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JUAN PABLO II
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 7 de abril de 2004
El Triduo pascual
1. "Cristo Jesús (...) se rebajó hasta someterse incluso a la
muerte (...) de cruz. (...) Por eso, Dios lo exaltó" (Flp 2, 8-9).
Acabamos de escuchar estas palabras del himno contenido en la carta a los
Filipenses. Nos presentan, de modo esencial y eficaz, el misterio de la pasión y
muerte de Jesús; al mismo tiempo, nos permiten vislumbrar la gloria de la Pascua
de resurrección. Por tanto, constituyen una meditación que nos introduce en las
celebraciones del Triduo pascual, que comienza mañana.
2. Amadísimos hermanos y hermanas, nos disponemos a revivir en
los próximos días el gran misterio de nuestra salvación. Mañana, Jueves
santo, por la mañana, en todas las comunidades diocesanas el obispo celebra,
juntamente con sus presbíteros, la misa Crismal, en la que se bendicen
los óleos: el óleo de los catecúmenos, el de los enfermos y el santo crisma.
Por la tarde se hace memoria de la última Cena con la institución de la
Eucaristía y del sacerdocio. El lavatorio de los pies recuerda que, con
este gesto realizado por Jesús en el Cenáculo, él anticipó el sacrificio supremo
del Calvario, y nos dejó como nueva ley -"mandatum novum"- su amor. De
acuerdo con una piadosa tradición, después de los ritos de la misa in cena
Domini, los fieles permanecen en adoración ante la Eucaristía hasta bien
entrada la noche. Es una vigilia de oración singular, que se vincula a la agonía
de Cristo en Getsemaní.
3. En el Viernes santo, la Iglesia hace memoria de la
pasión y muerte del Señor. La asamblea cristiana es invitada a meditar sobre el
mal y el pecado que oprimen a la humanidad y sobre la salvación llevada a cabo
por el sacrificio redentor de Cristo. La palabra de Dios y algunos ritos
litúrgicos sugestivos, como la adoración de la cruz, ayudan a recorrer las
diversas etapas de la Pasión. Además, la tradición cristiana ha dado vida, en
este día, a varias manifestaciones de piedad popular. Entre ellas destacan las
procesiones penitenciales del Viernes santo y el ejercicio piadoso del vía
crucis, que ayudan a interiorizar mejor el misterio de la cruz.
Un gran silencio caracteriza el Sábado santo. En efecto, no están
previstas liturgias particulares en este día de espera y de oración. En las
iglesias reina un silencio total, mientras los fieles, imitando a María, se
preparan para el gran acontecimiento de la Resurrección.
4. Al anochecer del Sábado santo comienza la solemne Vigilia pascual,
la "madre de todas las vigilias". Después de bendecir el fuego nuevo, se
enciende el cirio pascual, símbolo de Cristo que ilumina a todo hombre, y
resuena jubiloso el gran anuncio del Exsultet. La comunidad eclesial,
poniéndose a la escucha de la palabra de Dios, medita la gran promesa de la
liberación definitiva de la esclavitud del pecado y de la muerte. Siguen los
ritos del bautismo y la confirmación para los catecúmenos, que han recorrido un
largo itinerario de preparación.
El anuncio de la Resurrección irrumpe en la oscuridad de la noche y toda la
creación se despierta del sueño de la muerte, para reconocer el señorío de
Cristo, como subraya el himno paulino que hemos tomado como punto de partida
para estas reflexiones: "Al nombre de Jesús toda rodilla se doble, en el cielo,
en la tierra y en el abismo, y toda lengua proclame "¡Jesucristo es el Señor!""
(Flp 2, 10-11).
5. Amados hermanos y hermanas, estos días son muy oportunos para hacer más viva
la conversión de nuestro corazón a Aquel que por amor murió por nosotros.
Dejemos que sea María, la Virgen fiel, quien nos acompañe; con ella vayamos al
Cenáculo y permanezcamos junto a Jesús en el Calvario, para por último
encontrarnos con él resucitado el día de Pascua.
Con estos sentimientos, os expreso mis mejores deseos de una gozosa y santa
Pascua a vosotros, aquí presentes, a vuestras comunidades y a todos vuestros
seres queridos.
Saludos
Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular al grupo del colegio
Pureza de María, de Barcelona. Invito a todos a vivir intensamente estos días
santos, junto con la santísima Virgen, para encontrar a Jesús resucitado el día
de Pascua. ¡Feliz y santa Pascua para vosotros, vuestras familias y comunidades!
(A los peregrinos lituanos) Que la pasión de Cristo, que meditamos
durante esta semana, os ayude a comprender cada vez más el infinito amor de Dios
a la humanidad. Os bendigo a todos de corazón.
(A los peregrinos
croatas) Amadísimos hermanos, en los próximos días
volveremos a vivir el misterio pascual del Señor. La santísima Virgen os
acompañe en la oración, en la meditación y en la participación en la liturgia de
la pasión, muerte y resurrección de Cristo, y os obtenga la abundancia de su
gracia y misericordia. Os imparto la bendición apostólica a vosotros y a
vuestras familias.
(En italiano)
A vosotros, queridos jóvenes, os deseo que no tengáis miedo de seguir a
Cristo, incluso cuando os pida abrazar la cruz. A vosotros, queridos
enfermos, os sirva de consuelo la meditación de la pasión de Jesús, misterio
de sufrimiento transfigurado por el amor. Y en vosotros, queridos recién
casados, la muerte y la resurrección del Señor renueven la alegría y el
compromiso de la alianza matrimonial.
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