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MISA DE INICIO DE CURSO EN LAS
UNIVERSIDADES Y ATENEOS PONTIFICIOS DE ROMA
HOMILÍA DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
Viernes 19 de octubre de
2001
1. "Abraham creyó a Dios y le fue computado como justicia" (Rm
4, 3). Las palabras que san Pablo dirigió a la comunidad cristiana de Roma,
propuestas de nuevo por la liturgia de esta tarde, nos ayudan a vivir más
intensamente este tradicional encuentro, en el que la comunidad de las
universidades eclesiásticas de la ciudad se reúne en torno a la mesa eucarística
al inicio del nuevo año académico.
En su carta a los Romanos, después de trazar el cuadro oscuro y desolado de una
humanidad sometida al poder del pecado e incapaz de salvarse por sí misma,
el apóstol san Pablo proclama el Evangelio de la justificación,
ofrecida por Dios a todos los hombres en Cristo. Para expresar mejor el
contenido fundamental de este anuncio, propone el ejemplo de la fe de Abraham,
padre de todos los creyentes. Así, nos introduce en el corazón del mensaje
cristiano, que proclama la realización de la salvación en el encuentro
entre la iniciativa gratuita de Dios y la respuesta necesaria del hombre, que
acoge el don de Dios mediante la fe.
La profunda y articulada reflexión paulina sobre el misterio cristiano
constituye para todos los discípulos del Señor una invitación a lograr una
comprensión cada vez más adecuada de los contenidos de la fe. Esta invitación
vale en particular para los teólogos, que, en la Iglesia y en comunión
con los legítimos pastores del pueblo de Dios, tienen la misión de contribuir
con su trabajo a la profundización del contenido de la Revelación y
expresarlo en un lenguaje comprensible a los hombres de su tiempo. Se dirige,
además, a los profesores de las diversas disciplinas eclesiásticas,
llamados a sostener la comunicación de la fe y promover la búsqueda
de la verdad.
2. Con las palabras del Apóstol, que invitan a imitar el ejemplo de fe de
Abraham, me alegra daros mi cordial bienvenida a todos vosotros, que
participáis en esta solemne celebración. Saludo, ante todo, al señor cardenal
Zenon Grocholewski, prefecto de la Congregación para la educación católica,
que preside la liturgia eucarística. Saludo también a los rectores de las
universidades eclesiásticas, a los miembros del cuerpo académico y a los
rectores de los seminarios y los colegios, así como a cuantos de diversas
formas colaboran activamente en la formación espiritual, cultural y humana de
los estudiantes y están presentes aquí esta tarde. Por último, os abrazo a
todos vosotros, amadísimos jóvenes, que tenéis el privilegio de profundizar
cerca de la Sede de Pedro vuestra formación cultural y espiritual. Deseo
dirigir una palabra especial de afecto y aliento a los que comienzan este año
su camino en la comunidad universitaria romana. Sed conscientes de que el empeño
y el esfuerzo de este tiempo dedicado al estudio, con la luz y el apoyo de la
gracia de Dios generosamente acogida y secundada, no sólo producirá abundantes
frutos para vosotros, sino también para cuantos encontréis en los compromisos
y responsabilidades a los que seréis llamados.
A todos vosotros -estudiantes, profesores, formadores y responsables académicos-
deseo expresaros mi estima y mi aprecio más profundos por el empeño que
ponéis en el ámbito académico y didáctico. Espero de corazón que este año,
inaugurado solemnemente hoy, contribuya a producir abundantes frutos de sabiduría
y gracia.
3. El concilio Vaticano II subrayó con fuerza que la Iglesia es
"misterio de comunión", por la unidad del Padre, del Hijo y del
Espíritu Santo (cf. Lumen gentium, 4; Unitatis redintegratio, 2).
Esta comunión se ha de entender como cohesión armónica de diversos
ministerios, carismas y dones, animados por el mismo Espíritu, al servicio de
la misma misión y orientados al mismo fin. Según esta visión orgánica de la
unidad de la Iglesia, el saber teológico, coherentemente con sus
presupuestos, ha de insertarse plenamente en el ámbito vital de la comunión
eclesial. En efecto, la reflexión teológica responde esencialmente al
dinamismo mismo de la fe y, en consecuencia, es parte integrante de la
evangelización. El teólogo está llamado a dar su contribución de investigación
y profundización de la verdad revelada, para que el Evangelio de la salvación
se comprenda más adecuadamente y se comunique más fácilmente a todos los
hombres.
Por tanto, el teólogo, tanto en la investigación como en la enseñanza, debe
ser siempre consciente de la intrínseca vocación eclesial de su actividad.
