 |
JUAN PABLO II
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 26 de noviembre de 1980
1. Deseo sintetizar en la audiencia de hoy el viaje pastoral
que, del 15 al 19 de noviembre, me llevó a lo largo de las tierras de la
República Federal de Alemania, esto es, a Colonia, Bonn, Osnabrück, Maguncia,
Fulda, Altötting y Munich de Baviera. De este modo traté de responder a la
invitación que, desde ya hace tiempo, me había dirigido el arzobispo de Colonia,
cardenal Joseph Höffner, con ocasión del 700 aniversario de la muerte de San
Alberto Magno; a su invitación se habían asociado también los cardenales de
Maguncia y de Munich de Baviera, y de todo el Episcopado alemán. Quiero, pues,
subrayar con gratitud que la invitación, que venia por parte de la Iglesia,
estuvo acompañada también por la que me dirigió el Presidente Federal (Bundespräsident).
A este propósito quiero añadir que he apreciado mucho la presencia del Señor
Presidente en el momento de mi llegada y de mi partida, y también la posibilidad
de mi encuentro con él, con el Canciller Federal (Bundeskanzler) y con los
representantes de las autoridades estatales, la tarde del 15 de noviembre, en el
castillo de Brühl.
2. El carácter y el programa estrictamente pastoral de la visita
me han permitido —a pesar del breve espacio de tiempo— tocar una serie de
problemas clave, ligados con la vida y con la misión de la Iglesia en Alemania.
Es sabido lo antigua que es la historia del cristianismo en esa
tierra situada al norte de los Alpes, en las orillas del Rhin, historia que se
remonta a los antiguos tiempos romanos.
Y en este antiguo trasfondo la historia, en sentido propio, de la Iglesia en
Alemania comienza plenamente ya después de las migraciones de los pueblos,
precisamente esos pueblos nuevos que antes eran todavía paganos. El comienzo de
la evangelización en medio de ellos está vinculado al nombre del gran misionero
benedictino San Bonifacio, obispo y mártir, ante cuya tumba hemos orado
juntos en Fulda, donde tuvo lugar el encuentro con toda la Conferencia del
Episcopado alemán, y también con los sacerdotes, con los diáconos y los
seminaristas, reunidos allí de todas las diócesis, como también con los
cooperadores de la pastoral y con los representantes del apostolado de los
laicos, espléndidamente organizado. Este apostolado está ampliamente abierto
a las necesidades de la Iglesia y de la sociedad en los diversos países y en
los diversos continentes, como dan testimonio de ello las organizaciones
misioneras y caritativas de alcance mundial "Missio", "Adveniat", "Misereor".
Las ofrendas, recogidas con ocasión de mi visita a Alemania, han sido destinadas
a los países de Sahel, azotados por el flagelo de la sequía.
3. Desde los tiempos de San Bonifacio, esto es, desde el siglo VIII,
comenzó el desarrollo de la Iglesia medieval en las tierras germánicas. Esa
Iglesia, en los siglos X y XI, dio a la Sede Apostólica seis Papas; además dio
muchos santos y sabios, tanto hombres como mujeres, tanto en las cortes de los
emperadores como en los conventos y abadías. Uno de ellos es precisamente San
Alberto, el único de los teólogos medievales al que la historia ha dado el
sobrenombre de "Magno", de "Grande". Nacido en Lauingen fue, como teólogo,
maestro de Santo Tomás de Aquino, y tiene grandes méritos en el problema de la
armonización entre las ciencias naturales, la filosofía aristotélica, y el
conocimiento que se saca de la Palabra de la divina Revelación. Obispo de
Ratisbona, terminó su vida en Colonia, hace 700 años. Al tributar
veneración a la memoria de este gran hijo de Santo Domingo, no se podía menos de
recordar al gran Duns Scoto, que descansa también en Colonia, en la iglesia de
los franciscanos: como también, en la misma iglesia, otro personaje del siglo
pasado: la figura del gran pastor y activista social, rvdo. Adolph Kolping, cuya
obra permanece y continúa desarrollándose en Alemania e incluso más allá de sus
fronteras.
Con San Alberto Magno se abre ante nosotros una gran perspectiva histórica de
la ciencia y de la cultura, en las cuales es enorme la aportación de la
nación y de la Iglesia alemana, en el pasado y hoy.
Y por tanto se ha dado la óptima oportunidad de que, en la espléndida catedral
de Colonia, he podido hablar a los hombres de la ciencia, reunidos en gran
número, profesores y estudiantes, sobre el tema del problema fundamental de las
relaciones recíprocas entre la ciencia y la fe en el contexto
contemporáneo. Otro encuentro, un poco parecido, tuvo lugar el último día del
viaje, en Munich de Baviera; reunió en el "Herkules-Saal" algunos millares de
artistas, de hombres de la cultura y también representantes de la llamada
cultura de masa, que se desarrolla con la ayuda de los instrumentos
contemporáneos de las comunicaciones sociales: prensa, radio y televisión.
En el contexto del aniversario del gran teólogo del siglo XIII, evidentemente no
podía faltar al menos un encuentro con los representantes de los profesores de
las numerosas facultades teológicas y de los ateneos eclesiásticos de Alemania,
y éste tuvo lugar en Altötting, el 18 de noviembre.
