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CEREMONIA DE CANONIZACIÓN
DE 3 BEATOS
HOMILÍA DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
Domingo 5 de octubre de 2003
1. "Predicad el Evangelio a toda la creación" (Mc 16, 15). Con estas
palabras el Resucitado, antes de la Ascensión, encomendó a los Apóstoles el
mandato misionero universal. Inmediatamente después, les aseguró que en esa
ardua misión contarían con su constante asistencia (cf. Mc 16, 20).
Estas mismas palabras han resonado, de modo elocuente, en esta solemne
celebración. Constituyen el mensaje que nos renuevan estos tres nuevos santos:
Daniel Comboni, obispo, fundador de la congregación de los Misioneros
Combonianos del Corazón de Jesús y de las religiosas Misioneras Combonianas Pías
Madres de la Nigricia;
Arnoldo Janssen, presbítero, fundador de la
Sociedad del Verbo Divino, de la congregación de las Misioneras Siervas del
Espíritu Santo y de la congregación de las religiosas Siervas del Espíritu Santo
de la Adoración Perpetua; y
José Freinademetz, presbítero, de la Sociedad
del Verbo Divino.
Su existencia pone de manifiesto que el anuncio del Evangelio "constituye el
primer servicio que la Iglesia puede prestar a cada hombre y a la humanidad
entera" (Redemptoris
missio, 2). La evangelización, enseñan estos nuevos
santos, además de intervenciones de promoción humana, a veces incluso
arriesgadas, como testimonia la experiencia de tantos misioneros, conlleva
siempre un anuncio explícito de Cristo. Este es el ejemplo y esta es la
valiosa herencia que los tres santos elevados hoy a la gloria de los altares
dejan especialmente a sus familias religiosas. La primera tarea de los
institutos misioneros es la misión "ad gentes", que no se ha de posponer a
ningún otro compromiso, aunque sea necesario, de carácter social y humanitario.
2. "Todos los pueblos verán la gloria del Señor". El salmo responsorial, que
acabamos de cantar, destaca la urgencia de la misión "ad gentes" también
en nuestro tiempo. Hacen falta evangelizadores que tengan el entusiasmo y el
celo apostólico del obispo Daniel Comboni, apóstol de Cristo entre los
africanos. Él empleó los recursos de su rica personalidad y de su sólida
espiritualidad para dar a conocer a Cristo y hacer que fuera acogido en África,
continente que amaba profundamente.
¿Cómo no dirigir, también hoy, la mirada con afecto y preocupación a aquellas
queridas poblaciones? África, tierra rica en recursos humanos y espirituales,
sigue marcada por muchas dificultades y problemas. Ojalá que la comunidad
internacional la ayude activamente a construir un futuro de esperanza.
Encomiendo este llamamiento mío a la intercesión de san Daniel Comboni, insigne
evangelizador y protector del continente negro.
3. "Caminarán los pueblos a tu luz" (Is 60, 3). La imagen profética de la
nueva Jerusalén, que difunde la luz divina sobre todos los pueblos, ilustra bien
la vida y el incansable apostolado de san Arnoldo Janssen. En su
actividad sacerdotal mostró gran celo por la difusión de la palabra de Dios,
utilizando los nuevos medios de comunicación social, especialmente la prensa.
No se desanimó ante los obstáculos. Solía repetir: "El anuncio de la buena
nueva es la primera y principal expresión del amor al prójimo". Desde el cielo
ayuda ahora a su familia religiosa a proseguir fielmente en el camino por él
trazado, que testimonia la permanente validez de la misión evangelizadora de la
Iglesia.
4. "Ellos fueron y proclamaron el Evangelio por todas partes" (Mc 16,
20). Así concluye su evangelio el evangelista san Marcos. Y luego añade que el
Señor no deja de acompañar la actividad de los Apóstoles con el poder de sus
prodigios. De esas palabras de Jesús se hacen eco estas, llenas de fe, de san
José Freinademetz: "No considero la vida misionera como un sacrificio que
ofrezco a Dios, sino como la mayor gracia que Dios habría podido darme". Con la
tenacidad típica de la gente de montaña, este generoso "testigo del amor" se
entregó a sí mismo a las poblaciones chinas de la región meridional de
Shandong. Abrazó por amor y con amor su condición de vida, según el consejo que
él mismo daba a sus misioneros: "El trabajo misionero es vano si no se ama y no
se es amado". Este santo, modelo ejemplar de inculturación evangélica,
imitó a Jesús, que salvó a los hombres compartiendo hasta el fondo su
existencia.
5. "Id al mundo entero". Los tres santos, que honramos hoy con alegría,
recuerdan la vocación misionera de todo bautizado. Todo cristiano es enviado en
misión, pero, para ser testigos auténticos de Cristo, es preciso tender
constantemente a la santidad (cf.
Redemptoris missio, 90).
Acojamos, amadísimos hermanos y hermanas, esta invitación que nos propone la
sugestiva celebración de hoy. Que nos ilumine desde el cielo la Reina de los
santos, Estrella de la nueva evangelización. A ella nos dirigimos con confianza
especialmente en este mes de octubre, dedicado al rosario y a las misiones.
¡María santísima, Reina de las misiones, ruega por nosotros!
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