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VISITA PASTORAL A LA ARCHIDIÓCESIS DE FERRARA-COMACCHIO
JUAN PABLO II
ÁNGELUS
Ferrara, domingo 23 de septiembre de 1990
Amadísimos hermanos y hermanas:
1. Sé que vuestra devoción mariana es
muy viva, como lo muestran los numerosos santuarios que existen en vuestra
diócesis: además de la catedral, en la que María es venerada bajo el título de
Virgen de las Gracias, quisiera recordar el santuario de Santa María
en Aula Regia en Comacchio, y los de la Virgen de la Corba en
Massafiscaglia, de la Virgen de la Galvana en Berra, de la Virgen de
la Pioppa en Ospedale di Bondeno, de la Virgen del Poggetto en
Sant'Egidio... Todos ellos son testimonios de amor hacia la Madre de Dios, que
han marcado en profundidad vuestra historia y vuestras tradiciones. Que la unión
con María sea hoy aún más profunda y vuestros ojos permanezcan fijos en su
rostro, para que podáis imitarla en la fidelidad a la voluntad de Dios y sacar
de ella fuerza para vuestro compromiso de evangelización.
2. María es modelo de evangelización,
más aún, es el modelo absoluto de toda evangelización en virtud del
privilegio, realmente único, de Madre de Dios, que concibió, llevó en su seno y
dio al mundo al divino Redentor.
A este modelo inigualable deben mirar
todos los que en la Iglesia trabajan en el vasto campo apostólico, en la viña de
Dios, de la que habla la liturgia de hoy. La Iglesia, en su conjunto, participa
de la misma maternidad de María llevando a Cristo al mundo. Me estoy refiriendo,
en especial, a la acción evangelizadora de la Iglesia y a su magisterio.
Quien sepa reconocer el sentido materno que late en ese magisterio de verdad, no
encuentra serias dificultades para acogerlo, aunque sea exigente y no fácil de
traducir en la vida de cada día. Antes bien, sabe descubrir en él, en toda
circunstancia, el amor de una Madre sabia y amorosa, que no busca más que
la salvación integral del hombre. La Virgen santa, como recuerda la tradición
cristiana, es el signo y la imagen de esta maternidad espiritual de la Iglesia.
3. A la fuente de la fe ejemplar de
María recurre confiada, hoy como en el pasado, la comunidad cristiana; invoca su
particular protección y quiere aprender de ella a comunicar la Palabra de vida a
los hombres de nuestro tiempo.
Queridos hermanos, que os asista la
Virgen con su maternal intercesión en vuestro compromiso al servicio de la
evangelización, y bendiga vuestros esfuerzos y vuestros propósitos de bien.
© Copyright 1990 - Libreria Editrice Vaticana
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