De modo análogo, los profesores de las otras disciplinas eclesiásticas se
sentirán sostenidos por una fuerte pasión por la verdad y por una coherente
voluntad de servicio a la misión evangelizadora de la Iglesia.
4. Por esta razón, amadísimos profesores y estudiantes de las
universidades eclesiásticas romanas, os invito a tomar cada vez mayor
conciencia de la importancia y delicadeza de vuestra tarea. Sobre todo, sed
conscientes de que realizáis vuestro trabajo con la Iglesia, en la Iglesia y
para la Iglesia. Esto exige una confrontación continua con el sensus
fidei del pueblo de Dios y una profunda sintonía con el Magisterio de la
Iglesia, que tiene precisamente la tarea de garantizar la autenticidad y la
coherencia de las enseñanzas transmitidas con el depósito de la fe, que Cristo
confió a los Apóstoles y a sus sucesores.
En particular, os exhorto a vosotros, estudiantes, a aprovechar las
oportunidades que os ofrecen la ciudad y la diócesis de Roma. En efecto, aquí,
además de la amplia posibilidad de elección de los cursos de enseñanza
universitaria, se encuentran los testigos de una extraordinaria variedad de
culturas y tradiciones. Todo esto debe favorecer una confrontación serena y
constructiva, que aliente a cada uno en su compromiso de buscar la verdad, a la
que todos deben tender.
5. Deseo de corazón que la experiencia de estudio en Roma ayude a todos a
profundizar el sentido de pertenencia a la Iglesia y la experiencia de su
"catolicidad". A través del misterio de la pasión, muerte y
resurrección de Cristo, Dios congrega un pueblo nuevo de todas las naciones de
la tierra, para que proclame en el mundo sus maravillas y anuncie a todos los
hombres la alegría de la salvación. En efecto, la bienaventuranza que nos ha
propuesto de nuevo el Salmo responsorial -"Bienaventurado el hombre al que
das la salvación"- está destinada a todo el mundo.
Es una buena nueva que ha de ser proclamada "a pleno día" y pregonada
"desde las azoteas" (cf. Lc 12, 3), como Jesús nos ha
recordado en el evangelio, para que todo hombre y toda mujer la conozca y acoja
en su vida.
El estudio de la teología y de las disciplinas eclesiásticas está orientado a
la evangelización. Por tanto, aprended un método riguroso, afrontando
con valentía y generosidad el esfuerzo de la investigación, para experimentar
luego personalmente el encuentro fecundo entre fe y razón. Con estas "dos
alas" podréis acercaros cada vez más a la contemplación de la verdad
(cf. Fides et ratio, Introducción) y convertiros en felices compañeros
de viaje para los hombres de nuestro tiempo, a menudo confundidos y extraviados
a lo largo de los caminos del mundo.
6. "No tengáis miedo: no hay comparación entre vosotros y los
gorriones" (Lc 12, 7). Las palabras de Jesús, que concluyen el
pasaje evangélico de hoy, contienen un mensaje de aliento y consuelo ante todo
para los discípulos, que las escucharon directamente de los labios del Maestro,
cuando se preparaban para afrontar una misión difícil y arriesgada de
testimonio del Evangelio. Que os sostengan también a todos vosotros, amadísimos
jóvenes, en el momento en el que comenzáis un nuevo tiempo de preparación
para la misión que el Señor os confíe.
Que la protección materna de la Virgen María, Sede de la sabiduría, os
acompañe a todos, profesores y discípulos, durante este año académico y enseñe
a cada uno a guardar y meditar en un corazón puro y disponible el anuncio del
Evangelio (cf. Lc 2, 19. 51).
Que María, Virgen de la acogida y la escucha, Madre de la Palabra hecha carne,
guíe y proteja siempre vuestro camino hacia la comprensión plena y perfecta de
la verdad. Amén.
* * * * *
(Luego, el Santo Padre añadió)
Permitidme recordar los tiempos en que era obispo de Cracovia. Mañana es el día
conmemorativo de san Juan de Kent, que en la Edad Media fue profesor en la
universidad de Cracovia. El 20 de octubre es el día de la inauguración del año
académico en las escuelas de esa ciudad, sobre todo de la famosa universidad
Jaguellónica. Recordando este día de la inauguración en Cracovia y partiendo
de la inauguración que hoy celebramos en Roma, quiero desear a todos los
centros académicos de la Iglesia situados en todas las partes del mundo la
bendición del Señor para el nuevo año académico. ¡Alabado sea Jesucristo!
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