JUAN PABLO II
ÁNGELUS
Sábado
26 de diciembre de 1998
Amadísimos hermanos y hermanas:
1.«¡Oh, si rasgaras los cielos!»: esta invocación
nos acompañó durante el tiempo de Adviento. En la Noche santa, los cielos se
han abierto y el Emmanuel ha venido a nosotros; en el Verbo encarnado podemos
contemplar finalmente el rostro misericordioso del Padre celestial.
Los primeros que lo contemplaron fueron María y
José, junto con los pastores y, luego, los magos, los Apóstoles y cuantos se
encontraron con él por los caminos de Galilea y Judea.
Después de ellos, los santos de todas las épocas
vieron en la fe «los cielos abiertos». El primero entre los mártires fue san
Esteban, cuya fiesta celebramos hoy. Dio su vida para testimoniar su adhesión
al Redentor. En la oscuridad de la persecución, el Señor se le apareció como
la estrella luminosa que, venciendo las tinieblas del mal, reaviva la esperanza
y anuncia el nuevo día: la vida eterna.
2. Así, la memoria del protomártir Esteban prolonga
en cierto sentido la alegría de la Navidad. Su opción valiente y fiel en
favor de Jesús nos anima a testimoniar con coherencia el Evangelio, como hizo
él que, lleno del Espíritu Santo, siguió e imitó a Cristo en su vida y en su
muerte. Que su ejemplo sostenga particularmente a quienes, también hoy, a causa
de la fe afrontan duras pruebas, para que no les falte jamás la valentía de
adherirse plenamente al Señor.
Que la Virgen María, testigo silenciosa del misterio
de la Encarnación y auxilio constante de los santos y los mártires, interceda
por nosotros, para que pongamos en el centro de nuestra vida a Jesucristo, a
quien durante estos días contemplamos en la sencillez y la humildad del belén.
Después del Ángelus
Extiendo un cordial saludo a los nuevos sacerdotes de
los Legionarios de Cristo, aquí presentes con sus familiares y miembros de la
congregación. Que el haber recibido el sacerdocio en la fiesta de la Navidad
les recuerde siempre el espíritu de sencillez y de entrega al Padre con que
deben servir a la Iglesia y las almas.
Saludo también a los miembros del movimiento Regnum
Christi y a los alumnos y alumnas de sus colegios.
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