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JUAN PABLO II
ÁNGELUS
Miércoles 1 de enero de 1992 Solemnidad de Santa María Madre de Dios
Día mundial de la Paz
Queridos hermanos y hermanas:
1. Hoy, primer día de 1992, como todos los años celebramos la
Jornada mundial de la paz, instituida por mi predecesor Pablo VI hace
exactamente veinticinco años. Dando vida a esta iniciativa que tanto interés ha
despertado en muchas partes del mundo, manifestó el deseo de que «esta
celebración se repitiera todos los años como una esperanza y una promesa, al
principio del calendario, que mide y describe el camino de la vida humana en el
tiempo», a fin de que «la paz, con su equilibrio justo y benéfico domine el
desarrollo de la historia» (Pablo VI, Enseñanzas al Pueblo de Dios, vol.
V, 1967, pág. 620).
El tema de esta Jornada, «Creyentes unidos en la construcción de
la paz», pone de relieve la contribución necesaria que los creyentes están
llamados a ofrecer para la realización de una sociedad mundial realmente
fraternal y solidaria y nos recuerda, ante todo, que la paz es un don de Dios y
que debemos implorarla con una oración incesante sostenerla con un diálogo
paciente y respetuoso, y construirla con una colaboración abierta a la verdad y
a la justicia, siempre atentos a las aspiraciones legítimas de las personas y de
los pueblos.
Demos gracias al Señor por su ayuda constante e implorémosle el don
de la paz para todos los pueblos y naciones.
2. Queridos hermanos y hermanas en el clima navideño de estos
días os deseo a vosotros, y a los hombres y mujeres de todo el mundo un feliz
Año nuevo, lleno de paz y prosperidad, e iluminado por el «evangelio de la
paz» (Ef 6, 15), que el Redentor vino a traer a la tierra. Un año
rico en consolación y gozo, sobre todo para quienes sufren a causa de la guerra
la enfermedad, la injusticia y la soledad.
Mi pensamiento se dirige en este momento, de modo especial, a
nuestros hermanos y hermanas de Yugoslavia. Nuestra compasión y nuestra
solidaridad van a los más afectados por una guerra civil, en la que se están
violando las más elementales normas humanitarias. Las noticias que llegan de
destrucciones y de muerte de personas inocentes son dramáticas.
¡Toda Europa debe sentirse herida y humillada por tanta crueldad!
En esta Jornada mundial de oración por la paz, invito a todos los
católicos del mundo -y a los hermanos de las demás confesiones cristianas y a
todos los hombres que creen en Dios- a comprometerse en un nuevo y serio
esfuerzo, formando una cadena ininterrumpida de oración en favor de la paz y la
reconciliación en Yugoslavia. Que cuantos sufren, y en especial las poblaciones
de Croacia, sepan que no están solos.
Renuevo mi llamamiento a los responsables políticos de Europa y del
mundo para que tomen las medidas y emprendan las iniciativas necesarias a fin de
que en vez del lenguaje de las armas, se lleve a cabo la obra de una paciente
construcción de la paz.
Todos los pueblos tienen derecho a que se respeten sus
características propias y sus decisiones legítimas. Todos los pueblos tienen
derecho a vivir en paz. Agredir a un pueblo es siempre algo inmoral.
Confiamos a María estas ardientes aspiraciones y nuestros mejores
deseos de un feliz Año nuevo.
La liturgia de hoy nos invita a venerarla con el título de Madre de
Dios, Madre del Verbo encarnado.
Dirijámonos confiados a ella, Madre de la Iglesia y Reina de la paz,
e invoquemos su presencia maternal, su ayuda constante y su bondad, llena de
ternura y misericordia.
Demos gracias a la Providencia divina por el año 1991, que acaba de
terminar, y encomendemos el que empieza, preñado de esperanza, a la protección
celestial de la Virgen Santísima.
¡Camina con nosotros, Madre de Dios! ¡Ruega por nosotros, Reina de
la paz!
* * *
Después del Ángelus
Mi más cordial saludo a todas las personas de lengua española
junto con mi deseo de un año 1992 lleno de las bendiciones de Dios.
Que el Señor conceda a todos paz y bienestar: paz en las familias, paz en los
corazones, paz entre todos los hombres.
¡Feliz Año Nuevo!
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