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HOMILIA DEL SANTO PADRE
EN LA VIGILIA PASCUAL
Sábado Santo, 14 de abril de 2001
1. "¿Por qué buscáis entre los muertos
al que está vivo? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24,5-6).
Estas palabras de dos hombres
"con vestidos resplandecientes" refuerzan la confianza en las mujeres
que acudieron al sepulcro, muy de mañana. Habían vivido los acontecimientos trágicos
culminados con la crucifixión de Cristo en el Calvario; habían experimentado
la tristeza y el extravío. No habían abandonado, en cambio, en la hora de la
prueba, a su Señor.
Van a escondidas al lugar donde
Jesús había sido enterrado para volverlo a ver todavía y abrazarlo por última
vez. Las empuja el amor; aquel mismo amor que las llevó a seguirlo por las
calles de Galilea y Judea hasta al Calvario.
¡Mujeres dichosas! No sabían
todavía que aquella era el alba del día más importante de la historia. No podían
saber que ellas, justo ellas, habían sido los primeros testigos de la
resurrección de Jesús.
2. "Encontraron que la piedra había sido retirada del sepulcro".
(Lc 24, 2)
Así lo narra el evangelista
Lucas, y añade que, "entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor
Jesús" (24, 3). En un instante todo cambia. Jesús "no está
aquí, ha resucitado." Este anuncio que cambió la tristeza de estas
piadosas mujeres en alegría, resuena con inalterada elocuencia en la Iglesia,
en el curso de esta Vigilia pascual.
Extraordinaria Vigilia de una
noche extraordinaria. Vigilia, madre de todas las Vigilias, durante la que la
Iglesia entera permanece en espera junto a la tumba del Mesías, sacrificado en
la Cruz. La Iglesia espera y reza, escuchando las Escrituras que recorren de
nuevo toda historia de la salvación.
Pero en esta noche no son las
tinieblas las que dominan, sino el fulgor de una luz repentina, que irrumpe con
el anuncio sobrecogedor de la resurrección del Señor. La espera y la oración
se convierten entonces en un canto de alegría: "Exultet iam angelica
turba caelorum... Exulte el coro de los Ángeles"!.
Se cambia totalmente la
perspectiva de la historia: la muerte da paso a la vida. Vida que no muere más.
Enseguida cantaremos en el Prefacio que Cristo "muriendo destruyó la
muerte y resucitando restauró la vida." He aquí la verdad que nosotros
proclamamos con palabras, pero sobre todo con nuestra existencia. Aquel que las
mujeres creían muerto está vivo. Su experiencia se convierte en la nuestra.
3. ¡Oh Vigilia penetrada de esperanza, que
expresas en plenitud el sentido del misterio! ¡Oh Vigilia rica en símbolos,
que manifiestas el corazón mismo de nuestra existencia cristiana! Esta noche
todo se resume prodigiosamente en un nombre, el nombre de Cristo resucitado.
Oh Cristo, ¿cómo no darte las
gracias por el don inefable que nos regalas esta noche? El misterio de tu muerte
y tu resurrección se infunde en el agua bautismal que acoge al hombre antiguo y
carnal y lo hace puro con la misma juventud divina.
En tu misterio de muerte y
resurrección nos sumergiremos enseguida, renovando las promesas bautismales; en
él se sumergirán especialmente los seis catecúmenos, que recibirán el
Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía.
4. Queridos Hermanos y Hermanas catecúmenos, os
saludo con gran cordialidad, y en nombre de la Comunidad eclesial os acojo con
fraterno afecto. Vosotros provenís de diversas naciones: del Japón, de Italia,
de China, de Albania, de los Estados Unidos de América y del Perú.
Vuestra presencia en esta Plaza
de San Pedro expresa la multiplicidad de las culturas y los pueblos que han
abierto su corazón al Evangelio. También para vosotros, como para cada
bautizado, en esta noche la muerte cede el paso a la vida. El pecado es borrado
y se inicia una existencia totalmente nueva. Perseverad hasta el final en la
fidelidad y en el amor. Y no temáis ante las pruebas, porque "Cristo,
una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene
poder sobre él" (Rm 6,9).
5. Sí, queridos Hermanos y Hermanas, Jesús está
vivo y nosotros vivimos en Él. Para siempre. He aquí el regalo de esta noche,
que ha revelado definitivamente al mundo el poder de Cristo, Hijo de la Virgen
María, que nos fue dada como Madre a los pies de la Cruz.
Esta Vigilia nos introduce en un
día que no conoce el ocaso. Día de la Pascua de Cristo, que inaugura para la
humanidad una renovada primavera de esperanza.
"Haec dies quam fecit
Dominus: exsultemus et laetamur en ea - Éste es el día que ha hecho el Señor:
regocijémonos y exultemos de alegría." ¡Alleluya!
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