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VISITA PASTORAL A ZAGREB
JUAN PABLO II
ÁNGELUS
Domingo 11 de septiembre de 1994
Amadísimos jóvenes:
1. Habéis venido aquí en gran numero, para manifestar vuestro
amor al Papa y a la Iglesia. Os saludo con gran alegría. Gracias por vuestra
calurosa acogida y por vuestro entusiasmo juvenil.
Mirando vuestros rostros recuerdo con emoción la gran cita del
año pasado en Denver, donde pude reunirme con muchos de vuestros coetáneos,
procedentes de todo el mundo. Fue una experiencia muy hermosa e inolvidable. Una
afluencia tan grande de jóvenes podía haber creado preocupaciones por motivos de
orden público. Por el contrario, todo se desarrolló con respeto recíproco y
alegre serenidad. Los jóvenes en Denver fueron un signo para el mundo. Supieron
mostrar cómo los hombres pueden ser de nacionalidad y cultura diferentes y, sin
embargo, comprenderse y amarse, superando todas las dificultades.
Esa experiencia puede serviros también a vosotros como punto de
referencia. Aquí, en los Balcanes, vosotros, jóvenes, debéis estar en la
vanguardia de la construcción de la paz. Pero solo hay un camino para lograrlo:
ponerse a la escucha de Cristo, dejándose penetrar por la fuerza de su gracia.
Con este espíritu iremos el año próximo a Manila, para escuchar las palabras del
Resucitado: «Como el Padre me envió, también yo os envío» (Jn 20, 21).
2. Cristo, amadísimos jóvenes, es la verdad capaz de orientar
vuestra vida y de dar esperanza a vuestro futuro. También hoy a vosotros, a
vuestras familias y a vuestra nación, os repite su deseo pascual: «La paz con
vosotros» (Jn 20, 19). La paz es el gran don del Señor. Pero para recibirlo es
necesario convertirse de corazón, reservando a Dios el primer lugar en nuestra
vida.
Cuando el hombre rechaza o margina a Dios, se inclina casi
fatalmente ante los ídolos vanos, y puede llegar a idolatrar una nación, una
raza o un partido, y después, en su nombre, justificar el odio, la
discriminación y la violencia. Sólo Dios es fundamento seguro del valor de la
vida y de la dignidad inviolable de todo hombre.
Amadísimos jóvenes, Cristo os llama hoy a rechazar esas
tentaciones. Es más, os pide que seáis testigos y constructores de paz. Aceptad
esta misión difícil pero exaltante. Por eso os invita a conocerlo y a
encontraros con Él, para que, después de haber experimentado su intimidad
consoladora, podáis anunciar a todos las maravillas de su amor.
3. Santa María, Majka Bozja od Kamenitih Vrata, venerada con el
título de Decus singulare Croatiae, permanece junto a tus hijos, que se
encomiendan a ti. Tú, a quien invocan como Inicio de un mundo mejor, míralos con
bondad. Que gracias a tu ayuda respondan generosamente a la llamada del
Redentor.
Hazlos fieles mensajeros de tu Hijo, el Príncipe de la paz;
renuévalos en el corazón y en la vida; confírmalos en la fe de los Apóstoles,
para que sean testigos alegres de los tiempos nuevos y verdaderos artífices de
paz.
Líbralos de todo peligro y de todo mal, oh Virgen gloriosa y
bendita. Amén.
© Copyright 1994 - Libreria Editrice Vaticana
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