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JUAN PABLO II
ÁNGELUS
Domingo
10 de noviembre de 2002
Amadísimos hermanos y hermanas:
1. En este segundo domingo de noviembre se celebra en Italia la Jornada
de acción de gracias, organizada por la Confederación nacional de
agricultores. Es hermoso y necesario dar gracias a Dios por los dones recibidos
durante el año, y ser agradecidos con los hombres y las mujeres que los
obtienen de la tierra con su trabajo. Los agricultores, a menudo poco
considerados en las sociedades industriales, merecen, en cambio, el aprecio común
por el servicio primario que prestan a toda la familia humana. La conservación
de la creación es un compromiso que corresponde a todos. Como han escrito los
obispos italianos en su Mensaje, "no debemos olvidar nunca que la tierra es
de Dios, aunque haya sido puesta en manos del hombre para que la gobierne (cf. Gn
1, 28)" (n. 1). A este respecto, es necesario un auténtico cambio
cultural: de la explotación indiscriminada de los recursos es preciso
"convertirse" a la administración responsable de los bienes que Dios
nos ofrece en la creación.
2. Las Naciones Unidas han declarado el año 2002 "Año de la Montaña".
Por tanto, esta Jornada de acción de gracias se dirige, de modo particular, al ambiente
montañés, y al espléndido don que constituye para el hombre. Desde
siempre las montañas son capaces de fascinar al alma humana, hasta el punto de
que en la Biblia se consideran un lugar privilegiado para el encuentro con Dios.
De esta manera se convierten en símbolo de la elevación del hombre al Creador.
Con todo, las montañas no son sólo un lugar de descanso y de vacaciones; para
muchas personas son también el ambiente del esfuerzo diario, afrontado a menudo
en la soledad y el aislamiento. Las montañas constituyen un patrimonio de
todos, y es deber de todos respetarlas, amarlas y conservarlas atentamente. En
efecto, se trata de un bien común, cuya integridad es de gran valor para toda
la humanidad.
3. Cuántas veces, caminando por senderos de montaña, nos encontramos con
iglesitas o ermitas dedicadas a María. Desde lo alto, la Virgen madre vela
silenciosa por sus hijos.
El Evangelio de este domingo (cf. Mt 25, 1-13) nos sugiere reconocer en
ella a la "Virgen prudente", modelo de la Iglesia que espera,
vigilante, la vuelta gloriosa de Cristo. La invocamos ahora con confianza, para
que nos ayude a ser administradores prudentes de toda riqueza y recurso de la
naturaleza.
Después del Ángelus
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, de modo particular
a los grupos de las parroquias de Nuestra Señora de la Asunción de Aravaca;
Santa Catalina Labouré y San Roque, de Madrid; y Nuestra Señora de la Asunción
de Ocaña, Toledo. Que la escucha de la palabra de Jesús os aliente a mantener
encendidas vuestras lámparas para ser luz del mundo. ¡Muchas gracias!
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