 |
VISITA PASTORAL A LORETO
JUAN PABLO II
ÁNGELUS
Sábado 10 de diciembre de 1994
Amadísimos hermanos y hermanas:
1. Se esperaba el paso de las Flechas tricolores, pero no ha
podido tener lugar, a causa de la niebla. Ahora bien, aunque no ha sido posible,
la intención de realizarlo es un grato testimonio del devoto afecto que siente
el Ejército del aire italiano a la Virgen de Loreto, a la que tiene como su
patrona especial; y es también un alegre símbolo de la participación de toda la
comunidad nacional en esta doble manifestación de fe y de devoción mariana.
Aprovecho la ocasión para dar las gracias al Ejército del aire italiano por los
numerosos servicios que me han prestado. Si he podido venir a Loreto, se debe en
parte de ellos; y si vuelvo a Roma, será también gracias a ellos, humanamente
hablando.
Con este encuentro a los pies de la Virgen de Loreto se concluye
el itinerario de la gran oración por Italia, como camino común de reflexión y
oración que, comenzando el pasado mes de marzo con la celebración que presidí en
las Grutas vaticanas, junto a la tumba del apóstol Pedro, nos ha acompañado
durante gran parte del año 1994.
2. Esta solemne celebración tiene también un segundo
significado: con ella se inaugura solemnemente el año jubilar para el séptimo
centenario lauretano. Es un tiempo de gracia especial para todos los que, en el
curso de los próximos meses, van a venir aquí en peregrinación confiada y
orante. La Madre celeste llama a sus hijos a su casa, para invitarlos a
profundizar en la fe y en la comunión con el Señor Jesús, y para impulsarlos a
crecer en su recíproca fraternidad dentro de la comunidad eclesial.
Por una coincidencia providencial, el jubileo lauretano cae al
inicio de la primera fase de preparación para el gran jubileo del año 2000. La
encarnación del Hijo de Dios tuvo inicio en Nazaret, por consiguiente, es el
lugar donde se reunió la primera iglesia doméstica, formada por la sagrada
Familia. ¡Cómo no recoger la apremiante invitación que desde este santuario, al
término del Año de la familia, se dirige a todas las familias cristianas, para
que realicen fondo, con valiente confianza, su vocación! Todo hogar cristiano
está llamado a ser, en el mundo, signo tangible del amor de Dios, lugar de
acogida y de protección de la vida y sede de la primera formación en la fe. Lo
recuerda a todos la silenciosa presencia de María en esta Casa, vinculada al
misterio de la Encarnación, que se llevó a cabo en la aldea de Nazaret.
Hoy, aquí en Loreto, queremos confiar de nuevo a la Madre del
Redentor las familias de todo pueblo y nación. A ella encomendamos especialmente
las familias que atraviesan más pruebas y sufrimientos.
3. En esta perspectiva, el pensamiento se dirige espontáneamente
a las queridas poblaciones que, en la otra costa del mar Adriático, siguen
sufriendo la terrible tragedia de la guerra. Queremos renovarles la expresión de
nuestra afectuosa cercanía. Oramos para que también allí pueda reinar finalmente
una paz justa y estable. Elevamos con ese fin especiales invocaciones a María,
Reina de la paz.
El mundo tiene necesidad de paz; pero la paz no puede nacer sin la conversión de
los corazones en la sincera adhesión al proyecto que Dios tiene para cada uno.
Este lugar nos recuerda las palabras que el mensajero celestial dirigió a María,
y su respuesta de fe y de entrega al Señor, de la que brotó la salvación para
toda la humanidad. María es modelo de nuestra fe, es apoyo constante de nuestro
compromiso evangelizador. Ella es quien nos ayuda a anunciar con eficacia el
evangelio de la paz, testimoniando con nuestra vida la fuerza renovadora del
amor divino.
© Copyright 1994 - Libreria Editrice Vaticana
|