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AUDIENCIA GENERAL DE JUAN PABLO II
Miércoles 26 de noviembre de 2003
El Mesías, rey y sacerdote
1. Hemos escuchado uno de los salmos más célebres de la historia
de la cristiandad. En efecto, el salmo 109, que la liturgia de las Vísperas
nos propone cada domingo, se cita repetidamente en el Nuevo Testamento.
Sobre todo los versículos 1 y 4 se aplican a Cristo, siguiendo la antigua
tradición judía, que había transformado este himno de canto real davídico en
salmo mesiánico.
La popularidad de esta oración se debe también al uso constante que se hace de
ella en las Vísperas del domingo. Por este motivo, el salmo 109, en la
versión latina de la Vulgata, ha sido objeto de numerosas y espléndidas
composiciones musicales que han jalonado la historia de la cultura occidental.
La liturgia, según la práctica elegida por el concilio Vaticano II, ha recortado
del texto original hebreo del salmo, que entre otras cosas tiene sólo 63
palabras, el violento versículo 6. Subraya la tonalidad de los así llamados
"salmos imprecatorios" y describe al rey judío mientras avanza en una especie de
campaña militar, aplastando a sus adversarios y juzgando a las naciones.
2. Dado que tendremos ocasión de volver otras veces a este salmo, considerando
el uso que hace de él la liturgia, nos limitaremos ahora a ofrecer sólo una
visión de conjunto.
Podemos distinguir claramente en él dos partes. La primera (cf. vv. 1-3)
contiene un oráculo dirigido por Dios a aquel que el salmista llama "mi Señor",
es decir, el soberano de Jerusalén. El oráculo proclama la entronización del
descendiente de David "a la derecha" de Dios. En efecto, el Señor se dirige a
él, diciendo: "Siéntate a mi derecha" (v. 1). Verosímilmente, se menciona aquí
un ritual según el cual se hacía sentar al elegido a la derecha del arca de la
alianza, de modo que recibiera el poder de gobierno del rey supremo de Israel, o
sea, del Señor.
3. En el ambiente se intuyen fuerzas hostiles, neutralizadas, sin embargo, por
una conquista victoriosa: se representa a los enemigos a los pies del soberano,
que camina solemnemente en medio de ellos, sosteniendo el cetro de su autoridad
(cf. vv. 1-2). Ciertamente, es el reflejo de una situación política concreta,
que se verificaba en los momentos de paso del poder de un rey a otro, con la
rebelión de algunos súbditos o con intentos de conquista. Ahora, en cambio, el
texto alude a un contraste de índole general entre el proyecto de Dios, que obra
a través de su elegido, y los designios de quienes querrían afirmar su poder
hostil y prevaricador. Por tanto, se da el eterno enfrentamiento entre el bien y
el mal, que se desarrolla en los acontecimientos históricos, mediante los cuales
Dios se manifiesta y nos habla.
4. La segunda parte del salmo, en cambio, contiene un oráculo sacerdotal, cuyo
protagonista sigue siendo el rey davídico (cf. vv. 4-7). La dignidad real,
garantizada por un solemne juramento divino, une en sí también la sacerdotal. La
referencia a Melquisedec, rey-sacerdote de Salem, es decir, de la antigua
Jerusalén (cf. Gn 14), es quizá un modo de justificar el sacerdocio
particular del rey junto al sacerdocio oficial levítico del templo de Sión.
Además, es sabido que la carta a los Hebreos partirá precisamente de este
oráculo: "Tú eres sacerdote eterno según el rito de Melquisedec" (Sal
109, 4), para ilustrar el particular y perfecto sacerdocio de Jesucristo.
Examinaremos posteriormente más a fondo el salmo 109, realizando un análisis
esmerado de cada uno de sus versículos.
5. Como conclusión, sin embargo, quisiéramos releer el versículo inicial del
salmo con el oráculo divino: "Siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos
estrado de tus pies". Y lo haremos con san Máximo de Turín (siglo IV-V), quien
en su Sermón sobre Pentecostés lo comenta así: "Según nuestra costumbre,
la participación en el trono se ofrece a aquel que, realizada una empresa,
llegando vencedor merece sentarse como signo de honor. Así pues, también el
hombre Jesucristo, venciendo con su pasión al diablo, abriendo de par en par con
su resurrección el reino de la muerte, llegando victorioso al cielo como después
de haber realizado una empresa, escucha de Dios Padre esta invitación:
"Siéntate a mi derecha". No debemos maravillarnos de que el Padre ofrezca la
participación del trono al Hijo, que por naturaleza es de la misma sustancia del
Padre... El Hijo está sentado a la derecha porque, según el Evangelio, a la
derecha estarán las ovejas, mientras que a la izquierda estarán los cabritos.
Por tanto, es necesario que el primer Cordero ocupe la parte de las ovejas y la
Cabeza inmaculada tome posesión anticipadamente del lugar destinado a la grey
inmaculada que lo seguirá" (40, 2: Scriptores circa Ambrosium, IV,
Milán-Roma 1991, p. 195).
Saludos
Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a la estudiantina
de Querétaro, invitando a todos a que en esta visita a Roma afiancen su fe y
acrecienten su esperanza en Cristo. Llevad con vosotros el saludo y la bendición
del Papa. Gracias por vuestra atención.
(En polaco) Queridos peregrinos, que habéis
venido de Polonia y de diversos países del mundo: la solemnidad de Cristo Rey
pone fin al Año litúrgico. Con el próximo domingo comienza el tiempo de
Adviento. El Adviento es un tiempo especial para educarnos en la vigilancia para
prepararnos al encuentro con Cristo en la Navidad y que se manifestará
plenamente Rey y Señor en la gloria del cielo. Os deseo a todos una buena
preparación para las fiestas de Navidad. ¡Alabado sea Jesucristo!.
(En italiano)
Saludo, finalmente, a los jóvenes, a los enfermos y a los
recién casados. La figura del apóstol San Andrés, cuya fiesta se celebrará
en los próximos días, sea para todos vosotros un modelo de seguimiento y de
testimonio cristiano.
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