|
JUAN PABLO II
REGINA CAELI
Lunes 20 de abril de 1992
Amadísimos hermanos y hermanas:
1. ¡No temáis!, ¡Cristo ha resucitado, Aleluya!
En este lunes de Pascua, llamado lunes «del ángel», escuchamos que
se dirigen a cada uno de nosotros las palabras que el ángel dijo a aquellas
mujeres que, afligidas, inciertas y desconsoladas, acudieron al sepulcro donde
Jesús había sido sepultado. Encontraron la tumba vacía y el ángel les transmitió
el alegre anuncio de la resurrección de su divino Maestro: «No os asustéis.
Buscáis a Jesús de Nazaret, el Crucificado; ha resucitado, no está aquí», (Mc
16, 6).
2. El gozo espiritual de la Pascua, que colma nuestro
espíritu en estos días, brota de esta verdad profunda: Cristo ha resucitado. Y
en Él también hemos resucitado nosotros, pasando de la muerte a la vida, de la
esclavitud del pecado a la libertad del amor. Las sugestivas celebraciones del
Triduo sacro nos han hecho vivir este misterio conmovedor que encontró en el
Calvario su epílogo dramático. La solemne Vigilia pascual, por fin, nos ha
permitido participar en el triunfo definitivo del Redentor sobre la muerte,
llenando nuestro corazón de luz y esperanza.
3. ¡Cristo ha resucitado! Es el grito de la fe que ha animado
el testimonio heroico de innumerables santos y mártires de todos los tiempos. Es
el consuelo del espíritu que ha sostenido y sigue sosteniendo la tenaz paciencia
de numerosas personas que se hallan enfermas o que sufren. Es el principio de la
vida nueva, de la continua regeneración de la humanidad.
¡Cristo ha resucitado! Es la buena nueva que la Iglesia proclama y
ofrece en don a cuantos buscan la alegría, la felicidad verdadera.
Con nosotros está María, testigo silenciosa de la dolorosa pasión de
su Hijo y fiel Madre de los Apóstoles en el tiempo del gozo pascual. Pidámosle a
ella, amadísimos hermanos y hermanas, con la oración del Regina coeli,
que nos alcance vivir con plenitud estos días de gracia y de misericordia.
© Copyright 1992 - Libreria
Editrice Vaticana |