, cómo a Jesús de Nazaret le ungió Dios con el Espíritu Santo y con poder"
(Act 10, 37-38). Con este mismo poder, Aquel que "fue crucificado,
que murió y fue sepultado", resucitó al tercer día.
2. Victimae paschali laudes immolent christiani!
Nosotros damos gloria en el día de hoy a Cristo —Víctima pascual— como
vencedor de la muerte. Y damos gloria hoy a ese poder que ha logrado
victoria sobre la muerte y ha completado el Evangelio de las obras y de las
palabras de Cristo con el testimonio definitivo de la vida.
Y glorificamos hoy al Espíritu Santo, en virtud del cual Cristo fue concebido en el seno de la Virgen; y con el
poder de la unción de ese Espíritu pasó a través de la pasión, la muerte y el
descenso a los infiernos; con la fuerza del mismo Espíritu vive y "la
muerte no tiene ya dominio sobre El" (Rom 6, 9).
3. Damos gloria al Espíritu Santo "que es Señor y dador de vida". Este año, en
que la Iglesia entera en su universalidad recuerda el Concilio
Constantinopolitano I, profesamos nuestra fe en el Espíritu Santo "que con el
Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria"; y glorificamos el poder de
este Espíritu "que es Señor y dador de vida", poder manifestado plenamente en la
resurrección de Cristo.
4. Cristo resucitado pasará a través de la puerta cerrada del Cenáculo, donde
estaban reunidos los Apóstoles, se detendrá en medio de ellos y dirá: "La paz
sea con vosotros... Recibid el Espíritu Santo".
Con estas palabras, con este aliento divino, inaugurará los tiempos nuevos:
tiempos de la venida del Espíritu Santo, tiempos del nacimiento de la Iglesia.
Será el tiempo de Pentecostés, que dista de la solemnidad de hoy cincuenta días,
pero inscrito ya con toda su plenitud en esta festividad pascual y
radicado en ella.
Este año esperaremos Pentecostés con un fervor especial; lo esperará toda la
Iglesia y especialmente lo esperarán quienes mediante la sucesión episcopal son
portadores de la herencia de los Apóstoles. Nos prepararemos desde hoy, desde el
día en que el Señor resucitado dijo a los Apóstoles: "La paz con vosotros...
Recibid el Espíritu Santo".
5. A la Iglesia y al mundo envío un ferviente y cordial saludo de paz, de la
paz pascual, de la paz auténtica y duradera.
Dirijo estos saludos a todos los que viven en la ansiedad, en la tensión, en la
amenaza —a los hombres y a los pueblos—, en especial a los que tienen más
necesidad de esta paz:
¡Paz a vosotros!
6. Mors et vita duello conflixere mirando.
Venzan los pensamientos de paz. Y venza el respeto a la vida.
La Pascua trae consigo el mensaje de la vida liberada de la muerte, de la
vida salvada de la muerte. Venzan los pensamientos y los programas que tutelan
la vida humana contra la muerte, y no las ilusiones de quien ve un progreso del
hombre en el derecho de infligir la muerte a la vida apenas concebida.
7. "Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios, Señor nuestro, que fue concebido por
obra del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen".
Hoy a esta Virgen-Madre del Resucitado cantamos:
Regina caeli laetare!
Regina caeli laetare, / quia quem meruiste portare, / resurrexit sicut dixit, alleluia.
Recordemos el Concilio Constantinopolitano I, del que nos separan 1600 años;
recordemos también, después de 1550 años, el Concilio de Efeso para venerar al
Espíritu Santo en su obra más grande: la Encarnación del Verbo Eterno.
El recuerdo de este último aniversario es un nuevo motivo de alegría pascual
para la Iglesia, así como para María: Regina caeli laetare.
8. Que nuestros corazones se abran al mensaje del Espíritu Santo "que es Señor y
da la vida", contenido en la resurrección de Cristo, como estuvo abierto a dicho
mensaje el corazón de Ella, el corazón de la Reina del cielo.
Y ahora estos saludos de alegría pascual —del gaudium paschale—, quiero
expresarlos con las palabras que pronunciaré en diversas lenguas. Que lleguen a
todos. Que anuncien a todos el poder del Señor. Que proclamen a todos la verdad
de la esperanza.
* * *
(En español)
Felices Pascuas en la alegría de Cristo Resucitado.
(En polaco)
Hermanos y hermanas: Hablando la lengua materna deseo dirigirme a todos mis
connacionales de la patria y del mundo entero y darles testimonio de fe en Jesús
resucitado. La cruz de Cristo no fue el final de su misión, sino el principio de
la vida nueva, de la vuelta al Padre, el principio de la gloria. Cristo
resucitado viene a los suyos y les anuncia la paz y la gloria en señal de que
está vivo, de que existe. Os deseo, queridos hermanos y hermanas, la paz y la
presencia de Cristo en esta fiesta pascual. Os encamine y guíe el Espíritu
Santo, el Espíritu de la vida y verdad, que libera. El os transforme el corazón
para que se cumpla la obra de renovación en todos los sectores que os afectan
tan profundamente.
(En latín)
Surrexit Dominus vere. Alleluia.
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