MENSAJE DEL SANTO PADRE PARA LA 31a
JORNADA MUNDIAL PARA LAS COMUNICACIONES SOCIALES
"Comunicar a Jesús: el Camino, la Verdad y la Vida"
11 de Mayo de 1997
Queridos hermanos y hermanas:
Al acercarse el final de este siglo y del milenio, presenciamos una expansión
sin precedentes de los medios de comunicación social, con una oferta cada
vez mayor de productos y servicios. Vemos la vida de más y más
personas influida por el despliegue de las nuevas tecnologías de
información y comunicación. Y con todo, existen todavía
numerosas personas que no tienen acceso a los medios, antiguos o nuevos.
Aquéllos que se benefician de este desarrollo disponen de un
creciente número de opciones. Cuantas más son las opciones, más
difícil resulta escoger responsablemente. El hecho es que se da una
dificultad creciente para proteger los propios ojos y oídos de imágenes
y sonidos que llegan a través de los medios, inesperadamente y sin
invitación previa. Es cada vez más complicado para los padres
proteger a sus hijos de mensajes insanos, y asegurar que su educación
para las relaciones humanas, así como su aprendizaje sobre el mundo, se
efectúen de modo apropiado a su edad y sensibilidad, y a la maduración
de su sentido del bien y el mal. La opinión pública se ha visto
conmocionada por la facilidad con que las más avanzadas tecnologías
de la comunicación pueden ser explotadas por quienes tienen malas
intenciones. A la vez, ¿cómo no advertir la relativa lentitud por
parte de quienes desean usar bien esas mismas oportunidades?
Debemos esperar que la brecha entre los beneficiarios de los nuevos medios
de información y expresión, y aquéllos que hasta ahora no
han tenido acceso a estos, no se convierta en otra obstinada fuente de
desigualdad y discriminación. En algunas partes del mundo se alzan voces
contra lo que se ve como el dominio de los medios por la llamada cultura
occidental. Lo que producen los medios se percibe como la representación
de valores apreciados por occidente y, por extensión, se supone que
presenten valores cristianos. En realidad, en esta cuestión, a menudo el
beneficio comercial es el que se considera como primer y auténtico valor.
Además, en los medios parece decrecer la proporción de
programas que expresan anhelos religiosos y espirituales, programas moralmente
edificantes y que ayuden a las personas a vivir mejor sus vidas. No es fácil
permanecer optimistas sobre la influencia positiva de los mass media cuando éstos
parecen ignorar el papel vital de la religión en la vida de la gente, o
cuando las creencias religiosas son tratadas sistemáticamente en forma
negativa y antipática. Algunos operadores de los medios -en especial los
sectores dedicados al entretenimiento- parecen inclinarse hacia un retrato de
los creyentes religiosos bajo la peor luz posible.
¿Existe todavía un lugar para Cristo en los mass media
tradicionales? ¿Podemos reivindicar un lugar para El en los nuevos medios?
En la Iglesia, el año 1997, primero de los tres de preparación
para el Gran Jubileo del año 2000, se está dedicando a la reflexión
sobre Cristo, el Verbo de Dios hecho hombre por obra del Espíritu Santo (cf.
Tertio millenio adveniente, 30). En consonancia, el tema de la Jornada
Mundial de las Comunicaciones Sociales es "Comunicar a Jesucristo: el
Camino, la Verdad y la Vida" (cf. Jn 14, 6).
Este tema ofrece la oportunidad a la Iglesia de meditar y actuar sobre la
contribución específica que los medios de comunicación
pueden hacer para difundir la Buena Noticia de la salvación en
Jesucristo. También da la oportunidad a los comunicadores profesionales
de reflexionar sobre cómo los temas y valores religiosos, así como
los específicamente cristianos, pueden enriquecer tanto sus producciones
en los medios como las vidas de aquéllos a quienes esos medios sirven.
Los actuales mass media se dirigen no sólo a la sociedad en general,
sino sobre todo a las familias, a los jóvenes y también a los niños
muy pequeños. ¿Hacia qué "camino" apuntan los
medios? ¿Qué "verdad" proponen? ¿Qué "vida"
ofrecen? Esto interesa no sólo a los cristianos, sino a toda persona de
buena voluntad.
El "camino" de Cristo es el camino de una vida virtuosa, fructífera
y pacífica como hijos de Dios, como hermanos y hermanas de la misma
familia humana; la "verdad" de Cristo es la verdad eterna de Dios, que
se reveló a Sí mismo no sólo en el mundo creado, sino también
a través de la Sagrada Escritura, y especialmente en y a través de
su Hijo, Jesucristo, la Palabra hecha carne; y la "vida" de Cristo es
la vida de la gracia, ese gratuito regalo de Dios que comparte su propia vida y
nos hace capaces de vivir para siempre en su amor. Cuando los cristianos están
verdaderamente convencidos de esto, sus vidas se transforman. Esta transformación
se manifiesta no sólo en un testimonio personal que interpela y da
credibilidad, sino asimismo en una urgente y eficaz comunicación, -también
a través de los medios- de una fe vivida, que paradójicamente
crece al ser compartida.
Es consolador saber que todos los que asumen el nombre de cristianos
comparten esta misma convicción. Con el debido respeto por las
actividades comunicacionales de cada una de las Iglesias y de las comunidades
eclesiales, sería un significativo logro ecuménico que los
cristianos pudieran cooperar más estrechamente entre sí en los
mass media para preparar la celebración del próximo Gran Jubileo (cf.
Tertio millenio adveniente, 41).
Todo debe focalizarse sobre el objetivo fundamental del Jubileo: el
fortalecimiento de la fe y del testimonio cristianos. (ibid., 42).
La preparación para el 2000º Aniversario del nacimiento del
Salvador se ha convertido, y lo era ya, en la clave de interpretación de
lo que el Espíritu Santo está diciendo a la Iglesia y a las
Iglesias en este momento (cf. ibid., 23). Los mass media tienen un
significativo papel que cumplir en la proclamación y expansión de
esta gracia para la comunidad cristiana en sí y para el mundo en general.
El mismo Jesús que es "el camino, la verdad y la vida", es
también "la luz del mundo": la luz que ilumina nuestro camino,
la luz que nos hace capaces de percibir la verdad, la luz del Hijo que nos da la
vida sobrenatural ahora y en el tiempo venidero. Los dos mil años que han
pasado desde el nacimiento de Cristo representan una extraordinaria conmemoración
para la humanidad en su conjunto, dado el relevante papel de la cristiandad
durante estos dos milenios (cf. ibid., 15). Sería oportuno que
los medios reconocieran la importancia de esa contribución.
Tal vez uno de los regalos más bellos que podemos ofrecer a
Jesucristo en el aniversario número dos mil de su nacimiento, sería
que la Buena Nueva fuera al fin dada a conocer a cada persona en el mundo -antes
que nada a través del testimonio del ejemplo cristiano- pero también
a través de los Medios: "Comunicar a Jesucristo: el Camino, la
Verdad y la Vida". Que esta sea la aspiración y el compromiso de
todos los que profesan la singularidad de Jesucristo, fuente de vida y verdad (cf.
Jn 5, 26; 10, 10 y 28), y quienes tienen el privilegio y la responsabilidad
de trabajar en el vasto e influyente mundo de las comunicaciones sociales.
Desde el Vaticano, 24 de enero de 1997
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