CONFLICTO DEL GOLFO PÉRSICO
MENSAJE DEL SANTO PADRE
JUAN PABLO II
AL PRESIDENTE DE IRAK SADDAM HUSSEIN
Al excelentísimo señor Saddam Hussein, presidente de Irak:
Estoy hondamente preocupado por las trágicas consecuencias que
la situación en la región del Golfo podría tener, y siento el imperioso deber de
dirigirme a usted para repetir cuanto, haciéndome eco de los sentimientos de
millones de personas, he tenido ya oportunidad de decir en los días y meses
pasados.
Ningún problema internacional se puede resolver de forma digna y
adecuada mediante el recurso a las armas, y la experiencia enseña a toda la
humanidad que la guerra, además de causar muchas víctimas, crea situaciones de
grave injusticia que, a su vez, constituyen una poderosa tentación a ulteriores
recursos a la violencia.
Todos podemos imaginar las trágicas consecuencias que un
conflicto armado en la región del Golfo traería para miles de sus compatriotas,
para su país y para toda el área, si no para todo el mundo.
Espero verdaderamente y con toda fuerza imploro a Dios
misericordioso para que las partes interesadas logren descubrir todavía, en
franco y fructuoso diálogo, el camino para evitar tal catástrofe. Este camino
puede recorrerse solamente si cada individuo actúa movido por un auténtico deseo
de paz y justicia.
Confío en que también usted, señor presidente, tomará las
decisiones más oportunas y realizará gestos valientes que puedan ser el comienzo
de un verdadero camino hacia la paz. Como dije públicamente el pasado domingo,
una demostración de disponibilidad por su parte no hará más que honrarlo ante su
amado país, la región y el mundo entero. En estas horas dramáticas, ruego para
que Dios lo ilumine y le dé la fuerza para realizar un gesto valiente que evite
la guerra: sería un gran paso ante la historia, porque señalaría una victoria de
la justicia internacional y el triunfo de aquella paz a la que aspiran todos los
hombres de buena voluntad.
Vaticano, 15 de enero de 1991.