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VIAJE APOSTÓLICO
A LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA
Y VISITA A LA SEDE DE LA ORGANIZACIÓN DE LA NACIONES UNIDAS
CONFERENCIA DE
PRENSA DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
DURANTE EL VUELO HACIA WASHINGTON
Martes 15 de abril de 2008
Santidad, ¡bienvenido! En nombre de todos los compañeros que
están aquí, le agradezco su disponibilidad tan amable para venir a saludarnos y
también a darnos algunas indicaciones e ideas para seguir este viaje. Es su
segundo viaje intercontinental, el primero como Santo Padre a Estados Unidos y
las Naciones Unidas. Un viaje importante y muy esperado. Para comenzar, ¿quiere
decirnos algo sobre los sentimientos, las esperanzas con que afronta este viaje
y sobre cuál es su objetivo fundamental, desde su punto de vista?
Mi viaje tiene sobre todo dos objetivos. El primero es la visita a la Iglesia
que está en América, en Estados Unidos. Hay un motivo particular: la diócesis
de Baltimore, hace doscientos años, fue elevada a archidiócesis metropolitana y
al mismo tiempo nacieron otras cuatro diócesis: Nueva York, Filadelfia, Boston
y Louisville. Así, se trata de un gran jubileo para este núcleo de la Iglesia en
Estados Unidos, un momento de reflexión sobre el pasado y principalmente sobre
el futuro, sobre cómo responder a los grandes desafíos de nuestro tiempo, en la
actualidad y con vistas al futuro.
Naturalmente, también forma parte de esta visita el encuentro interreligioso y
el encuentro ecuménico, en particular también un encuentro en la sinagoga con
nuestros amigos judíos, en la víspera de su fiesta de Pascua. Por tanto, este es
el aspecto religioso-pastoral de la Iglesia en Estados Unidos en este momento de
nuestra historia, y el encuentro con todos los demás en esta fraternidad que nos
une en una responsabilidad común. En este momento también quiero dar las gracias
al presidente Bush, que irá al aeropuerto, me reservará mucho tiempo para
conversaciones y me recibirá con ocasión de mi cumpleaños.
El segundo objetivo es la visita a las Naciones Unidas. También aquí hay un
motivo particular: han pasado sesenta años desde la Declaración universal de
derechos humanos. Esta es la base antropológica, la filosofía fundacional de las
Naciones Unidas, el fundamento humano y espiritual sobre el que están
construidas. Por tanto, realmente es un momento de reflexión, un momento para
volver a tomar conciencia de esta etapa importante de la historia. En la
Declaración universal de derechos humanos confluyeron diversas tradiciones
culturales, especialmente una antropología que reconoce en el hombre un sujeto
de derecho con precedencia sobre todas las instituciones, con valores comunes
que todos han de respetar. Así pues, esta visita, que tiene lugar precisamente
en un momento de crisis de valores, me parece importante para reafirmar juntos
que todo comenzó en aquel momento y para recuperarlo con vistas a nuestro
futuro.
Ahora pasamos a las preguntas que ustedes mismos han presentado en los días
pasados y que algunos de ustedes presentarán al Santo Padre. Comencemos por la
pregunta de John Allen, el cual no necesita presentación, pues es muy conocido
como comentador de los acontecimientos vaticanos en Estados Unidos.
Santo Padre, le hago mi pregunta en inglés. Si fuera posible, si nos puede decir
unas frases, unas pocas palabras en inglés, le quedaríamos muy agradecidos. Mi
pregunta es: la Iglesia que va a encontrar en Estados Unidos es una Iglesia
grande, una Iglesia viva, pero también una Iglesia que sufre, en cierto sentido,
sobre todo a causa de la reciente crisis debida a los abusos sexuales. La gente
en Estados Unidos está esperando unas palabras de usted, un mensaje suyo sobre
esta crisis. ¿Cuál será su mensaje para esta Iglesia que sufre?
Para la Iglesia en Estados Unidos, para la Iglesia en general y para mí
personalmente, es un gran sufrimiento el hecho de que haya podido acontecer todo
eso. Cuando leo la noticia de esos hechos, me resulta difícil comprender cómo es
posible que algunos sacerdotes hayan podido fallar de ese modo en su misión de
llevar consuelo, de llevar el amor de Dios a esos niños. Me da vergüenza y
haremos todo lo posible para garantizar que eso no vuelva a repetirse en el
futuro.
