 |
MISA DE BEATIFICACIÓN
DE CUATRO SIERVOS DE DIOS
HOMILÍA DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II
Plaza de San Pedro Domingo 21 de marzo de 2004
1. "El que es de Cristo es una criatura nueva" (2 Co 5, 17). Con estas
palabras del apóstol san Pablo podemos resumir el mensaje de la liturgia de
beatificación de hoy, que se inserta bien, a mitad del itinerario cuaresmal, en
el domingo llamado "Laetare".
La segunda lectura y el evangelio forman como un himno a dos voces, en alabanza
del amor de Dios, Padre misericordioso (cf. Lc 15, 11-32), que nos ha
reconciliado en Cristo (cf. 2 Co 5, 17-21). Un himno que se hace
llamamiento apremiante: "Reconciliaos con Dios" (2 Co 5, 20).
Esta invitación se apoya en la certeza de que el Señor nos ama. Amó a los
israelitas, haciéndolos entrar en la tierra de Canaán, después del largo camino
del Éxodo, como hemos escuchado en la primera lectura, impregnada de profunda
nostalgia. La Pascua que celebraron "al atardecer, en la estepa de Jericó" (Jos
5, 10) y los primeros meses que pasaron en la tierra prometida son para nosotros
un símbolo elocuente de la fidelidad divina, que dona su paz al pueblo elegido,
después de la triste experiencia de la esclavitud.
2. Testigos singulares de la amorosa Providencia divina, que acompaña el camino
de la humanidad, son los cuatro nuevos beatos que la Iglesia pone hoy
ante nosotros:
Luis Talamoni,
Matilde del Sagrado Corazón Téllez Robles,
Piedad
de la Cruz Ortiz Real y
María Cándida de la Eucaristía.
Sostenidos por una inquebrantable confianza en el Padre celestial, afrontaron
las dificultades y las pruebas de la peregrinación terrena. Cristo fue siempre
su apoyo y su consuelo en las circunstancias difíciles de la existencia. Así,
experimentaron en sí mismos la gran verdad de que vivir en él significa
convertirse en "criaturas nuevas" (cf. 2 Co 5, 17).
3. El sacerdote Luis Talamoni es fiel reflejo de la misericordia de Dios.
El más ilustre de sus alumnos en el seminario de enseñanza secundaria de Monza,
Achille Ratti, después Papa Pío XI, lo definió "por santidad de vida, luz de
ciencia, grandeza de corazón, pericia de magisterio, ardor de apostolado y
méritos civiles, honor de Monza, figura ilustre del clero
ambrosiano, guía y padre de innumerables almas". El nuevo beato fue
asiduo en el ministerio del confesonario y en el servicio a los pobres, a los
presos y especialmente a los enfermos indigentes. Para todos es un ejemplo
resplandeciente. Exhorto a contemplarlo sobre todo a los sacerdotes y a la
congregación de las Religiosas de la Misericordia.
4. "El que es de Cristo es una criatura nueva" (2 Co 5, 17). Las
palabras de san Pablo pueden aplicarse perfectamente a la madre Matilde
Téllez Robles. Enamorada de Cristo, se entregó a él como verdadera discípula
que encarna esa novedad. Esta mujer incansable y religiosa se consagró, desde
una intensa vida de oración, a la transformación de la sociedad de su tiempo
mediante la acogida de niñas huérfanas, la atención domiciliaria a enfermos, la
promoción de la mujer trabajadora y la colaboración en las actividades
eclesiales.
Profundamente devota de la Eucaristía, la contemplación de Jesús en el
sacramento del altar la llevó a desear ser como el pan que se parte y reparte
para todos. Esto es lo que enseñó también a sus religiosas, las Hijas de María
Madre de la Iglesia. Su luminoso testimonio es una llamada a vivir en adoración
a Dios y servicio a los hermanos, dos pilares fundamentales del compromiso
cristiano.
5. La madre Piedad de la Cruz Ortiz, nacida en Bocairente y fundadora de
las Salesianas del Sagrado Corazón en Alcantarilla (Murcia), es un maravilloso
ejemplo de la reconciliación que nos propone san Pablo en la segunda lectura:
"Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo" (2 Co 5,
19). Pero Dios pide la colaboración de los hombres para llevar a cabo su obra de
reconciliación (cf. 2 Co 5, 19-20). La madre Piedad reunió a diversas
jóvenes deseosas de mostrar a los humildes y a los pobres el amor del Padre
providente manifestado en el Corazón de Jesús, dando así vida a una nueva
familia religiosa. Modelo de virtudes cristianas y religiosas, enamorada de
Cristo, de la Virgen María y de los pobres, nos deja el ejemplo de austeridad,
oración y caridad hacia todos los necesitados.
6. "Criatura nueva" fue María Barba, que entregó toda su vida a Dios en el
Carmelo, donde recibió el nombre de María Cándida de la Eucaristía. Fue
auténtica mística de la Eucaristía; hizo de ella el centro unificador de toda su
existencia, siguiendo la tradición carmelitana, en particular el ejemplo de
santa Teresa de Jesús y de san Juan de la Cruz.
Hasta tal punto se enamoró de Jesús Eucaristía, que sentía un constante y
ardiente deseo de ser apóstol infatigable de la Eucaristía. Estoy seguro de que,
desde el cielo, la beata María Cándida sigue ayudando a la Iglesia, para que
crezca en el asombro y en el amor a este supremo misterio de nuestra fe.
7. "Laetare, Ierusalem", "Alégrate, Jerusalén" (Antífona de entrada).
La invitación a la alegría, que caracteriza esta liturgia, se amplifica gracias
al don de los beatos Luis Talamoni, Matilde del Sagrado Corazón Téllez Robles,
Piedad de la Cruz Ortiz Real y María Cándida de la Eucaristía. Ellos nos hacen
saborear a nosotros, peregrinos en la tierra, el gozo del paraíso, y son para
cada creyente testigos de consoladora esperanza.
|