Al Excmo. Sr. Don Amadou-Mahtar M'Bow,
Director General de la
UNESCO.
Con ocasión de la celebración anual de la Jornada internacional
de la Alfabetización, deseo volver a expresarle todo el interés y toda la estima
que siento hacia la acción de la UNESCO en este campo.
Querría subrayar cuánto me alegra ver que la UNESCO da a esta
acción cada vez mayor amplitud y eficacia, y esto, en particular, en la
perspectiva de un próximo Año internacional de la Alfabetización, recomendado
por las Naciones Unidas. Con respecto a este tema, afortunadamente, en el marco
del gran programa de la UNESCO, "La educación para todos", existe la intención
de ligar mas estrechamente el problema de la alfabetización al de la escuela
primaria, lugar normal en el que ha de ser asegurada con las mejores
condiciones; igualmente debemos felicitarnos por el hecho de que la UNESCO se
preocupe cada vez más de aquellos y de aquellas que sufren las mayores
dificultades en su vida y que son, con frecuencia, los menos alfabetizados: las
mujeres, los campesinos, los disminuidos físicos, los emigrantes. Estas mismas
preocupaciones entran justamente en el marco del Decenio mundial del desarrollo
cultural, según la iniciativa de las Naciones Unidas.
Deseo también aportar mi apoyo a toda la labor que desarrolla la
UNESCO para que cada vez se reconozca más la necesidad de alfabetización. Sin
lugar a dudas, el desarrollo de la comunicación audiovisual, además de ser un
instrumento precioso para la alfabetización, ha contribuido ya de manera notable
a la expansión y el acceso a la cultura de un gran número de hombres, y no sólo
de una minoría selecta. Sin embargo, es necesario que la escritura y la lectura
se conviertan para el hombre en instrumentos privilegiados, tanto en orden a la
educación con miras a la reflexión y la madurez de sí mismo, como en orden al
desarrollo de las facultades intelectuales necesarias, a fin de enriquecer las
comunicaciones de todo orden entre los hombres y las mujeres.
Por esto, la alfabetización se presenta como uno de los factores
más importantes del progreso cultural y de la promoción profesional, mientras
que una de las causas del inquietante aumento del desempleo es la falta de cualificación, y los puestos de trabajo exigen un nivel cada vez mayor de
conocimientos y de formación general.
De cara a esta gran obra de la alfabetización, como usted sabe,
Señor Director General, la Iglesia ha multiplicado sus iniciativas y
realizaciones en el mundo entero. Pretende continuar favoreciéndola, aportando
su contribución particular a esta empresa para la cual la UNESCO ofrece
importantes posibilidades de cooperación y de intercambio de experiencias.
Le aseguro, Señor Director General, mis oraciones para el pleno
éxito de esta Jornada y para que sea cada vez más fecunda la acción de la UNESCO
en favor de la alfabetización.
Vaticano, 1 de septiembre de 1987.
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