Creo que deberemos actuar en tres niveles: el primero es el nivel de la
justicia, y el nivel político. En este momento no hablo de homosexualidad: este
es otro asunto. Excluiremos rigurosamente a los pederastas del sagrado
ministerio. Es absolutamente incompatible y quien es realmente culpable de
pederastia no puede ser sacerdote. En este primer nivel podemos hacer justicia y
ayudar a las víctimas, que han sufrido mucho. Estos son los dos aspectos de la
justicia: uno, los pederastas no pueden ser sacerdotes; otro, ayudar a las
víctimas de todos los modos posibles.
Luego está el nivel pastoral. Las víctimas necesitarán curación y ayuda,
asistencia y reconciliación. Este es un gran compromiso pastoral y yo sé que los
obispos, los sacerdotes y todos los católicos en Estados Unidos harán lo posible
para ayudarlos, asistirlos y curarlos. Hemos hecho inspecciones en los
seminarios y haremos todo lo posible para que los seminaristas reciban una
profunda formación espiritual, humana e intelectual. Al sacerdocio sólo podrán
ser admitidas personas sanas, personas con una profunda vida en Cristo, personas
con una intensa vida sacramental.
Yo sé que los obispos y los rectores de los seminarios harán lo posible para
llevar a cabo un discernimiento muy estricto, porque es más importante tener
buenos sacerdotes que muchos sacerdotes. Este es nuestro tercer punto, y
esperamos poder hacer, haber hecho y hacer en el futuro todo lo que podamos para
curar estas heridas.
Gracias, Santidad. Otro de los temas sobre los que hemos tenido muchas preguntas
de parte de nuestros compañeros ha sido el de la inmigración, de la presencia en
la sociedad estadounidense también de los componentes de lengua española. Por
eso, le va a hacer la pregunta nuestro compañero Andrés Leonardo Beltramo
Álvarez, de la agencia de información de México.
Santidad, le hago la pregunta en italiano. Si quiere, puede responder en
español. Un saludo, sólo un saludo. Está creciendo muchísimo la presencia
hispana también en la Iglesia de Estados Unidos en general. La comunidad
católica cada vez es más bilingüe y bi-cultural. Al mismo tiempo, en la sociedad
hay un creciente movimiento anti-inmigración. La situación de los inmigrantes se
caracteriza por formas de precariedad y discriminación. ¿Tiene usted intención
de hablar de este problema y de invitar a Estados Unidos a acoger bien a los
inmigrantes, muchos de los cuales son católicos?
No estoy en condiciones de hablar en español, pero mi saludo y mi bendición para
todos los hispanos. Ciertamente, hablaré de este tema. He recibido diversas
visitas "ad limina" de obispos de América central, también de América del sur, y
he visto la amplitud de este problema, sobre todo el grave problema de la
separación de las familias. Esto es realmente peligroso para el entramado
social, moral y humano de esos países. Sin embargo, hay que distinguir entre
medidas que se deben tomar de inmediato y soluciones a largo plazo.
La solución fundamental es procurar que en su patria haya suficientes puestos de
trabajo, un entramado social suficiente, de modo que nadie necesite emigrar. Por
tanto, todos debemos trabajar por lograr este objetivo, por promover un
desarrollo social que permita ofrecer a los ciudadanos trabajo y un futuro en su
tierra de origen. También sobre este punto quiero hablar con el presidente,
porque sobre todo Estados Unidos debe ayudar para que los países puedan
desarrollarse así. Redundará en beneficio de todos, no sólo de esos países, sino
también del mundo y de Estados Unidos.
Luego, hay que tomar medidas a corto plazo. Es muy importante sobre todo ayudar
a las familias. A la luz de las conversaciones que he mantenido con los obispos,
el problema principal es que las familias estén protegidas, que no queden
destruidas. Se debe hacer todo lo que se pueda. Después, naturalmente, hay que
hacer todo lo posible contra la precariedad y contra todas las violencias, y
ayudar para que puedan llevar una vida digna donde están actualmente.
También quiero señalar que hay numerosos problemas, hay sufrimientos, pero
también hay mucha hospitalidad. Sé que sobre todo la Conferencia episcopal de
Estados Unidos colabora en gran medida con las Conferencias episcopales de
América Latina con vistas a las ayudas necesarias. A pesar de todas las cosas
dolorosas, no olvidemos que también hay mucha auténtica humanidad, muchas
acciones positivas.
Gracias, Santidad. Ahora, una pregunta que se refiere a la sociedad
estadounidense: exactamente al puesto que ocupan los valores religiosos en esa
sociedad. Damos la palabra a nuestro compañero Andrea Tornielli, que es
vaticanista de un periódico italiano.
