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VISITA PASTORAL AL VÉNETO
JUAN PABLO II
ÁNGELUS
Domingo
16 de junio de 1985
1. La hora del Ángelus nos invita a dirigir la mirada a María. Nos invita hoy
también el lugar en el que nos encontramos, es decir, el templo de María
Auxiliadora, edificado por el obispo que el Papa Pío X dio como don a Treviso,
el Siervo de Dios Andrea Giacinto Longhin. Él, junto con toda la ciudad, hizo el
voto de dedicarlo a la Santísima Virgen el 27 de abril de 1917. El pueblo
cristiano, después de la inhumana destrucción que provocó el tan inexorable como
absurdo bombardeo del 7 de abril de 1944, quiso que este santuario de la
Auxiliadora resurgiera más hermoso que antes y teniendo al lado la capilla
votiva que recoge los restos de los caídos de guerra y, en elocuente
fraternidad, los despojos de las víctimas civiles de los bombardeos aéreos.
También nos impulsa a dirigir la mirada a María toda la historia
de Treviso, la civil y la religiosa, que se ha desenvuelto en gran parte
alrededor de la capilla edificada, hace más de 12 siglos, en la ribera del
Cagnan y dedicada a María Santísima, Madre de Dios.
Por medio del Corazón Inmaculado de María queremos dirigirnos al
Corazón Divino de su Hijo, al Corazón de Jesús, de Majestad infinita.
Mirad: la infinita Majestad de Dios se oculta en el Corazón
humano del Hijo de María.
Este Corazón es nuestra Alianza.
Este Corazón es la máxima cercanía de Dios con relación a los
corazones humanos y a la historia humana.
Este Corazón es la maravillosa "Condescendencia" de Dios: el
Corazón humano que late con la vida divina: la vida divina que late en el
corazón humano.
2. En la Santísima Eucaristía descubrimos con el "sentido de la
fe" el mismo Corazón,
— el Corazón de Majestad infinita, que continúa latiendo con el
amor humano de Cristo, Dios-Hombre.
¡Cuán profundamente sintió este amor el Santo Papa Pío X, antes
Patriarca de Venecia!;
— cuánto deseó que todos los cristianos, desde los años de la
infancia, se acercasen a la Eucaristía, recibiendo la santa comunión: para que
se unieran a este Corazón que es, al mismo tiempo, para cada uno de los hombres
"Casa de Dios y Puerta del cielo".
"Casa", mediante la comunión eucarística el Corazón de Jesús
extiende su morada a cada uno de los corazones humanos.
"Puerta", porque en cada uno de estos corazones humanos Él abre
la perspectiva de la eterna unión con la Santísima Trinidad.
3. ¡Madre de Dios! meditamos el misterio de tu Anunciación, nos
acercamos a este Corazón divino,
—el Corazón de Majestad infinita
—Casa de Dios y Puerta del cielo,
a este Corazón que desde el momento de la Anunciación del
Ángel,
comenzó a latir junto a tu Corazón virginal y materno.
© Copyright 1985 - Libreria Editrice
Vaticana
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