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MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II AL
PRIOR DE LA COMUNIDAD DE TAIZÉ CON MOTIVO DEL 22 ENCUENTRO DE JÓVENES EN
VARSOVIA
Al hermano ROGER
Prior de la comunidad de Taizé
"¡Oh, qué bueno, qué dulce habitar los hermanos todos juntos!"
(Sal 133, 1).
La comunidad de Taizé ha elegido Varsovia como nueva etapa de su
"peregrinación de confianza en la tierra", del 28 de diciembre de
1999 al 1 de enero de 2000. En esta ocasión, me alegra acompañaros con mi
oración ferviente y saludar cordialmente a todos los jóvenes reunidos en
Polonia, deseando vivamente que este XXII encuentro europeo sea un tiempo
privilegiado de acogida mutua y fraternidad, de oración y contemplación, que
lleve a una apertura cada vez mayor a Dios y a los demás.
Una peregrinación es una marcha común con hermanos; por eso, en este año
jubilar que comienza, animo a los participantes a hacer del lugar de su
encuentro lo que la Escritura nos dice de Jerusalén, la ciudad santa
hacia la que todos los pueblos están invitados a caminar: un lugar de
alegría y acción de gracias, donde se sabe que Dios está presente y es
agradable estar bajo su mirada con confianza filial, disponiéndose totalmente
a hacer su voluntad; un lugar donde se toma cada vez mayor conciencia de que
Dios es un Padre muy amoroso y misericordioso, que hace de la humanidad una
sola familia.
En este tiempo en que muchos de nuestros contemporáneos están profundamente
marcados por la violencia, por el miedo al futuro y por un angustioso
interrogante sobre el sentido de la vida, los cristianos deben ser, hoy más
que nunca, testigos ardientes y vigorosos de la esperanza de la que viven.
Ojalá que los jóvenes no tengan miedo de dejarse conquistar por Cristo y
encuentren en su palabra el dinamismo que les ayude a modelar su vida interior
y los impulse a unirse a sus hermanos para construir con ellos un mundo nuevo,
fundado en el amor mutuo y en el perdón. A todos y cada uno de vosotros os
digo con fuerza: donde viváis, en la familia, en la escuela, en el
lugar de trabajo o en el de diversión, sed siempre servidores del evangelio
de la esperanza.
Queridos amigos, particularmente los que sufrís por las heridas de la vida,
estad seguros de que Cristo está cerca de los corazones sencillos y llama a
cada uno a la verdadera felicidad; proclamad con vuestra existencia que es
importante saberse amado y reconocido por lo que uno es, y que toda persona es
siempre un hermano, una hermana, a los que hay que acoger y amar. En el umbral
del gran jubileo del año 2000, decidíos a seguir a Cristo, a confiar en él
hasta el fin, y a ser mensajeros de su amor.
"Paz a los hombres, que Dios ama": hace dos mil años una luz
resplandeció sobre el mundo. Hoy, Jesús mismo os pide que encendáis un
fuego en la tierra, el fuego de su caridad. Una vez encendida, la caridad no
puede detener su camino; debe irradiarse, brillar y difundir su calor. No tengáis
miedo: el Espíritu del Señor os precede y acompaña en vuestro camino
diario; es vuestro guía y vuestra luz.
Invocando sobre cada uno la intercesión de Nuestra Señora de Jasna Góra,
ruego a Dios que derrame con generosidad sus bendiciones sobre usted mismo,
querido hermano, sobre la comunidad de Taizé, sobre los organizadores de ese
encuentro y sobre todos los jóvenes presentes en Varsovia, así como sobre
las parroquias y las familias que los acogen.
Vaticano, 30 de noviembre de 1999
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