Santo Padre, al recibir a la nueva embajadora de Estados Unidos, usted puso de
relieve como valor positivo el reconocimiento público de la religión en Estados
Unidos. ¿Considera que este es un modelo posible también para la Europa
secularizada? ¿No cree que existe también el peligro de que la religión y el
nombre de Dios puedan usarse para promover ciertas políticas e incluso la
guerra...?
Desde luego, en Europa no podemos simplemente copiar a Estados Unidos; tenemos
nuestra historia. Pero todos debemos aprender unos de otros. Lo que me encanta
de Estados Unidos es que comenzó con un concepto positivo de laicidad, porque
este nuevo pueblo estaba compuesto de comunidades y personas que habían huido de
las Iglesias de Estado y querían tener un Estado laico, secular, que abriera
posibilidades a todas las confesiones, a todas las formas de ejercicio
religioso. Así nació un Estado voluntariamente laico: eran contrarios a una
Iglesia de Estado. Pero el Estado debía ser laico precisamente por amor a la
religión en su autenticidad, que sólo se puede vivir libremente.
Así, encontramos este conjunto de un Estado voluntaria y decididamente laico,
pero precisamente por una voluntad religiosa, para dar autenticidad a la
religión. Y sabemos que Alexis de Tocqueville, estudiando la situación de Estados
Unidos, vio que las instituciones laicas viven con un consenso moral que de
hecho existe entre los ciudadanos. Me parece que este es un modelo fundamental y
positivo.
Por otra parte, hay que tener presente que en Europa, mientras tanto, han pasado
doscientos años, más de doscientos años, con muchas vicisitudes. Actualmente,
también Estados Unidos sufre el ataque de un nuevo laicismo, totalmente diverso.
Así pues, primero los problemas eran la inmigración, pero la situación se ha
complicado y diferenciado a lo largo de la historia. Sin embargo, me parece que
hoy el fundamento, el modelo fundamental, es digno de ser tenido en cuenta
también en Europa.
Gracias, Santidad. Ahora, un último tema atañe a su visita a las Naciones
Unidas. Sobre este aspecto va a hacer la pregunta John Thavis, responsable en
Roma de la agencia católica de noticias de Estados Unidos.
Santo Padre, a menudo se considera al Papa como la conciencia de la humanidad.
También por este motivo hay gran expectación por su discurso a las Naciones
Unidas. Quiero preguntarle: ¿Piensa usted que una institución multilateral como
las Naciones Unidas puede salvaguardar los principios que la Iglesia católica
considera "no negociables", es decir, los principios fundados en la ley natural?
Este es precisamente el objetivo fundamental de las Naciones Unidas:
salvaguardar los valores comunes de la humanidad, sobre los cuales se basa la
convivencia pacífica de las naciones, la observancia de la justicia y el
desarrollo de la justicia. Ya he aludido brevemente al hecho de que a mí me
parece muy importante que el fundamento de las Naciones Unidas sea precisamente
la idea de los derechos humanos, de los derechos que expresan valores no
negociables, que preceden a todas las instituciones y son el fundamento de todas
las instituciones.
Es importante que exista esta convergencia entre las culturas que han encontrado
un consenso en el hecho de que estos valores son fundamentales, de que están
inscritos en el ser mismo del hombre. Conviene renovar esta conciencia de que
las Naciones Unidas, con su función pacificadora, sólo pueden actuar si tienen
el fundamento común de los valores que se expresan luego en "derechos" que deben
ser respetados por todos. Es necesario confirmar esta concepción fundamental y
actualizarla en la medida de lo posible, es un objetivo de mi misión.
Por último, dado que al inicio el padre Lombardi me había planteado también una
pregunta sobre mis sentimientos, quiero decir: voy a Estados Unidos
precisamente con alegría. Varias veces he estado antes en Estados Unidos;
conozco este gran país; conozco la gran vitalidad de la Iglesia, a pesar de
todos los problemas; y me alegra poder encontrarme, en este momento histórico
tanto para la Iglesia como para las Naciones Unidas, con este gran pueblo y esta
gran Iglesia. Gracias a todos.
Gracias a usted, Santidad, de parte de todos nosotros. Realmente, le renovamos
nuestros mejores deseos para este viaje: que obtenga todos los frutos que
espera de él y que también todos nosotros, juntamente con usted, esperamos.
¡Gracias y buen viaje!
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