Amadísimos hijos e hijas de León:
Sé que estáis celebrando en un estadio público la manifestación del Rosario
viviente, que tiene ya veinticinco años de existencia en esa diócesis.
Con el recuerdo vivo todavía del momento en que sobrevolé el territorio de
vuestra diócesis, quiero hoy unirme a vosotros en este homenaje filial a
nuestra Madre del cielo, la Santísima Virgen María, a quien manifestáis
vuestro profundo amor con el rezo del Rosario.
Me alegra vuestra iniciativa y os quiero alentar a mantener y vigorizar cada
vez más la devoción mariana, tan hermosa, tan cristiana, a través de la
secular plegaria del Rosario. Al hacerlo, meditad despacio los misterios
centrales de nuestra salvación.
Sea así Maria, ejemplo perfecto de entrega y de vida según Dios, la que os
conduzca de su mano hacia una fe más sólida y coherente. Sea María, desde cada
hogar que reza con fervor el Rosario, la que enseñe, aliente, consuele y
robustezca en la vida cristiana a cada familia y a cada miembro de la misma.
Ella, la Madre de la Iglesia, la Madre de Jesús, os confirme en una creciente
fidelidad a Cristo y a la Iglesia.
Encomendando al Señor vuestras intenciones personales y colectivas, con gran
afecto os doy a vosotros, a vuestros hijos y enfermos, a vuestros familiares y a
todos los miembros de la comunidad eclesial leonesa mi especial bendición. En
el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
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