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MISA DE NOCHEBUENA
HOMILÍA
DEL PAPA JUAN PABLO II
Martes 24 de diciembre de 2003
1. "Puer natus est nobis, filius
datus est nobis" (Is 9,5).
En las palabras del profeta Isaías,
proclamadas en la primera Lectura, se encierra la verdad sobre la
Navidad,
que esta noche revivimos juntos.
Nace un Niño. Aparentemente, uno de tantos niños del mundo. Nace un Niño en un establo de
Belén. Nace, pues, en una condición de gran penuria: pobre entre los pobres.
Pero Aquél que nace es "el
Hijo" por excelencia: Filius datus est nobis. Este Niño es el
Hijo de Dios, de la misma naturaleza del Padre. Anunciado por los profetas, se
hizo hombre por obra del Espíritu Santo en el seno de una Virgen, María.
Cuando, dentro de poco cantemos
en el Credo "... et incarnatus est de Spiritu Sancto ex Maria
Virgine et homo factus est", todos nos arrodillaremos. Meditaremos en
silencio el misterio que se realiza: "Et homo factus est"!
Viene a nosotros el Hijo de Dios y nosotros lo recibimos de rodillas.
2. "Y la Palabra se hizo carne"
(Jn 1,14). En esta noche extraordinaria la Palabra eterna, el "Príncipe
de la paz" (Is 9,5), nace en la mísera y fría gruta de Belén.
"No temáis, dice el
ángel a los pastores, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el
Mesías, el Señor" (Lc 2,11). También nosotros, como los pastores
desconocidos pero afortunados, corramos para encontrar al que
cambió el curso de la historia.
En la extrema pobreza de la
gruta contemplamos a "un niño envuelto en pañales y acostado en un
pesebre" (Lc 2,12). En el recién nacido inerme y frágil, que
da vagidos en los brazos de María, "ha aparecido la gracia de Dios, que
trae la salvación para todos los hombres" (Tt 2,11). Permanezcamos en silencio y adorémosle!
3. ¡Oh Niño, que has querido tener como cuna un pesebre; oh Creador del
universo,
que te has despojado de la gloria divina; oh Redentor nuestro, que has ofrecido
tu cuerpo inerme como sacrificio para la salvación de la humanidad!
Que el fulgor de tu nacimiento ilumine
la noche del mundo. Que la fuerza de tu mensaje de amor destruya las
asechanzas arrogantes del maligno. Que el don de tu vida nos haga comprender
cada vez más cuánto vale la vida de todo ser humano.
Demasiada sangre corre todavía sobre la tierra. Demasiada violencia y demasiados conflictos turban la serena convivencia de las
naciones!
Tú vienes a traernos la paz. Tú eres nuestra paz. Sólo tú puedes hacer de nosotros "un pueblo
purificado" que te pertenezca para siempre, un pueblo "dedicado
a las buenas obras" (Tt 2,14).
4. Puer natus est nobis, filius datus est
nobis! ¡Qué misterio inescrutable esconde la humildad de este Niño! Quisiéramos como
tocarlo; quisiéramos abrazarlo.
Tú, María, que velas sobre tu
Hijo omnipotente, danos tus ojos para contemplarlo con fe: danos tu
corazón para adorarlo con amor.
En su sencillez, el Niño de Belén
nos enseña a descubrir el sentido auténtico de nuestra existencia; nos enseña
a "llevar ya desde ahora una vida sobria, honrada y religiosa"
(Tt 2,12).
5. ¡Oh Noche Santa y tan esperada, que has unido a Dios y al hombre para
siempre! Tú
enciendes de nuevo la esperanza en nosotros. Tú nos llenas de extasiado asombro.
Tú nos aseguras el triunfo del amor sobre el odio, de la vida sobre la muerte. Por eso permanecemos absortos y rezamos.
En el silencio esplendoroso de
tu Navidad, tú, Emmanuel, sigues hablándonos. Y nosotros estamos dispuestos a
escucharte. Amén.
© Copyright 2003 - Libreria Editrice Vaticana
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