4. Caminando por las grandes rutas de la historia, llegamos al siglo XVI,
cuando apareció Martín Lutero y a los tiempos de la Reforma. Precisamente en el
corriente año se cumplen los 450 de la fecha, a la que se liga la famosa "Confessio
augustana" (1530). Y a pesar de que los esfuerzos emprendidos entonces por
mantener la unidad de la Iglesia no hayan llevado a los resultados que se
esperaban, sin embargo, el aniversario de la "Confessio augustana" se ha
convertido para mí en un motivo particular, para estar presente, precisamente
este año, en la patria de la Reforma y buscar la ocasión para el
encuentro con los representantes de la Iglesia evangélica alemana (EKD), y de
las otras Iglesias y Comunidades cristianas, con las cuales la Iglesia católica
está en relaciones de cooperación ecuménica. Juzgo como particularmente
importante el encuentro con los representantes de la Iglesia evangélica
alemana con motivo de las circunstancias históricas antes indicadas, y
evidentemente también con motivo del ulterior desarrollo de toda la acción que
hay que realizar por la unión de los cristianos, en la que todos nosotros vemos
la voluntad de Nuestro Señor.
Este es el camino, del que no podemos volvernos atrás, sino que debemos
ir siempre adelante, no desistiendo de la oración y de la conversión interior, y
adaptando nuestra conducta a la luz del Espíritu Santo, que es el único que
ciertamente puede hacer que toda la obra se realice conjuntamente en el amor y
en la verdad. Es obra de una importancia capital para la credibilidad de nuestro
testimonio cristiano: "Para que el mundo crea"..., ha pedido Cristo al Padre por
sus discípulos, "para que todos sean una sola cosa" (Jn 17, 21).
Los encuentros ecuménicos han tenido lugar en Maguncia (Mainz). También
se realizó en Maguncia el encuentro con los representantes de la comunidad
judía, que tuvo un significado particular y una elocuencia singular.
Coronamiento pastoral de este capitulo ecuménico de todo el programa fueron
también la visita a Osnabrück, la concelebración y el encuentro con la
"diáspora" católica de Alemania del Norte. Una experiencia muy necesaria y
cargada de significado.
5. La Iglesia en Alemania se halla ante las grandes tareas de la
evangelización, vinculadas con la situación de la sociedad, dividida después de
la segunda guerra mundial, en dos Estados alemanes separados Estas son las
tareas típicas para esa sociedad altamente industrializada en el sentido de la
economía y de la civilización y, al mismo tiempo, sometida a intensos
procesos de secularización. En estas circunstancias, la no fácil misión de
la Iglesia exige una particular madurez de la verdad predicada y una fuerza de
amor tan grande, que sea capaz de superar la indiferencia y la ausencia efectiva
de muchos en la comunidad de los creyentes.
Las experiencias de esos pocos intensos días nos permiten deducir que la Iglesia
en Alemania trata de contraponer a esas crecientes dificultades la fuerza y
las consecuencias prácticas de la fe de aquellos que comprenden y confiesan
su cristianismo "con obras y de verdad". Precisamente esta elocuencia han tenido
para mí esos encuentros, que han llevado, en cierto sentido, a dar perfil vivo a
la sociedad del Pueblo de Dios. Recuerdo la Santa Misa para los esposos y las
familias en Butzweilerhof, Colonia. Luego, los encuentros parecidos, por
su carácter con el mundo del trabajo, durante la Santa Misa en Maguncia
para recordar al obispo Ketteler, gran portavoz de la causa social. Finalmente,
la Santa Misa para los jóvenes en Munich de Baviera, en Theresienwiese.
Es necesario añadir que estos encuentros litúrgicos tuvieron lugar con tiempo
desfavorable, bajo la lluvia y el frío de noviembre en Colonia y Maguncia, y con
el frío penetrante y con el viento en Munich de Baviera. Los participantes no
sólo permanecieron en su puesto en esas difíciles condiciones atmosféricas,
sino que estaban allí ya bastantes horas antes del comienzo de la Santa Misa,
orando, cantando y meditando en la Palabra de Dios. Con esto han dado un
particular testimonio de fe y de paciente perseverancia.
En la República Federal de Alemania hay también muchos trabajadores extranjeros,
tanto cristianos como musulmanes. Los encuentros con ellos han tenido lugar en
la catedral de Maguncia; estaban presentes los grupos: turco, italiano, español,
croata y esloveno; y, aparte, un grupo polaco y otros. Momentos llenos de
particular calor humano y de comunión fraterna y cristiana han sido dos
encuentros con los fieles de la capital federal en el "Müns-terplatz" de
Bonn, y con los ancianos en el "Liebfrauendom" de Munich.
6. Deseo dedicar el último punto de este recuerdo a la visita al
santuario mariano de Altötting, en el territorio de Baviera (diócesis de
Passau), donde habían sido invitadas sobre todo las congregaciones religiosas
femeninas y masculinas, y al mismo tiempo habían ido numerosos peregrinos de
diversas partes, especialmente de Baviera y de Austria. A este encuentro se
refiere la oración que he escrito después del regreso a Roma.
Ciertamente el tiempo riguroso de noviembre no ha favorecido externamente la
peregrinación y, sin embargo, doy gracias a Dios por haberla podido
realizar, y precisamente en tales condiciones.
Y doy las gracias a todos los hombres que, de un modo u otro, han
contribuido a ella y, de un modo u otro, han participado en ella. Vergelt's Gott.
* * *
Saludos
A los Legionarios de Cristo presentes en esta Audiencia que, en torno a su
fundador, acaban de concluir su Capítulo general, doy mi afectuoso saludo con la
expresión de mi cordial benevolencia. Alentándolos a ser fieles a la Iglesia y a
su propia vocación, muy gustoso les imparto la bendición apostólica.
Copyright © Libreria Editrice Vaticana
|