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CARTA DEL SANTO PADRE
JUAN PABLO II AL ARZOBISPO JEAN-LOUIS TAURAN CON MOTIVO DE LA CONFERENCIA INTERNACIONAL
SOBRE EL TEMA: "ESCLAVITUD EN EL SIGLO XXI: LA DIMENSIÓN DE LOS
DERECHOS HUMANOS EN LA TRATA DE SERES HUMANOS"
Al arzobispo
JEAN-LOUIS TAURAN
Secretario para las
Relaciones con los Estados
Con ocasión de la conferencia internacional: "Esclavitud del siglo
XXI: la dimensión de los derechos humanos en la trata de seres
humanos", le pido amablemente que transmita a todos los presentes mi
afectuoso saludo y la seguridad de mi íntimo interés personal.
La trata de personas humanas constituye un ultraje vergonzoso a la dignidad
humana y una grave violación de los derechos humanos fundamentales. Ya el
concilio Vaticano II había indicado que "la esclavitud, la prostitución,
la trata de blancas y de jóvenes, así como las condiciones ignominiosas de
trabajo en las que los obreros son tratados como meros instrumentos de lucro, no
como personas libres y responsables", son "oprobios que, al corromper
la civilización humana, deshonran más a quienes los practican que a quienes
padecen la injusticia y son totalmente contrarios al honor debido al
Creador" (Gaudium et spes, 27). Estas situaciones son una afrenta a
los valores fundamentales que comparten todas las culturas y todos los pueblos,
valores arraigados en la misma naturaleza de la persona humana.
El alarmante aumento de la trata de seres humanos es uno de los problemas políticos,
sociales y económicos urgentes vinculados al proceso de globalización;
representa una seria amenaza a la seguridad de cada nación y es una cuestión
de justicia internacional impostergable.
Esta conferencia refleja el creciente consenso internacional sobre el hecho de
que la cuestión de la trata de seres humanos ha de afrontarse mediante la
promoción de instrumentos jurídicos eficaces para detener ese comercio inicuo,
castigar a los que se beneficien de él y contribuir a la rehabilitación de sus
víctimas. Al mismo tiempo, la conferencia ofrece una significativa oportunidad
para una reflexión seria sobre las complejas cuestiones relativas a los
derechos humanos planteadas por esa trata. ¿Quién puede negar que las víctimas
de ese crimen son a menudo los miembros más pobres e indefensos de la familia
humana, los "últimos" de nuestros hermanos y hermanas?
En especial, la explotación sexual de mujeres y niños es un aspecto
particularmente repugnante de este comercio y debe considerarse como una violación
intrínseca de la dignidad y de los derechos humanos. La irritante tendencia a
ver la prostitución como un negocio o una industria no sólo contribuye a la
trata de seres humanos, sino que, de por sí, es la prueba de una tendencia cada
vez mayor a separar la libertad de la ley moral y a reducir el rico misterio de
la sexualidad humana a mero producto de consumo.
Por esta razón, confío en que la conferencia, al abordar las importantes
cuestiones políticas y jurídicas que entraña la respuesta a esta plaga
moderna, analice también los profundos interrogantes éticos planteados
por la trata de seres humanos. Es necesario prestar atención a las causas más
profundas de la creciente "demanda" que alimenta el mercado de la
esclavitud humana y tolera el costo humano que deriva de él. Un enfoque serio
de las cuestiones que implica llevará también a un examen de los estilos de
vida y de los modelos de comportamiento, particularmente con respecto a la
imagen de la mujer, que generan lo que se ha convertido en una verdadera
industria de la explotación sexual en los países desarrollados. De igual modo,
en los países menos desarrollados, de los que procede la mayoría de las víctimas,
es necesario activar mecanismos más eficaces para prevenir la trata de personas
y la rehabilitación de sus víctimas.
Con aliento y esperanza, expreso mis mejores y más cordiales deseos para los
trabajos de la conferencia. Sobre los organizadores y sobre todos los
participantes invoco de buen grado la abundancia de las bendiciones divinas.
Vaticano, 15 de mayo de 2002
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