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JUAN PABLO II
ÁNGELUS
Plaza de San Pedro Domingo 9 de
noviembre de 1997
1. Antes del rezo del Ángelus, deseo saludaros cordialmente a
todos vosotros, amadísimos hermanos y hermanas, que habéis venido para tomar
parte en esta solemne liturgia eucarística.
Saludo ante todo a los peregrinos
húngaros, que exultan hoy por la beatificación de su compatriota Vilmos Apor.
Queridísimos hermanos, atesorad el ejemplo del nuevo beato, para infundir los
valores de la fe cristiana en cada uno de los proyectos de auténtico progreso
moral y civil al servicio de vuestra noble nación.
Saludo también a los fieles
procedentes de la diócesis de Como y Piacenza, a los Misioneros y a las
Misioneras pertenecientes a la gran familia escalabriniana, que hoy da gracias a
Dios, en comunión con la Iglesia entera, por la beatificación de Juan Bautista Scalabrini, padre de los emigrantes. Que su ejemplo estimule a todos a prestar
una atención y solidaridad cada vez mayores hacia nuestros hermanos emigrantes y
refugiados.
Saludo ahora con afecto a los obispos y fieles mexicanos. La
beatificación de la madre Vicentita, como cariñosamente la llamáis, alegra hoy
el caminar de la Iglesia en México y en todo el continente americano, e impulsa,
como modelo de religiosa enfermera, el compromiso evangélico de los agentes
sanitarios y de la salud de cara al tercer milenio.
2. Hoy, domingo 9 de
noviembre, la Iglesia italiana celebra la 47ª Jornada nacional de acción de
gracias, nacida por iniciativa de la Confederación nacional de los agricultores.
Se trata de una ocasión propicia para reconocer los dones de Dios y manifestar
al Señor nuestro agradecimiento.
A finales de este segundo milenio, es urgente
la necesidad de alzar la mirada al cielo, al Dador de todo don perfecto, para
reconocer que todo proviene de su amor providencial y misericordioso. Pero no
podemos dar gracias a Dios sin comprometernos a trabajar, como cristianos, para
difundir en todos los ámbitos sociales el respeto y la solidaridad con nuestros
hermanos, especialmente con los más indefensos y necesitados. A este respecto,
el ejemplo de los nuevos beatos es muy elocuente y alentador.
La Jornada de
acción de gracias constituye una gran ocasión de reflexión para nuestras
comunidades, con vistas a un renovado anuncio del «evangelio social » de
la Iglesia y a una plena valoración del trabajo y de todo esfuerzo humano al
servicio del designio de Dios creador y redentor.
3. Encomendemos a María nuestros
sentimientos y deseos, por medio de los tres nuevos beatos. Que la Virgen, Madre
de la Iglesia y Reina de todos los santos, nos acoja bajo su manto y nos guíe en
nuestro camino de vida y testimonio cristiano.
© Copyright 1997 - Libreria
Editrice Vaticana
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