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HOMILÍA DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II DURANTE EL FUNERAL DEL CARDENAL
PAULOS TZADUA
Martes 16 de diciembre
de 2003
1. "Tened ceñidos vuestros lomos y encendidas vuestras lámparas"
(Lc
12, 35).
El tiempo de Adviento hace de telón de fondo de esta celebración exequial, en la
que ofrecemos el sacrificio eucarístico en sufragio del querido y venerado
cardenal Paulos Tzadua, arzobispo emérito de Addis Abeba. El Señor lo ha llamado
a sí precisamente en estos días, durante los cuales se nos hacen insistentes
invitaciones a la vigilancia, a la espera y a la esperanza.
El evangelista san Lucas nos acaba de recomendar: "Estad, pues, preparados,
porque a la hora que menos penséis vendrá el Hijo del hombre" (Lc 12,
40). El cristiano siempre debe estar preparado para afrontar el paso de la
muerte. Mira al futuro, tanto personal como universal, desde la perspectiva de
la parusía, y lo orienta todo a estas realidades últimas y fundamentales. En
efecto, es grande el acontecimiento que nos espera: el encuentro "cara a cara"
con Dios (cf. 1 Co 13, 12).
2. "Dichosos los siervos aquellos a quienes el amo hallare en vela" (Lc
12, 37). Nos alegra considerar a este hermano nuestro, al que damos la última
despedida, como uno de los "siervos" de los que habla el Evangelio y que el
"amo", al volver, ha hallado en vela. Sacerdote y obispo celoso, consagró su
vida a Cristo y a la Iglesia. Con una elección significativa, en su escudo había
puesto el lema: "Por Jesucristo". A imitación de su Señor, se hizo servidor de
sus hermanos, poniendo a su disposición las excelsas cualidades de las que
estaba dotado, así como los amplios conocimientos que adquirió mediante sus
estudios, especialmente en el campo jurídico. Pero, más allá de su labor
pastoral, sobre todo se entregó a sí mismo, dando prueba por doquier de santidad
de vida y de constante celo apostólico. Por eso, en los diversos ámbitos donde
fue llamado a desempeñar su ministerio sacerdotal y episcopal, dejó un recuerdo
lleno de estima y veneración.
3. Nos complace pensar en él como un generoso y activo pastor de la electa
porción de la Iglesia que está en África. Se hizo su autorizado portavoz en el
Sínodo de los obispos, en el que participó ya como presidente de la Conferencia
episcopal de Etiopía y, más adelante, como arzobispo de Addis Abeba y cardenal.
Este aspecto de su ministerio culminó en la Asamblea especial para África del
Sínodo de los obispos, que tuvo lugar en Roma, en 1994, en la que, como tercer
presidente delegado, desempeñó un papel de gran importancia. El pueblo de Dios
tiene con él una gran deuda por su notable solicitud en favor del laicado, a
cuya vocación, formación y misión prestó siempre una gran atención, por
fidelidad a las enseñanzas del concilio Vaticano II.
4. "Por su gran misericordia, (Dios) nos reengendró a una viva esperanza por la
resurrección de Jesucristo de entre los muertos" (1 P 1, 3).
En momentos de prueba y de dolor, como este, recurrir a la palabra de Dios es
para los creyentes fuente de consuelo y de esperanza. El apóstol san Pedro, en
la segunda lectura, nos ha recordado que Cristo venció a la muerte con su
resurrección.
Al celebrar el memorial de la Pascua, invocamos hoy la fuerza del Señor
resucitado para el venerado y querido cardenal Paulos Tzadua. Para él, fiel
servidor de la Iglesia, está reservada en los cielos "una herencia
incorruptible" (1 P 1, 4); para él está abierto el banquete de la vida y
de la alegría (cf. Is 25, 6).
Que la Virgen María lo acoja y lo acompañe al paraíso, para que goce por toda la
eternidad de la felicidad de los justos. Amén.
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